La política bonaerense va a cambiar y mucho
S
e aprobó en el Senado bonaerense la norma que limita a dos períodos la reelección de intendentes, concejales, consejeros escolares y legisladores nacionales por la Provincia de Buenos Aires.
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La propuesta fue respaldada por Cambiemos y contó con los votos positivos de las bancadas del Frente Renovador, que fue el sector que potenció el proyecto inicial, y del bloque peronista. El Frente para la Victoria votó en contra de la medida. La semana pasada había sido aprobado en la comisión de Reforma Política y Régimen Electoral del Senado y ayer jueves fue puesto en votación en el recinto.
Es de advertir que la nueva norma ya había recibido media sanción el 16 de junio en Diputados por lo cual con el aporte del Senado ya es ley de nuestra provincia. Y modifica los artículos 3 de la Ley Orgánica de las Municipalidades, 13 bis de la Ley Legislativa y 148 de la Ley de Educación.
Es triple la variante porque establece que tanto los intendentes, como concejales, diputados, senadores y consejeros escolares que son elegidos directamente por el pueblo, durarán en sus funciones cuatro años y podrán ser reelectos por un nuevo período. Y amplía que si han sido reelectos no podrán ser elegidos en el mismo cargo, sino con intervalo de un período.
Pero no termina allí la reforma, que no es poco de todas maneras, sino que anula también la posibilidad de ser intendente, concejal o legislador y a su vez mantener (mediante licencia o incluso trabajando) un cargo provincial o nacional. Esto se ha visto en muchos municipios, incluso en el nuestro, donde mientras se es concejal se mantiene activo un cargo provincial o nacional y se cobra paralelamente. Lo mismo con intendentes del Conurbano que pretenden mantener con licencias sus jefaturas de distritos de Pami, por ejemplo, para volver cuando terminen el cargo.
Una de las cuestiones que trajo calurosos debates fue desde cuándo rige la norma; es decir, si para a partir de las próximas elecciones o desde el mandato en vigencia, contando este como primero. Finalmente el artículo 7 del proyecto afirma que el período actual de los intendentes, concejales, consejeros escolares, diputados y senadores a la entrada en vigencia de la presente ley, será considerado como primer período. Concretamente los actuales jefes comunales, ediles, legisladores y representantes educativos podrán ser reelectos en esos cargos una sola vez más. Para poner un ejemplo cercano: el intendente Javier Martínez, si pretende seguir en función, solo podrá aspirar a una reelección, porque este período ya se ha considerado como el primero.
En el recinto, fue el senador Sebastián Galmarini (FR), el encargado de presentar el proyecto. No estamos cortando la carrera política de ningún líder, estamos pensando en construir alternancia. En contar con nuevos líderes, aseguró. El kirchnerismo y un sector del peronismo presentaron su rechazo a la iniciativa. El senador Gervasio Bozzano (FpV) argumentó la negativa de su bloque y dijo que no votarían el proyecto sin discutir una reforma política integral. Se está recortando la voluntad de la gente la posibilidad de elección del pueblo de elegir libremente a sus representantes para que defienda sus intereses, dijo. Por parte del peronismo dialoguista los senadores Patricio y Norberto García, apoyaron la medida aunque reclamaron una reforma política integral. No es algo revolucionario, es solo un parche en el marco de una reforma que debería ser más profunda y en la que habría que revisar también la representación de las secciones electorales para que los legisladores vivan en donde son electos, cuestionó Patricio, un senador cercano a Julián Domínguez.
Es muy buena noticia que se haya aprobado esta ley. Una norma que durante muchos años no se logró que se le diera el visto bueno, ni siquiera se lograba llegar al recinto con la propuesta. Y esto era así porque en realidad no había una decisión política de terminar con los intendentes eternos. Aunque en Pergamino nos podamos sentir identificados por la reincidencia de Gutiérrez, quienes más se verán favorecidos por esta medida son los distritos del Conurbano, donde los barones hicieron sentir durante años su presión a toda la dirigencia que intentaba acceder a la intendencia, incluso del mismo signo político. Para los legisladores, además, era una solución que el jefe comunal se quedase en el distrito, para lograr sus propias reelecciones en la banca.
La práctica de las reelecciones indefinidas terminó por generar una casta de jefes comunales que pasaban 20 años en sus sillones, y más allá de la valoración que pueda tener su gestión, la situación -está probado- que genera, en el paso del tiempo, excesos de clientelismo, que se va acentuando por la impronta de lograr la reelección perenne. Es como un círculo viciosos: generar caja mediante negociados de todo tipo para repartir en campaña, de modo clientelar, perpetuando la pobreza y la dependencia. Todo esto tan aceitado, que se tenía la certeza de que ningún otro accedería al cargo por lo que los chanchullos no saldrían a la luz. Algo similar a lo que pasó con Néstor y Cristina, que enrocando entre ellos, durante 12 años armaron sus cajas negras (porque gran parte del dinero sacado del Estado era para sostener la militancia y el clientelismo) y tramaron un sistema que jamás pensaron que saldría a la luz, sencillamente porque nunca creyeron que perderían las elecciones contra Macri. Del mismo modo, con total despreocupación por la certeza de la continuidad, los barones del Conurbano se han movido estos años. Y con ellos, una casta de funcionarios para quienes la política se transforma en su único modo de vida y sostén económico. De este modo, el intendente y su gabinete, eternizados terminan cayendo en negocios con proveedores comunales, con la Policía, con licitaciones, propios de la impunidad que genera el estar atornillado en el poder.
Las consecuencias beneficiosas de esta norma se verán en el tiempo, cuando una verdadera renovación dirigencial tenga posibilidades ciertas de participar, cuando los intendentes y demás funcionarios sepan que, a más tardar en ocho años, su gestión será puesta bajo el microscopio; cuando el clientelismo comience a ceder y cuando todos nos acostumbremos a las bondades de los recambios no sólo de figuras sino también de alternancia en los partidos políticos de donde surgen los candidatos.
El cambio político será más profundo de lo que ahora podemos visualizar, porque estamos acostumbrados al viejo sistema donde muchos distritos tenían dueño y desde allí condicionaban la política provincial y nacional, de acuerdo a sus apoyos a determinados candidatos, basados además en el feroz clientelismo con el cual obtenían los votos. Y este es el pasado que se ha terminado.
Hay un sector de la escena política que aun se resiste, entendemos que por los mismos motivos: la caja, el poder, los negociados. Hablamos del sindicalismo. Es hora de que así como los barones, los gordos se hagan cargo y renueven sus estatutos para impedir la reelección indefinida. Si son tan buenos como dicen, luego de un período sus afiliados los votarán para que vuelvan.
Vamos a vivir una realidad política distrital diferente y seguramente mejor.














