La temporada de verano, un fiasco: temor a gastar y abusos en los precios
A principios de enero comenzaron las primeras alertas que vinieron de las figuras del espectáculo, denunciaban que la temporada en la Costa Atlántica estaba muy floja, y que a los teatros les costaba mucho lograr una cantidad de espectadores que cubrieran los gastos de producción. Después los medios de comunicación pusieron la lupa en Mar del Plata y detectaron no solo que no estaban cubiertas tantas plazas como en temporadas anteriores, sino que las carpas se mostraban literalmente vacías en las playas, optando la gente por ir con su propia sombrilla. También los locales de gastronomía sintieron el rigor, menos turistas y los que iban trataban de comer en el departamento alquilado o llevaban la heladerita a la playa.
La realidad es que nunca hay un solo factor, aquí se une la devaluación importante que sufrimos, lo que retrae a la gente en sus gastos hasta ver cómo se reacomoda ante un cambio de Gobierno; los marplatenses abusaron abiertamente con los precios de alquileres, carpa y casas de comidas, a lo que se sumó el alto costo de las entradas a los teatros. Todo se mezcló en un coctel explosivo y llevó a una mala temporada de verano en la Costa.
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Si algo faltaba, durante enero solo uno de cada seis días tuvo sol a pleno; el movimiento turístico cayó incluso en sectores medios y bajos, y en el rubro gastronomía, aun en los menús más básicos y económicos, la reducción promedio fue de casi el ciento por ciento.
Con un 30 y 40 por ciento de faltantes en las ganancias, la Costa en general, no solo Mar del Plata pasará un duro invierno, porque lo que se recauda en verano ayuda a pasar los días de frío. Los sectores gastronómicos afirman que es una de las peores temporadas en muchos años.
La evaluación llegó sobre el cierre de enero y el segundo de los fines de semana considerados más fuertes del verano. Desde el viernes, como ocurrió con el cambio de quincena, otra vez se dio un buen ingreso de turistas. Pero, si bien crece la ocupación, sigue en deuda el nivel de consumo. Lo que vulgarmente llamamos el turismo gasolero. Viajan pero no gastan, muchos paseos por la peatonal San Martín y por Rivadavia en Mar del Plata, pero no compran más que lo necesario.
La costa atlántica en su conjunto había tenido un arranque muy liviano a partir de una combinación de factores, cuyo resultado fueron playas con poca gente. Se terminó beneficiando el bajo costo que representaba Brasil, frente a una costa argentina visiblemente cara.
Solo la excelente respuesta lograda con los feriados de Nochebuena y Navidad, que se vivieron al límite con la plena ocupación hotelera y constituyeron uno de los picos de temporada, había despertado algún indicio de mayor optimismo. Duró menos de una semana, lo mismo que acompañaron el sol y el calor.
En todas las localidades balnearias de la costa se notaron repuntes en coincidencia con cada uno de los fines de semana. En el caso de Mar del Plata, el último tuvo casi 350.000 arribos y un promedio de ocupación hotelera superior al 90 por ciento. Y el que terminó, el último fin de semana de enero, se aproximó a idéntica cifra, favorecido también por turistas de febrero que aprovecharon el sábado y el domingo para un desembarco anticipado.
En Cariló confirmaron que la demanda de alquileres estuvo muy por debajo del año pasado, cuando buena parte del mes logró ocupación plena. Este enero cerró con entre un 20 y 25 por ciento de plazas que quedaron disponibles. Y a esta altura de la temporada ya no se remonta.
En Mar del Plata, el alquiler de casas y departamentos no fue sencillo. Los clientes, sin reservas previas, aprovecharon para negociar y bajar valores. En la primera quincena habían quedado la mitad de los inmuebles vacíos. Al cerrar el mes, se ocupó hasta un 70 por ciento.
Las reservas para los primeros días de este mes son moderadas. En Cariló llegan al 65 por ciento; en Pinamar rondan el 60, y en Mar del Plata alcanzan el 50 por ciento, con precios de alojamiento hasta 30 por ciento más bajos que en enero. Con suerte y algo de sol, podría ser buena la primera quincena.
En Córdoba el fenómeno fue más moderado, con precios que en Carlos Paz eran visiblemente más bajos que en Mar del Plata, sin embargo con gran ocupación hotelera, los teatros padecieron lo suyo porque los turistas pensaban mucho en ir a ver un espectáculo y si iban a uno excluían al resto de la oferta teatral.
Pero, evidentemente, todos los antecedentes indican que las vacaciones fueron cruzadas por los costos, se viaja donde es más económico y se gasta poco.
Realmente, hay que bajar costos en la Argentina si pretenden buenas temporadas, los abusos en los precios a los que están acostumbrados, a la postre, les harán perder dinero. Deben mejorar precios y brindar buen servicio, no es un secreto, es una fórmula lógica que, más temprano que tarde, les dará beneficios normales.













