La moneda de los productores se deteriora
Con la caída internacional de los precios de los granos, los productores necesitan vender más toneladas de maíz y soja para comprar la misma cantidad de insumos clave para producir que hace cuatro meses.
Requieren, respecto de noviembre pasado, desprenderse de hasta casi un 10 por ciento más de productos. Peor aún, en algunos rubros deben destinar hasta un 48 por ciento más de granos que hace tres años. Así lo señala un informe publicado por el diario La Nación. Esta situación se debe a que varios de los principales insumos no bajaron en estos últimos meses, pero sí la soja y el maíz, y así se deterioró el poder de compra de los productores.
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En maíz, en noviembre pasado con 4,39 toneladas de este cereal, el productor adquiría una tonelada de urea, un fertilizante usado en la producción. Ahora, para comprar una tonelada del fertilizante necesita vender 4,72 toneladas del cereal, un 7,5 por ciento más.
Para el fosfato diamónico, otro fertilizante clave, en noviembre de 2014 con 5,36 toneladas de maíz el productor se llevaba una de este insumo. Ahora debe vender 5,68 toneladas del grano para conseguir una tonelada de este insumo, un 6 por ciento adicional.
En el caso del gasoil se observa un fuerte contraste si se aprecia lo que se requiere comercializar para adquirir 100 litros respecto del promedio de los últimos tres años. En la actualidad, con 1,28 toneladas de maíz hace falta un 48 por ciento más que el promedio de la serie, que registra 0,86 toneladas (860 kilos).
En soja, el principal cultivo del país, la relación insumo-producto también se deterioró y los productores deben desprenderse de más granos si apuntan a conseguir la misma cantidad de insumos.
Hoy deben destinar 2,27 toneladas de la oleaginosa para conseguir una del fertilizante fosfato diamónico. En noviembre último necesitaban 2,20 toneladas.
Los insumos no acompañaron aún la baja de los granos y se complica por ello el poder de compra de los productores.
Para los productores, una baja del precio de los insumos sería un alivio. Mientras tanto, para la nueva cosecha hay altas probabilidades de que se dé una situación paradójica de muy buenos rindes y gran producción, pero con malos resultados económicos para las empresas. Esto ocurre por la combinación de la baja de los precios con una alta presión impositiva por las retenciones y por los costos.
Entonces, ¿quién gana más en esta campaña? De acuerdo con el trabajo del productor, del ingreso bruto generado por una hectárea de soja de 1.118 dólares en esta campaña, el 49,70 por ciento, casi la mitad, se lo llevaría el Estado con las retenciones y el resto de los impuestos.
La producción agropecuaria tiene un socio que se llama Estado. Según un informe de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de la Argentina (Fada) sobre la Distribución de la renta agrícola y evolución de sus variables, concluye que el 70,9 por ciento de la renta agrícola va a parar a las arcas del Tesoro Nacional. O sea, lo que se gana en la producción agropecuaria durante un año se distribuye a favor de este gran socio, que siempre está presente en las buenas, o sea a la hora de repartir las ganancias. Las contraprestaciones que este socio aporta son las obras de infraestructura en mejoras viales, mejoras en los mecanismos de control y legislación, subsidios para la promoción de las actividades y productos considerados estratégicos para el desarrollo, por citar algunas.
La contracara es el productor. A modo de ejemplo, con 30 quintales perdería 115,90 dólares por hectárea y, en vez de capturar parte del ingreso generado por la hectárea, perdería el equivalente a un 10,5 por ciento.
Pero además del productor también perderán los pueblos y las ciudades del interior, ya que es allí donde los chacareros invierten y dejan el fruto de cada cosecha. Como por ejemplo ocurre en Pergamino, ciudad históricamente ligada a los mejores y más rentables campos del país por estar ubicada en la zona núcleo, con un clima y precipitaciones ideales para el crecimiento de los principales cultivos que se han sembrado en el país.
Es de esperar que en los próximos meses las economías de las localidades del interior se resientan ya que el efecto derrame que produce el campo no se repetirá como en cosechas anteriores. Si se deterioró fuertemente el poder de compra, seguramente el productor pensará de qué manera invertir su dinero y cómo no gastar los granos que posiblemente tenga guardados, ya que es sabido tiene que plantear la próxima campaña agrícola.
Ojala que el mercado de los insumos se regule y se produzca una baja de los insumos, al menos en los próximos meses, ya que esto morigeraría el impacto en el bolsillo del productor y por ende en las economías regionales.















