La sorpresiva salida de Caputo, dudas y sospechas
Sorpresivamente ayer, en medio del cuarto paro general a Mauricio Macri y mientras el presidente está en Estados Unidos negociando con el FMI, el presidente del Banco Central, Luis Caputo, presentó la renuncia al Banco Central.
Humano al fin, actuó sin estrategia y sin ningún tipo de consideración sobre las consecuencias políticas, el famoso timing que refiere que un anuncio puede tener mejor o peor efecto según el momento y las circunstancias en que se haga. En el caso de Caputo, peor situación no podía encontrar para informar su decisión, lo que habla de que la cosa, al menos para él, no daba para más.
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Según informó oficialmente, la dimisión se produjo por motivos personales y planteó que su decisión no debería afectar el rumbo de la economía ya que tiene la convicción de que el nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional restablecerá la confianza acerca de la situación fiscal, financiera, monetaria y cambiaria.
La formalidad de la renuncia puesta por escrito por el directorio del Banco Central en realidad no explica nada y, al contrario, abre la puerta a todo tipo de especulaciones que ayer reinaban en todos los programas. Sobre todo porque hasta su renuncia estaba anunciando tareas a largo plazo. Una de las teorías más extendidas es que Caputo dio un portazo porque tenía desinteligencias con el FMI, el funcionario quería una libertad para manejar los fondos del Banco Central que el organismo de crédito no está dispuesto a financiar. No olvidemos que el préstamo que nos hicieron para este año, no alcanzó a un par de meses que ya se los había evaporado la bicicleta financiera.
Pero hay otra versión que habla de una pésima relación con Nicolás Dujovne, quien estaría molesto por un trato preferencial del equipo de gobierno y de la prensa para con Caputo, a quien adjudicaban todas las buenas mientras que él quedaba para los cachetazos. Las tensiones entre ambos había quedado expuesta cuando el ahora ex del Banco Central no acompañó al ministro a Washington, a la reunión para renovar el acuerdo con el FMI; supuestamente debía quedarse en Buenos Aires a monitorear al dólar que se había descontrolado, algo totalmente innecesario porque si se trata de seguir de cerca, eso lo puede hacer desde cualquier punto del globo, y en cuanto a domar al dólar, tampoco es que personalmente podría haber hecho algo para evitar lo que pasó.
El mes pasado Marcos Peña en un mano a mano en Animales Sueltos con Alejandro Fantino, decía que tener a Toto Caputo era un orgullo para la Argentina, que era el Messi de las finanzas y que había dejado todos sus exitosos negocios para jugar para su país. Y que su calidad, profesionalidad y ética la reconoce el mundo entero. Esos destaques sobre la persona de Caputo molestaban a Dujovne, llevando su relación a un punto sin retorno, por lo que se ve.
Además de ser todo lo que dijo Peña, Caputo es el hermano de la vida de presidente Mauricio Macri, por eso la sorpresa que causó su renuncia, no porque no pueda hacerlo sino porque lo hizo en el peor momento para la gestión de su amigo, a la que vino a ponerle el pecho como un patriota, según definió el propio presidente.
Como decimos, parece más una actitud visceral que algo meditado; si lo hubiese pensado un poco no lo hubiese hecho en este momento tan particular, con la calle incendiada en Buenos Aires y con el presidente y ministro en Washington, tratando de mostrar un gobierno que trabaja para cumplir metas y sacar el país adelante.
Lo de Caputo puede ser humano y visceral, no mal intencionado, pero lo de Macri ya es una acumulación de errores y frustraciones en su equipo económico, lo que se suma al fracaso de la gestión de la economía en general.
Ya lo hemos dicho en otras oportunidades: los argentinos suponíamos que el talón de Aquiles de Macri iba a ser la política y que descollaría en economía. Y sin entrar en la discusión sobre su modelo, lo cierto es que en esta materia todo le ha fallado, desde el contexto internacional hasta su propio equipo.
Quizás sea momento de dejar de buscar entre los propios. Es lógico que Macri quiera rodearse de gente de su extrema confianza y a los que les conoce sus capacidades y su honestidad, pero por ese lado todo ha sido desilusión tras desilusión, para él y para nosotros.
Sucede que aun con capacidad y con patriotismo, no todos están preparados espiritualmente hablando para trabajar en la administración pública, donde las variables son muchas y cada botón que se toca hace saltar algún fusible. La lógica del Estado es muy distinta a la de una empresa y no todos pueden adaptar sus conocimientos de uno a otro sector, y es entonces cuando esa dificultad la empiezan a sentir hasta en el cuerpo. Al ver a los funcionarios en los medios podemos ver cómo en pocos meses se cargan años en su aspecto. Es el desgaste de trabajar en el Estado.
Por eso, más que amigos que saben mucho Macri debiera dejar de improvisar funcionarios abrir el juego a economistas que tengan las ganas de agarrar esta papa caliente. Volviendo al término que utilizó el presidente para referirse a Caputo, el equipo de Economía no necesita patriotas, amigos que se inmolen por la causa, sino profesionales que tengan la iniciativa de sumarse, las ganas genuinas de trabajar en el Estado y, si no es mucho pedir, algunas ideas para ver cómo salimos de esta.














