La muerte de un líder como Fidel Castro abre interrogantes en Cuba y la región
La muerte de Fidel Castro, como sucede con todos los que han sido líderes y más aun de revoluciones, no pasó inadvertida para nadie en el mundo. Leyenda para unos, tirano para otros, fue sin dudas una figura que marcó al mundo toda la segunda mitad del siglo pasado.
Su fallecimiento cierra 60 años de historia, desde que desembarcó en Cuba con un grupo de rebeldes provenientes de México en 1956 para impulsar la guerrilla que derrocó al régimen de Fulgencio Batista en 1959 hasta hoy porque aunque en un camino reformista, el la revolución devenida en dictadura sigue vigente.
Las mas leidas de Opinión
Frigoríficos exportadores temen una catástrofe con los precios de la carne

Inteligencia Artificial: el reto que enfrenta la humanidad
El día en que todo se volvió televisión

Estar educados para el nuevo mundo de las finanzas
Presos de una interna: los bonaerenses bajo la disputa del PJ provincial. El rol de Axel Kiciloff

Después de estar 47 años de manera ininterrumpida al frente del gobierno socialista que construyó en torno a su liderazgo, Castro dejó el poder hace 10, en 2006, por problemas de salud, siendo ya de edad avanzada. Su hermano Raúl Castro, cinco años menor, tomó el mando entonces provisionalmente y dos años después, en 2008, lo sucedió formalmente como presidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros.
A Fidel Castro se lo vio por última vez el pasado 15 de noviembre, cuando recibió en su residencia al presidente de Vietnam, Tran Dai Quang.
Desde 2006 en que dejó el poder administrativo aunque siguió siendo la guía de la revolución, la principal actividad pública de Fidel Castro fue la publicación de artículos en la prensa cubana. Incluso después de la histórica visita del presidente de Estados Unidos Barack Obama a la isla, publicó una columna en la que mostraba sus reticencias ante el acercamiento del país del norte al gobierno cubano. No necesitamos que el imperio nos regale nada, fue su frase más significativa, su rechazo final poco antes de morir, a ceder contra su enemigo irreconciliable.
Por eso la muerte de Castro abre enormes interrogantes a futuro. No será solo un gran golpe emocional para Cuba, tanto para sus partidarios como para sus detractores, por el peso abrumador que ha tenido su figura en la vida cubana durante generaciones y generaciones, sino que el futuro de la isla se enfrenta a un panorama totalmente inédito, aunque seguramente contemplado en los análisis de los principales protagonistas de este momento político que viven Cuba y Estados Unidos, ya que la muerte de Fidel se sabía próxima. Por otro lado, a poco de asumir Raúl introdujo una ley por la cual no se puede ocupar por más de 10 años un cargo del Estado. Así que en 2018 Raúl Castro dejará la presidencia.
Pero más allá de estos tecnicismos, es Fidel muerto lo que marca el fin de una era y abre distintas expectativas porque mientras estuviera vivo había puntos intocables, condiciones inclaudicables. Por eso los cubanos en el exilio, que tanto festejaron, aclararon que lo que ellos celebraban no era el fallecimiento del dictador sino la libertad. De hecho Fidel hace tiempo que no gobernaba, pero lo que entienden los detractores del régimen es que mientras viviera no habría libertades absolutas; como un signo de respeto y veneración al líder, nadie iba a introducir cambios tan radicales a lo que fue el sistema que él implementó.
El contraste entre los cubanos respecto de la figura de Fidel no es menos controversial. Mientras el pueblo (sobre todo adulto) lo llora en esta despedida, en Miami, donde vive la comunidad cubana más grande fuera de la isla, muchos salieron a las calles para celebrar la noticia. Entre bocinazos y ruidos de cacerola se escuchaban eslóganes como Fidel, tirano, llévate a tu hermano y libertad para Cuba.
La revolución cubana tiene esos contrastes que muestran sus adherentes y detractores. Los que lo aman recuerdan cuando Cuba era una factoría de Estados Unidos, bajo un régimen opresivo y altamente corrupto como el de Fulgencio Batista y valoran todo lo que hizo Fidel. Un modelo que en esos aspectos mostró el mejor costado de un sistema solidario, que devolvió la dignidad que los cubanos reclamaban. Su lucha junto al argentino Ernesto Che Guevara es uno de los puntos épicos que destacan sus seguidores. Los que los consideran un tirano ven la revolución desde el costado de lo que finalmente hizo Fidel al tomar el poder. Con él, además de la independencia económica y política de Estados Unidos, llegaron la falta de libertades de expresión y circulación, el partido único y la ausencia de elecciones. Presos políticos, muertes en tierra y mar por querer salir, confiscación de la propiedad privada y aunque con dignidad y solidaridad entre hermanos, el pueblo se dividió inexorablemente entre los que amaron el régimen y quienes lo odiaron en estos casi 60 años. Así están los que quisieron progresar y no pudieron y los que aceptaron mansamente cada cosa que el Estado les dio, con convicción algunos, con resignación otros.
Las primeras reacciones a la muerte han llegado desde el continente americano. Desde Venezuela, el gran aliado en los últimos tiempos del gobierno de La Habana, el presidente Nicolás Maduro, ha asegurado que tanto Castro como Hugo Chávez dejaron abonado el camino de la liberación de nuestros pueblos. El presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, ha calificado al mandatario fallecido de referente emblemático del Siglo XX. El presidente del gobierno español Mariano Rajoy ha expresado sus condolencias a las autoridades cubanas por la muerte de una figura de calado histórico.
Mauricio Macri no viajará a dar sus respetos a las exequias de Castro; en representación de Argentina viajó Susana Malcorra. La canciller fue la encargada de difundir la postura oficial del Ejecutivo sobre el fallecimiento de Fidel. Lo hizo vía Twitter: Murió Fidel Castro. Con él se cierra un capítulo importante de la historia latinoamericana. Mis condolencias al gobierno y al pueblo de Cuba. Un par de horas después se expresó el jefe de Estado. Mis condolencias al gobierno cubano por el fallecimiento de Fidel Castro, escribió en su cuenta. Llamó la atención que Macri se refiriera al gobierno cubano y no a la sociedad en su conjunto. Gabriela Michetti pareció reparar ese detalle: Murió Fidel Castro. Mis condolencias al gobierno y a todo el pueblo cubano.
Lo cierto es que la desaparición física de Fidel Castro tendrá implicancias políticas, quizá no en el corto plazo pero sí en el mediano. El acercamiento con Estados Unidos para dar fin al bloqueo de casi 60 años sufrirá no obstante algún retroceso con la llegada de Donald Trump al poder en el país del norte, ya que los republicanos en general y el electo presidente en particular no vieron nunca con buenos ojos un acercamiento con Cuba en los términos que planteó Obama. Por eso ya aclararon voceros oficiosos que no se abrirán nuevas conversaciones hasta que en la isla se demuestre con hechos concretos un giro a la vida democrática. Para los republicanos, Obama se limitó a conceder sin pedir nada a cambio.
La historia tiene su propia dinámica y los cambios que se generarán en la geopolítica de la región harán su impacto en Cuba y, seguramente, la isla se encaminará a una nueva etapa, sumándose paulatinamente a los países democráticos del mundo, manteniendo sus características propias, para rescatar lo positivo que dejó la revolución, superando lo negativo.
Como testigos generacionales pero a la distancia de la vida de Fidel Castro solo cabe decir que fue un líder, importante de América Latina del Siglo XX. Esto habla de sus condiciones de mando y carisma, no tiene ninguna connotación y calificación. Que cada lector evalúe la calidad de su liderazgo, si fue positivo o negativo.
Nada más cabe decir, a 9.000 kilómetros de distancia, acerca de lo que hizo Fidel. De lo que hizo, no lo que dijo, gran orador por cierto. De la teorización de su revolución podemos hablar todos; de vivirla, solo los cubanos. Ellos pagaron el precio del mito. Pocos devotos de Castro que viven en Argentina y otras sociedades occidentales libres soportarían la vida del cubano de a pie.














