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La región avanza en la institucionalidad y Argentina parece retroceder

23 de diciembre de 2017 a las 12:00 a. m.

Es interesante extender la mirada hacia nuestros vecinos este rincón del sur del mundo, para establecer sanas comparaciones. Y la verdad es que aun cuando algunos exhiben buenos números macro, en general en la Argentina se vive mejor que en Chile o en Perú, ubicándonos en sectores medios y bajos. Cualquiera que ha viajado a estos países lo ha podido comprobar sin necesidad de hacer un sesudo estudio de la región. 

Sin embargo, estos países hermanos, incluido Uruguay también, están marcando una evolución en el marco de sistema democrático, en el funcionamiento de las instituciones y esta cuestión no es menor, porque puede ser un vehículo para lograr un desarrollo sostenido en el tiempo. Mientras en la Argentina estamos retrocediendo en términos políticos e institucionales, lo que más temprano que tarde va a terminar por perjudicarnos claramente.

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Todos sabemos de los innumerables problemas que han existido en Argentina tras la elección de Mauricio Macri como presidente en 2015. La expresidenta, Cristina Kirchner, por ejemplo, no asistió al cambio de mando, luego que no se pusieran de acuerdo con el lugar de la ceremonia, tras lo cual el candidato electo presentó una acción judicial para terminar en forma anticipada el mandato de su predecesora. Un papelón institucional, pero que además dio comienzo a una profundización de la grieta que se hizo herida.

A eso se suma una serie de acusaciones cruzadas, sin contar que actualmente la Justicia mantiene procesada a la ahora senadora por traición a la Patria y encubrimiento a los iraníes acusados por el atentado a la Amia. “Cristina Kirchner tiene que someterse a la Justicia y dar explicaciones”, dice Macri. En fin, es todo muy complejo.

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Lo que ha sucedido en Chile tras la elección de Sebastián Piñera el pasado domingo, en segunda vuelta, es la contracara de la Argentina. Los chilenos, que tienen serios problemas de desigualdad social y en la educación, exhiben un nivel de responsabilidad y calidad del Estado, que seguramente los ayudará a mejorar. 

La actual mandataria Michelle Bachelet y Sebastián Piñeira se han venido sucediendo en el poder, ella a él y ahora él a ella, pero todo se dan con naturalidad en la política del país vecino, donde todos pasan, hacen lo suyo, aguardan el veredicto de las urnas y eventualmente siguen su paso, o en la gestión o hacia su casa. Incluso los mandatarios se hablaron por teléfono para tomar un café. La llamada fue pública, además. En los días siguientes, la actual presidenta y personalidades de distintos colores políticos visitaron a Piñera en su casa para hablar sobre el futuro del país y afinar detalles del traspaso de mando.

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El caso peruano es un poco más intrincado, porque hay un hecho de corrupción en medio, pero Pedro Pablo Kuczynski, presidente de Perú, obtuvo los votos necesarios para evitar su destitución, solicitada por “incapacidad moral”, luego de ser involucrado en un caso de pagos de sobornos de la empresa constructora brasileña Odebrecht. Por nueve votos, el mandatario se salvó de ser depuesto, en una sesión que duró cerca de 11 horas.

El caso de corrupción tiene que ver con la vinculación entre su empresa Westfield Capital y la brasileña Odebrecht. Se trata de una serie de contratos que habrían sido firmados tras pagos de sobornos entre 2004 y 2007, incluso en períodos cuando Kuczynki era funcionario.

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El propio Kuczynski compareció ante el Congreso de la República para ejercer su defensa junto a su abogado. Luego, los legisladores debían votar el pedido de “vacancia” en el cargo presidencial, motorizado principalmente por el sector que responde a Keiko Fujimori, quien se presentó y perdió en las presidenciales.

No es auspicioso que el presidente se vea envuelto en estos asuntos, si los sabremos en Argentina, donde la mayoría de nuestros mandatarios están manchados por casos de cohecho y otros delitos. Pero los legisladores entendieron que echar al presidente en este caso no sería bueno para garantizar la gobernabilidad del país. Porque piensan que así se iniciaría un periodo de turbulencia política con efectos negativos al desarrollo económico en perjuicio de la población. Tras la decisión del Congreso, el presidente expresó: “Peruanos, mañana empieza un nuevo capítulo en nuestra historia: reconciliación y reconstrucción de nuestro país. Una sola fuerza, un solo Perú”.

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La verdad es que ante un caso de corrupción la reacción más inmediata de la gente es pedir que se aleje al presidente, en este caso, sin embargo es una realidad que una destitución pondría a Perú en una crisis muy complicada, como la que vimos en Brasil un país que llegó a ser la quinta potencia industrial del mundo y la política los terminó jaqueando económicamente, con una destitución muy polémica de Dilma Rousseff. Y todavía no logran salir.

El funcionamiento democrático es el que garantiza el normal devenir de un país; las voces de las mayorías, primero en las urnas y luego en los Parlamentos, son las que marcan los pasos, que obviamente todos queremos sean hacia adelante. Claro que las decisiones mayoritarias pueden gustar más o menos, pero este disenso debe canalizarse hacia la búsqueda de nuevos consensos en los mismos espacios que la democracia habilita. Si no lo entendemos de esa manera, no entendemos ni queremos la democracia, por más que la pongamos en todos los discursos. Aquellos violentos, que en la Argentina son pocos en realidad, no alcanzan a ver o quizá no les interesa, que los conflictos institucionales nos traerán muchos más problemas sociales que una ley, como la de los jubilados que es claramente antipopular. 

En la Argentina, desde la dirigencia hasta el ciudadano más indolente, debemos entender que los gobiernos no son per se, sino en la medida que los vota la mayoría y hay que sostener esas administraciones hasta la nueva elección. La protesta en términos pacíficos está habilitada por la Constitución y la desestabilización es condenada por las leyes. En ese marco debe funcionar el sistema, porque el daño de la caída de un gobierno (ya lo vivimos con Fernando de la Rúa) es enorme para toda la sociedad. La inteligencia humana tiene la ventaja de aprender de los errores.

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