LA OPINION: 106 años escribiendo la historia de la ciudad
Mañana lunes 13 de febrero este medio de comunicación celebrará sus 106 años de vida. Ese acontecimiento encarna no solamente el peso de la historia, sino un sentimiento de enorme gratitud hacia la comunidad de Pergamino por la confianza. El vínculo con los lectores es el principal capital de cualquier...

Mañana lunes 13 de febrero este medio de comunicación celebrará sus 106 años de vida. Ese acontecimiento encarna no solamente el peso de la historia, sino un sentimiento de enorme gratitud hacia la comunidad de Pergamino por la confianza. El vínculo con los lectores es el principal capital de cualquier medio de comunicación, y esa relación se forja sobre la base de la credibilidad que, a su vez, se construye recurriendo a la honestidad intelectual como herramienta diaria de trabajo.
Nada de lo que se escribe en estas páginas resultaría perdurable si del otro lado no hubiera alguien que confía en esa palabra que surge del relato de los hechos que ocurren en la realidad y de la interpretación de los mismos que se hace para acercar un contenido veraz y honesto.
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En los tiempos que corren no resulta sencillo sostener un medio, con las características del Diario LA OPINION que cuenta con 106 años de historia, pero que no pudo quedarse en la comodidad de ese lugar ganado. Por el contrario, honrando un legado, este diario debió reinventarse, reconvertirse, adecuarse a tiempos que impone el uso de la tecnología y otros lenguajes; y hacerlo sin abandonar jamás las mejores tradiciones del periodismo gráfico, sustentadas en la búsqueda minuciosa de la información, el chequeo de los datos, el procesamiento de los mismos y su transmisión a través de la palabra escrita, esa que tiene un peso específico propio que le confiere a la tarea cotidiana una enorme cuota de responsabilidad.
LA OPINION, como tantos otros diarios de su tiempo, debió sortear no pocos embates sin abandonar el hecho de ser "el diario de la ciudad", ese espacio de información elegido y esperado por lectores exigentes que en cada ejemplar o en cada nota publicada en la web aguardan rigurosidad periodística e integridad. En este contexto, sumamente desigual frente a otros soportes informativos, encuentra a quienes hacemos este medio inmersos en un escenario complejo, rodeado de cierta cuota de incertidumbre, pero comprometidos con lo que cada uno de los que escribimos sus páginas sabemos hacer: contar historias reales, relatar lo que ocurre sabiendo que esas crónicas y artículos serán leídas no ya solo en la geografía del pago chico, sino en cualquier lugar del mundo con solo apretar la tecla de una computadora o teléfono celular. Eso supone exigencias y una enorme pericia profesional para no traicionar esa confianza construida a lo largo de los años.
No es fácil la tarea de lograr el equilibrio justo entre la urgencia que impone la realidad y la vorágine con la que circula la información en el presente, con el tiempo pausado que requiere la tarea artesanal de imprimir un diario. La palabra escrita tiene un peso diferente al de la oralidad, y eso requiere oficio, mucho compromiso con la verdad y una templanza profesional capaz de sortear cualquier embate. Porque se suele suponer que es sencilla la labor de escribir un diario todos los días solo porque la información está ahí, al alcance de la mano. Pero esto no es así. Por el contrario, la inmediatez y la abundancia de datos, complejizan la tarea periodística cuando es asumida con responsabilidad. La exigencia del lector de LA OPINION es el mejor incentivo para nuestro trabajo cotidiano, sin ello, la labor de quienes escribimos se hubiera desnaturalizado.
106 años de vida marcan un largo camino recorrido. En tanto tiempo, es inabarcable el inventario de hechos y momentos históricos que encontraron en las páginas del diario un vehículo donde quedar para siempre registrados. A su vez, por la redacción de LA OPINION pasaron distintas generaciones de periodistas, los de oficio, los de profesión, los apasionados, los bohemios, los rigurosos, los inquietos. Todos tuvieron algo en común: la certeza de ser parte de un medio de comunicación que, aunque es una empresa privada, en su génesis de algún modo le pertenece al conjunto de la sociedad de la que forma parte.
En 106 años se escribió buena parte de la historia de la ciudad, primero en letra de molde y luego con el valor agregado y las herramientas de soporte que brinda la tecnología. Este diario, junto a otros medios locales, es en cierta medida, el archivo vivo de una ciudad que ha crecido, cambiado, evolucionado y que sigue recurriendo a las fuentes para informarse de lo que pasa. Eso le confiere a la tarea un valor superlativo que supera el interés de cualquier emprendimiento comercial. La esencia del trabajo es distinta y quizás ese sustrato es el que hace que, contra todas las dificultades, en contextos sumamente adversos para las empresas periodísticas y en tiempos económicamente difíciles, este sello que se inscribe en el ADN pergaminense siga en pie, asumiendo nuevos desafíos y recreando las mejores prácticas del hacer periodístico. Son ustedes, nuestros lectores, los mejores aliados en la aventura diaria de hacer lo que sabemos. Eso nos gratifica infinitamente y nos compromete con ese futuro que sabemos, está a la vuelta de la página.












