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La marcha a favor de Macri y la adrenalina política

04 de abril de 2017 a las 12:00 a. m.

Tras meses de alta conflictividad social y una ocupación de las calles por parte de sectores opositores al Gobierno, docentes, la CGT, la CTA, los piqueteros, todos con amplias movilizaciones, vino la reacción de los sectores medios y altos de la población que votó un cambio y teme que la resistencia del peronismo termine por torcer el rumbo al Gobierno.

Así nació la marcha del 1A, un 1º de abril para salir a manifestarse, sin aparatos y con una consiga amplia: no llevar banderas partidarias, solo argentinas y defender la democracia, es decir defender el voto que lo dio ganador a Mauricio Macri. Sin embargo, quienes participaron de la marcha en apoyo al Gobierno levantaron diversos carteles y sostuvieron varios motivos de reclamo, ninguno en contra del oficialismo, es claro.

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El Gobierno, que al comienzo temeroso de no reunir un número importante de gente le negó apoyo a la convocatoria, terminó saliendo fortalecido. La convocatoria fue importante en todo el país y le implicó una bocanada de oxígeno a poco del primer paro general al que llamó la CGT. El propio presidente lanzó una filmación agradeciendo a los que salieron a las calles a apoyarlo, y para retocar aun más la grieta dijo que fue una jornada “sin choripán y sin colectivos”, lo que le valió una réplica de la dirigencia gremial.

Y decimos que es oxígeno para el Gobierno, esta suerte de poder mostrar que también pueden ganar la calle, porque para la Argentina esta es una cuestión simbólica muy importante. La calle es peronista históricamente y lograr tener su propia movilización lo fortalece al Gobierno, a punto tal que hubo analistas que afirmaron: “nació el macrismo”, emulando aquello de que un 17 de octubre nació el peronismo.

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Hay distintos análisis respecto de lo sucedido. Desde la consultora Poliarquía dicen: “Este fenómeno atípico de una marcha para defender a un Gobierno ocurrió por el latente temor que amplios sectores de clase media y media alta tienen a una crisis de gobernabilidad y al regreso de un populismo autoritario al poder”.

Porque en realidad lo llamativo de la situación es que se produce en un contexto de dificultades económicas, lo que genera cuestionamientos al Gobierno como reflejan todas las encuestas, pero que se ven neutralizados por el repudio a los paros y las movilizaciones kirchneristas en particular y peronistas en general. Ya que si bien hubo en la movilización un núcleo duro de seguidores de Macri, también participaron sectores que lo cuestionan pero lo prefieren al kirchnerismo o a otros partidos políticos.

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Por eso el Gobierno, que interpreta correctamente este fenómeno, sigue profundizando la grieta en el convencimiento que los que están en la vereda de enfrente no se cruzarán para votarlos, por eso prefieren mantener a quienes ya están en su vereda y que tampoco apoyarían al kirchnerismo.

Lo cierto es que la manifestación le da aire político al Gobierno que venía soportando el mal humor social por los tarifazos y la inflación y que enfrenta una semana clave donde continuará la disputa con los sindicatos docentes y además, de cara al año electoral se refuerza la polarización entre el macrismo y el kirchnerismo, complicando la estrategia electoral del Frente Renovador.

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Precisamente las primeras críticas a la marcha partieron del Frente Renovador antes que del peronismo, aunque luego fue un coro de voces de ambos sectores los que salieron a cuestionar la movilización a favor del Gobierno.

Para el massismo es el PRO el que está atrás de estas movidas a fin de seguir confrontando con el kirchnerismo, sacándolos a ellos de la cancha en este año de elecciones de medio término. Es un sector que está muy tenso en estos tiempos porque la realidad es que el electorado se ha ido polarizando, sobre todo este mes de marzo que recién dejamos atrás. La avanzada opositora en las calles y la réplica de los sectores proclives al oficialismo así lo demuestran y las encuestas muestran que macrismo y kircherismo son hoy los contendientes, en tanto el Frente Renovador ha ido perdiendo aire.

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Es que la estrategia polarizadora que, al fin les conviene a ambos sectores, perjudica claramente al massismo que denuncia ante cada cámara y cada micrófono al oficialismo y eventualmente, a la oposición K por esta cuestión.

Sucede que en esta etapa de nuestra historia, la grieta está más viva que nunca y la posibilidad de una “avenida del medio” que puede ser viable en otras naciones, en la Argentina de estos tiempos se hace difícil; el enfrentamiento entre partidos, movimientos y sectores sociales es hoy una triste realidad que nos divide como nación irremediablemente. Al punto que ni vale la pena escuchar las declaraciones que en una marcha u otra se efectúan, o recorrer las redes sociales, porque es decepcionante ver a qué niveles de enojos y agravios se puede llegar por cuestiones políticas.

En tanto el Gobierno, con una legitimidad re estrenada que le ha dado tener su propia marcha, planea un relanzamiento de propuestas, al tiempo que comienza la campaña electoral, buscando aminorar el costo de no haber podido cerrar conflictos como el docente o el de las paritarias con la CGT.

 

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La Argentina sigue viviendo días de adrenalina política, en este año electoral que recién comienza…

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