La inseguridad nuestra de cada día
Como un pan amargo, todos los días nos seguimos desayunando y recibiendo (cuando no siendo protagonistas) noticias sobre inseguridad en nuestra ciudad. Cuando no es una entradera en una vivienda, es una salidera bancaria, los robos de motos están a la orden del día, los arrebatos de carteras son cosa de todas las jornadas.
Y en esta inseguridad permanente se ha visto una evolución altamente negativa en lo que hace al delito local: de la amenaza se pasó al arma blanca y ahora ya los hechos se caracterizan por el uso de armas de fuego. Esto enciende alarmas, no porque no estemos atentos a la problemática local, todo lo contrario, sino justamente porque vemos cómo la situación va escalando y cuando hasta un arrebato de cartera incluye un arma de fuego contra una mujer de edad indefensa, estamos en un problema cada vez más agudo.
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Porque del uso del arma de fuego al crimen en ocasión de robo hay otro paso que estamos más cerca de dar, como ha sucedido paulatinamente en los grandes distritos donde la inseguridad ya hace estragos. Cuando se ve con claridad que un proceso, una modalidad, se va arraigando hasta el punto de naturalizarse, si no se toman decisiones a tiempo, no hay ninguna posibilidad de no terminar peor.
Vemos que la gobernadora María Eugenia Vidal ha hecho una gran inversión para mejorar la situación de la Policía y advertimos, cuando días pasados comentamos esta información, que el personal policial era el mismo y que solo con el equipamiento no se logra mejorar la tarea policial que depende del equipo humano. Pero con esta lana nos toca tejer mientras se van buscando recambios policiales y se llega a objetivos más de fondo.
Sin embargo el esfuerzo de las autoridades políticas, en el caso de Pergamino, del intendente Javier Martínez, debe enfocarse en la tarea preventiva exigiendo más a la Policía, de manera directa y a través de las autoridades provinciales, con las que comparte el espacio político, y colaborando con las patrullas municipales, sin retaceos. Esas mismas que durante un tiempo habían mermado su función pero que en las últimas semanas volvieron a verse con mayor presencia en las calles, esperemos que para quedarse, porque es allí donde se las necesita.
Tengamos en cuenta que lo que más reclamamos en estas horas es la prevención del delito, una tarea en la que la patrulla cumple una función importante, especialmente disuasiva, toda vez que lo que debemos tratar de evitar es que el delito, ya que una vez que se produce, podemos encontrar o no a los ladrones, pueden ir a juicio y pagar o no su fechoría, pero el vecino ya pasó el pésimo momento, violencia de por medio, por la inseguridad, el despojo y todo lo que trae consigo.
Y decimos que la fechoría se puede pagar o no por parte del delincuente, porque no ignoramos que muchas veces la Justicia es lenta y las garantías tantas para los acusados, que muchas veces el delincuente entra y sale de tribunales como si fuese un hombre honesto. Obviamente que las garantías en juicio son necesarias, precisamente para que no se cometan errores con quienes son vecinos que no cometen delitos, pero al fin son aprovechadas por los cacos para hacerse su agosto. Y es así como vemos tantas veces que detienen a quien tiene frondosos antecedentes y nos preguntamos ¿si tenía tantos antecedentes qué hacía libre y robando nuevamente?
Sin dudas la Comuna como el centro político de decisiones de nuestra ciudad, debiera aprovechar los nuevos aires que derivan de la reestructuración policial, para lograr alguna mejoría en la seguridad local, que va tornándose cada vez más preocupante. Ponerse al frente de un problema que es acuciante para los vecinos, quienes colaboran con la colocación de rejas, alarmas, tienen perros guardianes en sus viviendas; ya no recorremos las calles libremente, al contrario, nos fijamos la hora y los lugares por donde circular a pie. Si es de noche ni por la Peatonal se puede pasear, si es la hora de la siesta los cacos se trasladan a las inmediaciones de los clubes, en la avenida los arrebatos son permanentes y están a cargo de motochorros, sin tener en cuenta el horario o el lugar. Basta preguntar a quienes esperan el colectivo, a cualquier hora del día, en la Avenida de Mayo, sin ir más lejos, los arrebatos que padecen o ven tan seguido.
Sabemos que el delito cero no es viable porque el ser humano tiene su lado oscuro y para eso existe la Policía y la Justicia, ni aquí ni en ninguna otra ciudad de la Argentina, sin embargo Pergamino viene con un triste récord en años anteriores: las estadísticas de la Procuración bonaerense ubican a nuestra ciudad en el tope de ciertos delitos en proporción de habitantes de la provincia. Para aclarar el concepto, no es que en Pergamino haya más delitos que en La Matanza sino que de acuerdo a la cantidad de habitantes que tenemos el nivel de robos es más alto que en el resto de los distritos.
La verdad es que si hay un aspecto donde queremos ver un cambio y para mejor, es en la inseguridad, nos preocupa, nos genera temores. Pretendemos recuperar la posibilidad de ir al banco sin miedo a una salidera, a ingresar el auto al garage sin miedo a una entradera, caminar por las calles y las avenidas sin ir mirando hacia atrás por si viene una moto con dos personas y ya nos ponemos tensos pensando que nos van a arrebatar la cartera. Tener la tranquilidad de que nuestros hijos puedan circular sin temor a que les roben la mochila, la campera, las zapatillas, la bicicleta.
Queremos mayor prevención al delito.














