La marcha a favor de Macri y el paro de la CGT: comenzó la batalla
En una Argentina donde todo tiene que ver con todo, el presidente Mauricio Macri, renovado en su oxígeno por la movilización del sábado en favor de su Gobierno, comenzó a cambiar su actitud frente a la oposición, a endurecer posturas y, sobre todo, a salir a pelear en contra del primer paro nacional que la CGT convocó para mañana.
En un durísimo discurso el mandatario lanzó: No podemos aceptar más comportamientos mafiosos en la Argentina (.). Están en los sindicatos, en las empresas, en la política, en la Justicia. Por suerte son minoría, pero tenemos que combatirlos porque no podemos aceptar que nadie se crea el dueño de este país ni el dueño de nuestro futuro y con el derecho de poner palos en la rueda sistemáticamente.
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Fue el lunes a la mañana, en el Salón Blanco de la Casa Rosada, donde presentó el acuerdo federal para la construcción de 100.000 viviendas. Los dirigentes gremiales saben que detrás de estas palabras viene una andanada de denuncias mediáticas, referidas a las décadas en que están enquistados en las organizaciones, el patrimonio abultado de más de uno de ellos. Un carpetazo que esperan y se preparan para repeler. Por eso los dirigentes cegetistas respondieron inmediatamente y desafiaron al presidente a denunciar esas mafias si las hay. La respuesta a la acusación de mafiosos, palabra dura si las hay, llegó rápida también. El presidente ha estado involucrado en escándalos que salpican a su gobierno y que no han dejado en claro el entramado de negocios detrás del Poder Ejecutivo, respondió Juan Carlos Schmid, miembro del triunvirato cegetista.
Macri está molesto con un paro que, según dice, no se entiende y con el apoyo que sintió en la marcha no solo endureció su discurso sino que comenzó a hablarles a los que lo votaron en este nuevo tono combativo. Atrás quedó la gestión que llamaba continuamente al diálogo, para avanzar contra el sindicalismo. Quiero decirles a los argentinos hoy, con más convicción que nunca, que voy a dar esa batalla y le vamos a sacar el poder a cada uno de esos mafiosos, porque no construyen futuro, porque a ellos les ha ido bien con este modelo que ha acumulado pobreza, entonces no quieren realmente trabajar por los laburantes, por la gente, por el futuro, agregó. Y como para poner una pica en Flandes dijo que el costo del paro para el país será de 15.000 millones de pesos, una cifra que todos los medios repitieron en los programas políticos de los canales de aire y de cable.
Paralelamente y con el ejército de trolls oficialistas lanzaron en Internet y otros medios electrónicos a los que son tan afectos la consigna Yo el 6 no paro, intentando dividir la protesta, lo que sería un logro muy importante para el Gobierno. Una tarea muy compleja teniendo en cuenta que a este paro nacional se han plegado los gremios del transporte y es claro que la falta de medios para concurrir al empleo garantiza el éxito de la huelga, sobre todo en los grandes centros urbanos.
La realidad es que para el sindicalismo no es tampoco una situación sencilla, ya que pese a las paritarias a la baja, dilataron la posibilidad de un paro general durante meses, con el convencimiento de que no había llegado el momento. No escapa al análisis que en medio de las presiones de las bases de trabajadores, los sindicalistas recibieron ya la primera cuota de los fondos de las obras sociales, una caja millonaria que Cristina Kirchner les sacó la administración y no se las devolvió durante su mandato.
La problemática sindical se divide entre el mal humor de las bases que reclaman recuperar los puntos que perdieron por la inflación del año pasado y el avance de la izquierda en los gremios, la dirigencia tradicional se ve jaqueada a punto tal que en el pasado acto, frente al Ministerio de la Producción, fueron insultados, abucheados y debieron salir corriendo del palco en medio de botellazos y trompadas. Un papelón humillante para líderes de la poderosa CGT, correr en medio de los cánticos poné la fecha, la p que te p .. Ya que la tribuna esperaba que se anunciara el paro general y en esa oportunidad solo se hizo la movilización que, por otra parte, fue muy populosa.
Según un funcionario que dialoga a diario con los sindicalistas, muchos de ellos intentaron bajar el paro, pero están presionados por la izquierda y ninguno de ellos es Hugo Moyano, que podía golpear la mesa y decidir algo aun con oposición interna fuerte. Y es posible que tenga razón, el triunvirato cegetista ni juntos reúnen el poder que supo tener el camionero, hoy dedicado al fútbol en el Club Independiente y en la AFA.
La estrategia oficial es negociar pactos sector por sector para tratar de seducirlos y mientras tanto mezclar a los gremios que impulsan la medida de fuerza con Cristina Kirchner y el gobierno anterior, cuando es bien sabido que muchos estaban distanciados de la exmandataria desde hace varios años. También el Gobierno monitorea la adhesión del paro, sabiendo que es trascendental la actitud de la Unión Tranviarios Automotor, que conduce Roberto Fernández y que prometió jugar fuerte, y los partidos de izquierda, que ya ultiman detalles para cortar los principales accesos a la ciudad desde temprano. Porque las palabras del presidente han funcionado como un combustible para motorizar más el paro. Porque si antes lo hacían apretados por las bases, hoy comprenden que deben garantizarlo en defensa de sus propios sillones sindicales que el oficialismo amenaza con sacudir. Todos los sindicalistas han escuchado los rumores del Ministerio de Trabajo que la idea del macrismo es producir una renovación en los gremios.














