La última prueba Pisa arrojó resultados que preocupan
Las últimas evaluaciones sobre comprensión lectora y manejo de cálculos de los alumnos argentinos de 15 años, que se realizaron con el programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (más conocido como Pisa, por sus siglas en inglés), arrojaron resultados preocupantes: por cada 100 estudiantes que participaron en estos exámenes, solo uno logró alcanzar el nivel más alto en lectura; mientras que en matemática, siete de cada diez no lograron resolver cálculos de baja complejidad.
Se está, evidentemente, ante un retroceso que debe ser motivo de un profundo análisis por parte de la comunidad educativa y que, por supuesto, debe figurar entre las prioridades en la agenda de las nuevas autoridades nacionales y provinciales que acaban de asumir. Según el sitio Chequeado.com, apenas el 0,7 por ciento de los estudiantes argentinos alcanzaron el nivel más alto en el área de Lectura de las pruebas Pisa 2018, que evalúa la capacidad de los alumnos de distinguir entre un dato y una opinión y evaluar la neutralidad y el posible sesgo de los textos analizando los contenidos y la fuente de la información, entre otras cosas.
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Estas habilidades son cruciales para identificar y enfrentar la desinformación, advierte el sitio especializado en la verificación del discurso público, un servicio que es clave en estos tiempos de noticias falsas y redes sociales.
Pero hay más datos que no deben ser pasados por alto. La Argentina quedó en el puesto 63 sobre 77 países evaluados en esta prueba educativa; y a nivel regional sólo pudo superar los resultados de Panamá y República Dominicana.
Pero antes de avanzar con el tema, valen un par de aclaraciones: este programa de evaluación se realiza cada tres años. Está diseñado por expertos en Educación de todos los países participantes, para conocer en qué medida los estudiantes próximos a terminar la educación básica son capaces de utilizar los conocimientos y habilidades necesarios para hacer frente a los desafíos que plantea la sociedad actual. Y uno de esos desafíos es, precisamente, distinguir datos de opiniones en estos tiempos de sobreabundancia de información.
En esta última evaluación participaron 14.546 alumnos de 458 escuelas, tanto de gestión pública como privada, de distintos puntos del país, en lo que se considera una muestra representativa que permite tener una aproximación a los conocimientos y destrezas adquiridas por los chicos, para conocer cuánto comprenden, resuelven y comunican los resultados de situaciones que enfrentarán cuando salgan de la escuela.
Como se dijo, la Argentina se ubicó en el puesto 63 en lectura, en la posición 71 en matemática y en el lugar 65 en ciencias. Según los responsables de esta evaluación, la prueba se realizó para medir la capacidad de los estudiantes de poder comprender y comunicar información compleja, así como también la capacidad de distinguir entre hecho y opinión al leer sobre un tema desconocido.
Los resultados de la prueba revelaron, además, que el 52 por ciento de los alumnos argentinos de 15 años no puede identificar la idea principal en un texto de longitud moderada, encontrar información basada en criterios explícitos, ni pueden reflexionar sobre el propósito y la forma de los textos cuando se les indica explícitamente que lo hagan.
Y un 25,7 por ciento de los estudiantes apenas alcanzó esa comprensión básica. Por otra parte, apenas el uno por ciento de los alumnos argentinos mostró resultados avanzados en matemática, es decir, muy pocos demostraron que están mejor capacitados para abordar situaciones de mayor complejidad, seleccionar, comparar y evaluar estrategias apropiadas de resolución de problemas.
El especialista en Educación, el colombiano Francisco Cajiao, dijo días atrás al conocerse el pobre desempeño de los países de la región que participaron en Pisa, que no se pueden esperar resultados diferentes si siempre se sigue haciendo lo mismo.
En ese sentido, aseguró que los sistemas educativos en América Latina se han quedado estancados. Hay una especie de pereza burocrática y social para enfrentar cambios estructurales. Y hay un hecho irrebatible y es que ha habido un cambio cultural muy fuerte. Los hábitos de conocimiento, y sus fuentes de acceso a la información, son muy diferentes y los sistemas educativos nuestros siguen muy anclados en una estructura mental que ya no funciona, sostuvo. Se puede no estar de acuerdo con su punto de vista, pero a la luz de los resultados, queda claro que este asunto amerita un serio debate, porque una mejor educación es un requisito indispensable para impulsar la agenda del crecimiento inclusivo.













