La tarea ciudadana de apropiarse de los logros y trabajar por lo que falta
Durante muchos años Pergamino vivió anhelando lo que en materia de espacios públicos e infraestructura tenían otras ciudades, ya sea por obra de la naturaleza o por arte de la planificación urbana. El desarrollo de los predios ferroviarios en Rosario; el uso de la costa en ciudades como Ramallo o...

Durante muchos años Pergamino vivió anhelando lo que en materia de espacios públicos e infraestructura tenían otras ciudades, ya sea por obra de la naturaleza o por arte de la planificación urbana. El desarrollo de los predios ferroviarios en Rosario; el uso de la costa en ciudades como Ramallo o San Nicolás; las plazas de localidades vecinas como Colón; la conciencia ambiental de algunos lugares cercanos; y el desarrollo industrial o educativo de otros, por mencionar solo algunos ejemplos de recurrentes comparaciones. Como si por mucho tiempo el espejo en el que se miraban las aspiraciones ciudadanas hubiera mostrado el contraste de lo que no poseíamos.
De un tiempo a esta parte, esa realidad parece estar cambiando, a paso lento y no pocos tropiezos. Primero fue el derrumbe de los viejos paredones del Ferrocarril Mitre para concebir lo que hoy es el Parque España; la construcción del Viaducto que conectó para siempre el barrio Acevedo con el centro de la ciudad; más tarde la recuperación de los viejos galpones para armar en el sector un espacio cultural y trasladar una de las instituciones insignias como la Escuela Municipal de Bellas Artes. Hace poco el Parque Belgrano, convertido en uno de los espacios públicos más prometedores de la ciudad por su potencial no solo en materia de esparcimiento sino de integración.
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En un plano parecido, y más atrás, la puesta en valor del Paseo Ribereño y hoy las obras en el Parque Municipal General San Martín; la histórica remodelación de la Plaza Merced que tanto debate ocasionó en su momento por la jerarquía de la ejecución, sin considerar que se trataba de la plaza principal de la ciudad y merecía, por tanto, estar a la altura de lo que representa en términos de identidad del centro cívico. Ni hablar de la remodelación de la arteria peatonal y de la intervención en otros espacios de perfil comercial que forman parte y hacen a la identidad pergaminense.
En materia educativa, hace ya casi veinte años la creación de la Universidad Nacional del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires, con lo que significó en cuanto a la posibilidad de contar en la ciudad con la oferta académica de una universidad pública que no solo iba a evitar el éxodo de los jóvenes, sino que iba a acercar a Pergamino a estudiantes incluso de geografías lejanas y con los años, a transformar el pago chico en una "ciudad universitaria".
El inventario es arbitrario y omite otros hechos de la historia reciente que han sido trascendentes, como la radicación de empresas o la promesa de que el perfil industrial de la ciudad pueda fortalecerse a partir de la futura construcción de un nuevo parque. En materia sanitaria la construcción del Centro Oncológico Pergamino y la ampliación de la capacidad de atención de los distintos efectores ponen a la ciudad en una condición que otros no tienen. Con temas que seguramente faltan, esta enumeración sin embargo muestra que hay algo de la ciudad que ha ido cambiando con los años, que ha crecido y que las acciones de política pública de algún modo han acompañado ese crecimiento. No obstante, hay cuestiones que siguen en el centro de las demandas, porque parecen no haberse acompasado al ritmo de las necesidades actuales: el agua y la energía, por citar solo dos ejemplos son aspectos del hacer gubernamental e institucional de la ciudad que merecen ser atendidos por la importancia que tienen.
Y es sobre lo que hemos conseguido y sobre lo que resta que pretende detenerse esta reflexión. En lo ganado, resaltar que en materia de espacios públicos hemos crecido y hoy nuestro lugar aparece en la consideración de vecinos de localidades vecinas cuando resaltan las bondades de nuestras plazas y nuestros parques. Lo mismo que antes hacíamos nosotros. En materia educativa, la universidad pública en esta ciudad y en la región con sus fortalezas y debilidades es no solo una realidad indiscutible sino un polo de desarrollo enorme. En lo pendiente, las obras que faltan, la mirada urbana que debe salir de la frontera de los cuatro bulevares y extenderse a otros sectores de la comunidad que están postergados. Y otra cuestión que es medular, tanto en lo que tenemos como en lo que nos falta, hay un ejercicio que no terminamos de hacer y es el que tiene que ver con la apropiación.
Hay algo en el propio pergaminense que no termina de hacerse eco de esos logros ni responsable de sus carencias. Un atributo de queja que no le permitiera apropiarse de lo bueno, para disfrutarlo, y que terminara siempre inclinando la balanza hacia el platillo de la crítica o la desaprensión.
En muchos aspectos, hoy Pergamino es mirada con admiración por otros que quizás anhelan alcanzar metas parecidas. Alcanza con recorrer ciertos ámbitos para advertir que hay gente de otros lugares disfrutando de lo que nosotros no terminamos de sentir propio ni de vivir desde una conciencia de mayor cuidado. Así es como a diario se suceden crónicas de hechos vandálicos o discursos denostando obras que antes se reclamaban.
Quizás hay algo del amor hacia lo propio que se juega en la desidia o el desinterés con el que vivimos algunas veces las cuestiones inherentes a la ciudad.
Por supuesto que este comentario no anula las muchas cuestiones que hay que mejorar y sobre las cuales hay que hacer foco. Una obra realizada no anula tantas otras pendientes. Tampoco desatiende la realidad que viven vecinos de sectores que han sido copados por la delincuencia, ni lo que padecen quienes aún habitan sin condiciones de infraestructura básicas. El espíritu de esta reflexión es otro. Es mirar en retrospectiva lo que hemos hecho como comunidad y lo que también ha hecho la política que tantas veces se critica. No una gestión de gobierno, sino la acción de sucesivas gestiones.
La razón de estas palabras es hacer una invitación a no restarle el valor que ha tenido la insistencia ciudadana ejercida colectivamente en el impulso a determinadas obras que hubieran quedado en el olvido sin el peso de esa persistencia. Y sobre la base de reconocer esa capacidad, emprender la tarea por las realizaciones que aún faltan. Solo así se le podrá dar respuesta a otras cuestiones que, por postergadas, se han transformado en urgentes.














