La mesa del diálogo y las estrategias del oficialismo
La crisis económica no cede y el mercado interno es el que más padece los rigores propios del ajuste. Se ha incrementado la ayuda social a los más vulnerables, pero la clase media no logra la recuperación tras meses de inflación, a la que ahora se suma la recesión. Mientras...

L a crisis económica no cede y el mercado interno es el que más padece los rigores propios del ajuste. Se ha incrementado la ayuda social a los más vulnerables, pero la clase media no logra la recuperación tras meses de inflación, a la que ahora se suma la recesión. Mientras obtiene el Gobierno logros macroeconómicos (que espera ver traducidos en inversiones) la economía doméstica sufre.
Ante la situación tal cual está planteada, la Iglesia se mete de lleno en la problemática. El presidente del Episcopado, monseñor José María Arancedo, les planteó al jefe de Gabinete, Marcos Peña, y al ministro de Trabajo Jorge Triaca, la necesidad de avanzar en un diálogo social con empresarios y sindicalistas. Una suerte de mesa social que la oposición también ha reclamado desde que comenzó la gestión de Mauricio Macri, sobre todo de parte del Frente Renovador que cree ver en esto una salida consensuada a la crisis.
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De esta reunión, realizada en la sede del Episcopado Argentino, surgió un comunicado conjunto, en el que la Iglesia y el Gobierno destacaron el valor del diálogo y de los acuerdos entre los sectores de la producción y el trabajo.
Frente al planteo de la Iglesia, el Gobierno comenzó a evaluar una posible convocatoria a empresarios y sindicatos, con vistas a un diálogo social. Algo que, por otra parte, fue parte de su plataforma de campaña pero que formalmente nunca se efectivizó.
Este encuentro se enmarca en dos cuestiones fácticas: la CGT que hace un fuerte reclamo al Gobierno y amenaza con un paro general por el atraso salarial y la pasividad del empresariado que no parece interesado en sumarse al clima de negocios que el propio oficialismo recreó para ellos. Por lo pronto, una lectura posible de los últimos hechos de ayer, permite advertir algún primer afecto de este encuentro y la presunción de que finalmente será convocada la mesa: la CGT, tras confirmar la realización del paro general, retrocedió y lo supeditó a agotar las instancias de diálogo con el Gobierno.
No es la primera, ni será la última movida de la Iglesia mientras se mantenga la crisis. Arancedo ya mantuvo encuentros con la central obrera y también recibió a legisladores del Movimiento Evita -los senadores Teresita Luna y Juan Manuel Abal Medina, y los diputados Remo Carlotto, Leonardo Grosso y Fernando Navarro, entre otros-, quienes le entregaron un proyecto de ley para declarar la emergencia social y de las organizaciones de la economía popular.
Los reclamos cegetistas tiene una base de lógica toda vez que al no reabrirse paritarias en la segunda mitad del año, los salarios quedaron visiblemente atrasados respecto de la inflación, por más que el gobierno insista con que el porcentaje final anual a lo sumo empardará los aumentos acordados; es que todo lo que pueda achicarse el índice en los meses que restan, no tiene real incidencia en el presente para los asalariados. El acumulado que pueda resultar no es un parámetro en este sentido. Al mismo tiempo el empresariado brama contra la gran presión impositiva y de cargas laborales que le achican los márgenes para invertir y retrae la intención de tomar más personal, especialmente en estos momentos en que el consumo no crece por lo cual no hay motivación para aumentar la producción.
En medio de estas posiciones de empleados y empresarios debiera existir un diálogo serio y buena voluntad, con el Estado de por medio, con un rol activo, introduciendo todas las medidas posibles a su alcance para acercar a las partes. Medidas concretas que arrojen resultados puntuales, cuantificables, visibles. Que no estén sujetos a la buena o mala gana de cada sector, porque ya hemos visto que solicitando acciones de palabra la cosa no funciona.
La realidad es que el actual gobierno es dialoguista en la línea gruesa, pero todo parece indicar que la palabra no está resolviendo los problemas. Y en este sentido la Iglesia tiene vasta experiencia, por ejemplo en la terrible crisis de 2002 durante la gestión de Eduardo Duhalde, el Episcopado se ofreció como espacio y se creó la Mesa del Diálogo. La experiencia resultó exitosa, aun cuando la situación es hoy distinta a la planteada. En principio porque hay un gobierno elegido por la voluntad popular y porque la situación general dista mucho de parecerse a aquella. Sin embargo la emergencia del momento también es pasible de ser atendida y el camino puede repetirse.
En este sentido Arancedo consideró importante saber escuchar y discernir, para encontrar caminos de respuesta y superación. Y estimó que la Patria necesita gestos de grandeza y solidaridad, especialmente de quienes más tienen y pueden para superar momentos difíciles.
Cuando decimos que la palabra en función de diálogo por sí sola no resuelve los problemas, es porque creemos que haría falta crear la Mesa de Diálogo, pero que el Gobierno concurra con una estrategia de incentivos para el sector productivo argentino. Un plan que pueda suscribirse comprometiendo a las partes porque a la par que el campo muestra una recuperación, la industria exhibe un retroceso y ni hablar el comercio y los servicios.
Es más probable que el empresariado reaccione favorablemente frente a un incentivo concreto, impositivo o de otro carácter, que se logre algo positivo a partir de medidas restrictivas como en épocas de Guillermo Moreno. Por ejemplo, a tal incremento de la nómina, tal desgravación impositiva.
Según la valorización de la canasta básica total publicada esta semana por el Indec, una familia tipo precisó durante agosto 12.489 pesos para no ser pobre. Suponemos que se refieren a quienes no abonan alquiler, de lo contrario la cifra sería mayor. Con estos importes, muchas familias asalariadas, aun a pesar de estar dentro de la economía formal y sin responder a los parámetros convencionales de la marginalidad, hoy en día son pobres. Es decir, se están fabricando nuevos pobres, algo que va a contramano de todo lo que se dice estar haciendo en el afán de perseguir la meta de Probreza 0.
Los números asustan pero como sobre la base de los números mentirosos del Indec kirchnerista, no se puede comparar con ninguna cifra oficial anterior, no podemos saber fehacientemente si se trata de nuevos pobres o de pobres ocultados y emergidos tras el sinceramiento. Pero el dato numérico de los importes necesarios para estar de uno u otro lado de la línea de pobreza es totalmente real y actual. Ante eso poco hay para decir.
Es claro que para comenzar a hablar de una recuperación económica de la Argentina, que en realidad hace cinco años que no crece, lo primero que se debería encarar es no seguir engrosando el número de la pobreza. Y también es cierto que los sucesivos colchones de precios que se han ido acumulando en el último año terminan siendo la máquina de expulsar familias por debajo de la línea de la pobreza. Por eso el objetivo antiinflacionario es central a la hora de encaminarnos a combatir el problema.
El Gobierno, si finalmente se decide a lanzar una Mesa de Diálogo, pueda quizá, como dijimos, establecer una estrategia para mejorar sustancialmente la situación.
El tiempo y las decisiones oficiales dirán.














