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La paz en diciembre no es gratis

29 de diciembre de 2018 a las 12:00 a. m.

principios de este mes, la ministra de Salud y Desarrollo Social nacional, Carolina Stanley, aseguraba que el diálogo con las organizaciones sociales estaba abierto pero que no aceptaría “extorsiones” mediante los cortes de calles de Buenos Aires y otras ciudades. Convencida de su estrategia, anticipaba: “Vamos a tener un diciembre tranquilo”.

Y la verdad es que pese a la recesión, la inflación, la incertidumbre y un malestar generalizado, diciembre termina sin los conflictos ni estallidos tan temidos tras aquel fatídico 2001.

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Stanley es quien encarna el costado más populista del Gobierno de Mauricio Macri. Y si bien pudo haber sonado categórica al decir que no admitiría extorsiones, esta paz social se ha conseguido, al contrario de lo que dice la funcionaria, por respuesta a muchos actos de extorsión de parte de la dirigencia piquetera.

Esto no implica que no haya necesidades ni que se podría, en este momento, actuar de otra manera y cortar la ayuda social. Hay que seguir ayudando al vulnerable, lo que no se puede tolerar es que los jefes piqueteros sean intermediarios para quedarse con “la parte del león”, engordando las agrupaciones a costa de las necesidades de los desempleados. Por un lado, vemos que el Estado ha hecho enormes inversiones para desmantelar ese sistema clientelar, abriendo “ventanillas” en las zonas más sumidas a la política punteril, para que la gente gestione y cobre directamente sus beneficios. Eso, si bien es bueno y necesario, ha implicado un costo que indirectamente se podría recuperar con una depuración de los padrones, eliminando a los “truchos” colgados de algún puntero. Pero al mismo tiempo, para apaciguar los ánimos, por lo bajo se sigue alimentando estos personajes que con cierto poder de movilización pueden alterar el orden público.

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“Nuestro compromiso es desde el primer día desintermediar (sic) los planes sociales, transparentar los programas sociales, y no vamos a dar marcha atrás. No vamos a dar planes para que las organizaciones tengan de rehén a la gente”, resaltó Stanley. Y nosotros nos preguntamos cómo puede ser que el discurso marche tan a contramano de los hechos. Porque mientras la ministra enarbola estas palabras, la intermediación está más viva que nunca.

Y es justamente en base a la tranquilidad que le otorga al Gobierno el “comprar” a estos jefes de la protesta, lo que le ha permitido al macrismo en medio de una enorme recesión, anunciar en pleno diciembre los nuevos aumentos del gas, la luz, el agua, importantes porcentajes con los cuales vamos a iniciar el nuevo año inflacionario. Porque a nadie escapa que estos anuncios, en diciembre, en otras circunstancias hubieran significado un estallido con cacerolazos incluidos. Sin embargo, el “agite” está tranquilo y eso ha costado su dinero. Lamentablemente, el que supuestamente estaríamos ahorrando por el achique del Estado.

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Si apenas asoma 2019 ya comienzan los incrementos de servicios, no soñemos con controlar la inflación.

La presión sobre los precios será enorme si el gas sube 35 por ciento en abril, la luz 55 en cuatro cuotas y el transporte un 40 en promedio. Regirán desde enero, en el caso de los colectivos, y se escalonarán en la primera mitad del año.

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En una tanda encadenada de unas pocas horas, el Gobierno informó aumentos en casi todas las tarifas de servicios públicos para la primera mitad del año próximo. Hay que tener mucha tranquilidad de que la “calle” está controlada como para hacer estos anuncios en diciembre, el más peligroso del año y en medio de una crisis económica como la que padecemos. Y esta tranquilidad, como decimos, la tienen a partir de la contención que los engordados jefes piqueteros ofrecen al Gobierno a cambio de jugosos fondos. De lo contrario podría haber significado la chispa que encendería la mecha de los conflictos.

Mientras tanto, los sectores medios y las Pymes, los jubilados no van a salir a las calles a generar saqueos, porque nunca lo han hecho ni lo harán. Y los empleados registrados en la CGT están adormecidos, claramente, por los acuerdos del Gobierno con los secretarios generales de los gremios más importantes. Porque la Argentina es un país difícil en lo económico y en lo político.

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En la primera hipótesis el fracaso fue rotundo, pero en el segundo ha sido un éxito, ya que el macrismo no ha pegado una en materia económica, pero ha demostrado haber aprendido a navegar en las aguas profundas de la política muy rápidamente. Exactamente al revés de lo que imaginamos la mayoría de los ciudadanos cuando ganó las elecciones.

Cierto es, volviendo a los avatares de la paz social conseguida en base a muchos millones de pesos distribuidos en las agrupaciones sociales, dicen los que saben que no podremos enterarnos fácilmente de los fondos que se están aplicando al gasto social, porque salen de distintas partidas, programas diversos, lo que termina por confundir a quienes investigan estos temas. Al fin, como siempre una vez más se le metió la mano a los jubilados retirando 68 mil millones de la Anses para pagar deuda. Es que los pasivos no cortan las calles.

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