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La "Pymedemia" y su temible prognosis

La crisis socioeconómica argentina empujó a miles de personas hacia la pobreza, ya sea por la pérdida del empleo o por la caída del poder adquisitivo de su salario ante una inflación sostenida que se muestra imbatible ante cualquier intento del Gobierno nacional por desacelerar los aumentos de precios. En...

31 de julio de 2021 a las 12:00 a. m.
La  "Pymedemia" y su temible prognosis

La crisis socioeconómica argentina empujó a miles de personas hacia la pobreza, ya sea por la pérdida del empleo o por la caída del poder adquisitivo de su salario ante una inflación sostenida que se muestra imbatible ante cualquier intento del Gobierno nacional por desacelerar los aumentos de precios. En este contexto adverso, miles de empresas comerciales, de servicios o industriales se han extinguido después de luchar un tiempo por la subsistencia y perder la contienda, especialmente por la falta de perspectivas. 

Ya en campaña electoral, los funcionarios nacionales buscan mostrar una mejora en los indicadores de actividad económica, con sectores que exhiben una incipiente recuperación. Pero más allá de que determinados rubros logren revertir los números en rojo, otros tantos están lejos de poder celebrar el fin de la crisis. Y los que ya no tienen espalda para resistir, bajan la persiana por última vez. 

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El caso emblemático de estos días involucra a un popular músico y empresario gastronómico, Fabián Von Quintiero, quien cerró las puertas de su restaurante Bruni, ubicado en el Bajo Belgrano de la Ciudad de Buenos Aires. El artista, también conocido por su apodo "Zorrito" y que compartió escenarios con celebridades de la talla de Charly García, publicó una carta que duele y que se viralizó con la misma velocidad como con la que generó empatías en todo el empresariado nacional. Vale la pena repasar los tramos centrales del texto de esa misiva titulada "Adiós a la demencial lógica de las Pymes" en la que por momentos echa mano del recurso de la ironía, quizás convencido en que a veces es mejor reír que llorar. Von Quintiero "festejó" una nueva libertad de la tiranía tributaria. "Bienvenida una vida más libre de IVA, Ingresos Brutos, ART, seguros de vida, seguridad social, cuota sindical, retenciones, percepciones, comisiones de tarjetas de crédito, débito, Mercado Pago y aplicaciones de delivery, servicio de posnet, alquiler, ABL, luz, gas, agua, cuenta de banco, impuesto al cheque, autónomos de los socios, sueldos, abonos de sistema facturación, abogados, contador y, si te queda algo, el 30 por ciento de Ganancias", afirmó aprovechando para sintetizar la sobrecarga impositiva que debe soportar cualquier emprendedor en la Argentina. Además, consideró "demencial" la lógica de las Pymes que hace que "todos coman del mismo plato" y tras ello reconoció que el cierre de su local gastronómico "no es por la pandemia, es por la 'Pymedemia'. ¡Te cansa!".

También el tradicional complejo hotelero Torres de Manantiales de la ciudad de Mar del Plata decidió el cierre de las instalaciones para ofrecer en alquiler los departamentos, y propuso a los 230 empleados ingresar en un proceso de retiro voluntario. La crisis que atraviesa el país se agravó con la pandemia y las medidas sanitarias tomadas al respecto y el sector del turismo fue uno de los más afectados, con epicentro en Mar del Plata y el resto de la costa. En "La Ciudad Feliz" hace pocos meses el Sheraton cerró definitivamente sus puertas y en un cuatrimestre, dieron por finalizada su actividad comercial 70 hoteles.

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En medio del aumento de los alimentos y la consecuente caída de los ingresos en términos reales, las condiciones de vida de los trabajadores de la Argentina tuvieron en 2020 un marcado deterioro, al punto que el 27,4 por ciento del total estuvo debajo de la línea de pobreza y, por primera vez, más de la mitad se desempeñó en la informalidad, alertó la Universidad Católica Argentina (UCA).

Mientras tanto, encuestas privadas aseguran que las intenciones de contratación son "cautelosas" y, según la consultora ManpowerGroup, ocho de cada 10 empleadores no espera realizar modificaciones en su dotación de personal..

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La cuestión es que para una Argentina que arrastra una crisis eterna -más allá de rebrotes verdes de corta duración- no alcanza con recuperar el nivel de actividad. De una buena vez debe encaminar su economía a un crecimiento sostenido para avanzar a una inclusión real con trabajo en el sector privado y no con subsidios que nacen como temporarios pero terminan siendo permanentes. 

No solo la presión impositiva y laboral hace inviable a las Pymes de capitales nacionales, dejando cada vez más gente a merced de la ayuda estatal en cada rincón del país. A esos factores se suma la imprevisibilidad de nuestra economía, que provoca además la salida de empresas multinacionales, grandes generadoras de empleo de calidad. En los últimos tiempos no cesaron y están en el orden de las 20, todas destacadas en sus respectivas actividades.

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La última en abandonar el país es la farmacéutica estadounidense Eli Lilli, que produce, entre otros, medicamentos para la diabetes. Pero los sectores que se vieron más afectados fueron la aeronáutica y la industria textil, que como consecuencia de la pandemia y la preocupante crisis económica decidieron poner fin a sus operaciones o suspenderlas de manera provisoria.

Falabella, la empresa de origen chileno, cerró todas las sucursales que operaban en el país. Solo mantiene la venta de materiales de construcción, pero ya no funciona su comercio de artículos de electrónica y bazar.

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El tema de las líneas aéreas es el más representativo de la difícil realidad que vive el sector por las restricciones imperantes en el turismo. Latam Argentina, que operaba en el mercado de cabotaje, no brinda este servicio desde mediados de 2020, luego de hacerlo durante en los últimos 15 años, con una buena participación en el mercado local y aproximadamente 1.700 empleados que negociaron sus salidas.

En el caso de Air New Zealand, anunció que no retomaría sus vuelos a nuestro país hasta que se levanten las restricciones por la pandemia mientras que Emirates dispuso el cese de sus operaciones por tiempo indefinido y ofreció un retiro voluntario a sus empleados ante una posible cancelación definitiva de la ruta. La misma postura adoptó Qatar Airways, convirtiéndose de esa manera en otra aerolínea internacional que no incluye entre sus destinos a la Argentina.

Norwegian, la conocida low cost europea, abandonó el mercado argentino. Otras empresas aerocomerciales suspendieron temporariamente sus vuelos a raíz de los cierres de fronteras, como Alitalia, British Airways, Ethiopian, Air Canada, Sky, Cubana de Aviación y Gol. Todas estas compañías contaban con empleados argentinos para su operatividad en aeropuertos y puntos de venta, cuya continuidad laboral pende de un hilo.

Dos reconocidas empresas dedicadas a la elaboración de pinturas destinadas a las automotrices también sufrieron las consecuencias: Basf trasladó una parte de su producción a su planta de Sao Bernardo do Campo, en Brasil, pero sigue con la comercialización de repintura y de químicos, en la localidad bonaerense de Tortuguitas. Más drástica fue la medida adoptada por Axalta, que cerró su fábrica en nuestro país, que empleaba a unas 100 personas en la ciudad de Escobar.

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Una empresa autopartista de capitales franceses, Saint Gobain Sekurit, también decidió incrementar su capacidad en Brasil, poniéndole un paréntesis a sus actividades en Campana.

Un caso que sigue planteando interrogantes es el de Brighstar, la multinacional que fabricaba celulares, desde hace más de 20 años, en Tierra del Fuego, tanto para LG como Samsung. Se trata de una compañía estadounidense adquirida por la empresa local Mirgor, aunque la operación no ha sido autorizada todavía por los organismos que regulan el mercado de las comunicaciones.

Son algunos de los ejemplos que merecen destacarse y que reflejan, de alguna manera, la desconfianza que genera la economía argentina, que se potenció luego de las restricciones dispuestas por el Gobierno.

Los anticapitalistas dirán que si se van no es porque pierden plata sino porque no ganan tanto como quisieran, pero la verdad es que cuando una empresa se va, cierra o es absorbida -por el motivo que sea-, perdemos todos, incluidos el Estado y el mismo Gobierno que poco hace por procurar su permanencia.

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