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La política digital, su injerencia y necesidad de regulación

12 de marzo de 2022 a las 12:00 a. m.

La política del Siglo XXI comprende la necesaria presencialidad, contacto físico y cercanía, sin descuidar ni dejar de practicar las relaciones surgidas del uso de las nuevas tecnologías.

Hay una militancia digital que ocupa, cada vez más, lugares de preeminencia y que es indispensable como parte de la relación entre liderazgos y bases, y entre mensajes con bidireccionalidad y sus emisores de ida y vuelta.

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La tecnología proporciona inmediatez y una cobertura territorial antes impensada, dos valores demandados para una mejor performance política y, consecuentemente, electoral.

Unir en una práctica política, democracia, tecnología e inteligencia artificial ayuda a mejorar todas las condiciones de vinculación entre los polos de la vida política.

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No es el único camino, pero a la espera de que aparezcan mejores ofertas, la militancia digital colabora en vincular las necesidades de la democracia participativa con los ritmos electorales y con respuestas veloces a ciertas demandas populares de reciprocidad, entre dirigencia, institucionalidad y sociedad.

En nuestro país partimos de alguna infraestructura consolidada, ya que existen teléfonos inteligentes, plataformas de redes sociales ampliamente aceptadas, chips veloces, banda ancha con cierta instalación, cableados, ductos, fibra óptica y una cultura del uso de Internet y la computación que goza de enorme asentimiento popular.

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Lo digital puede construir esas aspiracionales plazas públicas (las ágoras virtuales) que democratizan opiniones masivas en tiempo real, encuestan posiciones, hacen conocer demandas y en muchos países van consolidando la confianza en votaciones y decisiones importantes.

En todo el mundo hay varias generaciones de "nativos digitales" y ya no son los niños de ayer nomás. Todos los que andan en la treintena de años nacieron y se criaron en la utilización, uso y costumbre de herramientas digitales, y asumen con relativa facilidad ciertas complicaciones tecnológicas para otras generaciones mayores.

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Pero también esos mayores, que son los migrantes digitales, van asumiendo cada vez más el manejo y uso de servicios relacionados con la tecnología.

Delivery, compras en línea, hacer videollamadas, manejo de su prepaga y obra social, usar agendas digitales, pedir transportes por el teléfono, pagar impuestos por la PC, manejar cuentas bancarias por home banking son acciones hoy asumidas por la mayoría de las personas y no patrimonio exclusivo de los más jóvenes.

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La importancia de las plataformas algorítmicas en el proceso electoral argentino debe comenzar a analizarse desde un aspecto cuantitativo, como es la cantidad de usuarios en red.

Según informes constatados para 2021 por diversas fuentes de información como, en Argentina y hablando de públicos potenciales, hay 36 millones de internautas (sobre una población de 44 millones de habitantes) que participan en redes con porcentajes que van desde más del 90 por ciento que utiliza YouTube, WhatsApp y Facebook, más del 60 por ciento que entra regularmente a Instagram y Twitter hasta los usuarios de Pinterest, LinkedIn y Tik Tok en menores escalas. No figuran los datos sobre Snapchat, pero se estima en más de 2 millones la potencial audiencia publicitaria de esta red. Los argentinos usamos redes sociales en un promedio de tres horas y 11 minutos diarios.

Por lo antes dicho, las redes y sus aplicaciones, las plataformas y el uso de las tecnologías de la comunicación permiten a la vida política y sobre todo a los candidatos la oportunidad de relacionarse con potenciales multitudes.

El espacio público hoy en día se reparte en dos polos definidos como un espacio concreto (por ejemplo una ciudad como expresión física de la presencialidad en las acciones políticas) y por un espacio abstracto que se dimensiona en las redes. Entonces vemos que en lo físico se aprecian movilizaciones políticas y en las redes las neomanifestaciones. La calle tiene límites de masividad y las redes ofrecen una valoración cuantitativa de casi ilimitada magnitud. El término "neomanifestaciones" es útil para mostrar posibilidades de extrema masividad y donde miles o millones de personas participan en un mismo evento en virtud de estar conectados en plataformas y pueden sostener, apoyar y alentar posiciones políticas o candidatos.

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Estudios de espacios académicos, entre otros la Escuela Politécnica Federal de Zúrich, ponen en valor la eficacia de esa práctica de promoción electoral microsegmentada que permitió usar los datos de Facebook y concluye que esa variable pudo arrimar un 10 por ciento más de votos a Donald Trump en las elecciones donde resultó electo presidente de Estados Unidos.

Situaciones similares ocurrieron en la campaña del Brexit en Gran Bretaña y en las elecciones brasileñas de 2018.

En el Reino Unido las noticias falsas y la actividad de Cambridge Analytica, que utilizó en forma ilegal datos obtenidos de Facebook, crearon cierto clima favorable a la posición separatista, y en una elección tan reñida que se definió por menos del 2 por ciento de diferencia.

En Brasil el triunfo de Bolsonaro,se asentó en la segunda vuelta en una impactante y fuerte presencia en las redes sociales y en el uso, pletórico de inmoralidad, de noticias falsas distribuidas, en este caso por WhatsApp, que no es una plataforma del tipo de red social, pero es comunicativa y en el caso de Brasil era usada por más de 100 millones de usuarios.

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Obviamente esto tiene sus inconvenientes nacidos de prácticas desleales, ilegales y corruptas en el manejo de las campañas electorales (nada de esto ausente o desconocido para el mundo analógico).

Es dable aclarar que ninguno de estos resultados electorales se pudo definir solamente por la influencia o el uso ilegitimo e ilegal de las plataformas digitales. Probablemente haya habido ventajas derivadas del mejor uso inteligente de estos instrumentos de comunicación y vinculación social, pero en las tres elecciones las condiciones políticas, culturales y sociales apuntaban para el resultado que se dio. Aun en el caso de la poca diferencia de votos que hubo en el Brexit. Ante esto, la influencia de las redes solo terminó de consolidar un rumbo marcado por la realidad política.

Todas estas posibilidades de influencia de las redes en las elecciones no deben dejar de mirarse desde un estado de desencantamiento con la vida política y de poca credibilidad en los medios tradicionales. Ambas cuestiones provocan firme amplificación de las redes y su potencialidad de mentiras.

Esta indudable presencia del mundo algorítmico y digital en el espacio público va dando contorno a una realidad cultural novedosa y que debe ser objeto de investigación y, sobre todo, de actitud legislativa desde lo institucional. Porque es necesario mejorar regulaciones y crear leyes que hagan al resguardo de las privacidades mediante protocolos estrictos de seguridad. Al tiempo que deben generarse modelos de confianza en la utilización de todos los instrumentos de comunicación ya que son claves la transparencia y una correcta trazabilidad de lo que se intercambia.

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