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La inmediatez, un mal de época que no deja proyectar

Un grupo de científicos de la Oficina Internacional de Pesas y Medidas se prepara en París para definir con mayor precisión cuánto dura un segundo. Lo harán con la ayuda de relojes atómicos. Según los expertos, el cambio podría ayudar a entender algunos misterios del universo, pero no impactará en...

24 de junio de 2022 a las 12:00 a. m.
La inmediatez, un mal de época que no deja proyectar

Un grupo de científicos de la Oficina Internacional de Pesas y Medidas se prepara en París para definir con mayor precisión cuánto dura un segundo. Lo harán con la ayuda de relojes atómicos. Según los expertos, el cambio podría ayudar a entender algunos misterios del universo, pero no impactará en la vida cotidiana de las personas. Es que, inmersas en la cultura de la inmediatez, es casi seguro que seguirán preocupadas por responder al instante el mensaje de WhatsApp que acaban de recibir.

"La cultura de la inmediatez me ha hecho mucho daño: si no me respondes en un lapso arbitrariamente pequeño inventado por mí en WhatsApp, automáticamente pienso que me odias y te he molestado con mis mensajes", admite una joven usuaria de esa aplicación que intenta hacer catarsis en Twitter. Otro entusiasta de la misma red social coincide con la observación y asegura que cada vez soporta menos la idea que sostiene que si no se responde al instante un mensaje es porque no hay interés.

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Los servicios de mensajería instantánea son un reflejo de la época que vivimos. Un período en la historia donde la tolerancia a las adversidades casi siempre es baja y donde nadie parece ser capaz de gestionar las limitaciones pensando en el bien común. El momento que vivimos bien se podría sintetizar en la frase: "Lo queremos todo y lo queremos ya". El fenómeno es global aunque, claro, tiene sus matices en cada sociedad. A nivel regional resulta interesante analizar el caso de Chile, donde la impaciencia de una ciudadanía que sufrió durante varios años las políticas económicas impuestas por Pinochet, que dieron como resultado estabilidad económica pero con altos indicadores de desigualdad, se traduce por estos días en una demanda de mayor rapidez en las respuestas a la administración del presidente Gabriel Boric, cuya popularidad se desplomó en el segundo mes de su mandato. Es probable que, frente a la enorme expectativa que generó en la ciudadanía chilena el joven mandatario, los desaciertos en su corta gestión de gobierno hayan contribuido en buena medida al aumento de la desaprobación de su figura; pero no sería descabellado plantear que la paciencia y la tolerancia a la frustración que caracterizan a las sociedades actuales también hayan jugado en su contra.

Los procesos de transformación llevan tiempo. En el mundo real nada se logra de la noche a la mañana. Y aunque todos sabemos que en cuestiones económicas y sociales se necesita cierto tiempo para obtener algunos resultados, no son pocos los que se dejan llevar por vendedores de espejitos de colores que prometen soluciones mágicas, insólitas, o incluso peligrosas para los problemas más graves de la sociedad.

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Si lo que se busca constantemente es el corto plazo, entonces lo más probable es que se obtenga una mayor insatisfacción. En todo caso, más que pretender que todo se solucione en forma inmediata, sería más razonable exigir reglas de juego claras que aporten más certidumbre para todos los sectores de la sociedad.

En el mundo de hoy, que no termina de salir de una pandemia pero que ya padece los efectos de la guerra en Europa del Este, es importante tener en claro que para que algunas cosas se concreten se necesita tiempo.

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En junio de 1930, el economista John Maynard Keynes llegaba a la ciudad de Madrid para brindar una conferencia que tituló "Perspectivas económicas para nuestros nietos". En esa ocasión, Keynes -el mismo que alguna vez dijo "en el largo plazo estaremos todos muertos"- convocó al público que participó en la charla a pensar más allá de la coyuntura y a animarse a moldear el futuro hasta donde sea posible.

Es importante promover una ciudadanía que apueste al diálogo, crea en los proyectos a largo plazo y confíe en las instituciones de la democracia. No faltarán quienes, en estas horas difíciles para el mundo y para nuestro país, alienten la impaciencia y la intolerancia, sabiendo que serán los únicos que se beneficiarán de la cultura de la inmediatez, de las situaciones confusas y las desavenencias.

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