La pandemia que aún no ha terminado
Si bien la actividad desplegada por la Organización Mundial de la Salud en los inicios de la pandemia de Covid-19 han generado algunas controversias, la palabra del organismo ha constituido una referencia al momento de tomar medidas de salud pública a escala planetaria, ya que ha englobado la voz de técnicos y especialistas y ha seguido de cerca la evolución de la emergencia sanitaria con datos ciertos. También ha impulsado iniciativas solidarias y de cooperación internacional que de algún modo han resultado ordenadoras al momento de establecer lineamientos y seguir rumbos más o menos ciertos en el tránsito de una situación que estuvo en muchos momentos marcada por la incertidumbre. A pesar de las críticas, los países han seguido de cerca, y lo siguen haciendo, las posiciones que la OMS va teniendo en la evolución de la pandemia.
Hace unos días se cumplieron tres años de la declaración de la pandemia de Covid-19. Esta categorización que hizo la OMS en 2020 signó el rumbo y señaló un camino. En coincidencia con el cumplimiento de este "aniversario" a escala planetaria se aguardaba que la OMS declarara formalmente el fin de la pandemia y se especulaba con que esto pudiera darse luego de la reunión del comité ejecutivo. Sin embargo, esto no ocurrió y el mundo sigue en estado de "pandemia", aunque con una situación sensiblemente diferente a la de los comienzos de la emergencia sanitaria.
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El principal argumento esgrimido por la OMS para mantener esta categorización es el número de muertes que aún siguen produciéndose a causa del virus Sars-COV 2 y sus variantes, una situación que a juicio de los expertos obliga a "no minimizar la realidad" y a seguir manteniendo el máximo nivel de alerta sanitaria internacional.
A contracorriente de lo que se esperaba, la reunión del comité de emergencia de la OMS que asesora en la toma de decisiones, no concluyó con noticias tranquilizadoras. Por el contrario, se aportaron datos y razones que instan a la comunidad internacional a ser prudentes y a mantener los sistemas de vigilancia epidemiológica activos.
Si bien el organismo reconoce que se está ingresando en una fase transitoria que definen como un punto de inflexión, son cautos al momento de aventurar el fin de la emergencia sanitaria. En este escenario, a los países que siguen teniendo desigualdades en el acceso a la atención sanitaria se les plantea el interrogante en relación a qué significa esta transición y como cooperar para que finalmente la realidad se encauce en el sentido deseado.
En una sociedad que vive como si la pandemia hubiera ya terminado, que ha recuperado sus hábitos y rutinas tomando pocos recaudos, cuesta generar las condiciones propicias para que el virus no siga expresándose con nuevas variantes. Lejos de pretender la imposición de restricciones que tanto han dañado la salud y la economía, el gran desafío es transitar con una necesaria cuota de prudencia y responsabilidad este tránsito por una transición que permita alcanzar ese horizonte y llegar finalmente al "fin de la pandemia".
Lo que sucede en China con la situación sanitaria que se ha dado a raíz de la eliminación total de las restricciones en un país que aplicaba la política de Covid Cero y la irrupción de nuevos sublinajes son claros ejemplos de cómo la situación sanitaria aún no está bajo control. Las dificultades para acceder a datos estadísticos ciertos en países que no han sido democráticos en el manejo de la pandemia, complica aún más la posibilidad de tener un termómetro real de lo que se sucede en geografías que aún hoy se ven azotadas por esta enfermedad que ha demostrado al mundo toda su crudeza.
A pesar de las expectativas y de indicadores que muestran que el presente de la pandemia no es igual al que se planteaba en los comienzos ni siquiera es parecida a la situación que se vio promediando la emergencia sanitaria cuando aparecieron variantes sumamente contagiosas pero en un contexto ya marcado por la existencia de vacunas- la Covid-19 parece lejos aún de integrar la lista de enfermedades comunes.
Las apreciaciones de la OMS y la lista de fundamentos esgrimidos para proseguir por la senda de la cautela ponen a los países frente a no pocos desafíos. Garantizar que la población mundial esté correctamente vacunada, propiciar que la secuenciación del genoma del Sars-COV 2 que permite seguir la evolución del virus recupere sus niveles perdidos- ya que esta tarea ha disminuido considerablemente- y sostener en la población una conciencia de cuidado, son apenas algunos de ellos. Del éxito de esta empresa depende que el mundo salga por fin de la pandemia, tome los aprendizajes y los capitalice a favor de lograr que una experiencia como la vivida jamás vuelva a repetirse.













