La importancia de la cumbre climática en París
Los líderes mundiales se encuentran en una París, todavía golpeada por los ataques del 13 de noviembre, para intentar avanzar en la lucha contra el cambio climático, uno de los temas de agenda más importante del mundo, junto al terrorismo internacional.
En realidad, los gobiernos del mundo ya se comprometieron a recortar las actividades humanas que liberan gases de efecto invernadero, como la quema de combustibles fósiles. Pero esa no es la solución al problema. La dificultad está en conseguir que 195 países acuerden cómo lidiar con el asunto del cambio climático. Cada año, desde 1992, se celebra la conferencia de las partes con los negociadores tratando de componer un plan práctico. Este año, en París, es la última oportunidad para este proceso. Los negociadores dispusieron en 2011 que el acuerdo definitivo debía adoptarse antes del fin de 2015. El problema es que los intereses cruzados de los distintos países que concurren a la cumbre han impedido hasta ahora que se puedan aplicar correctivos seriamente en lo que hace al control de los daños climáticos. Las partes creen que, a pesar de esta enorme limitación, es la mejor manera de garantizar un resultado justo: todos compartimos el planeta, así que todos deberíamos tener una voz con el mismo peso respecto a su futuro.
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Muchos se preguntan por qué se llama COP21 y es que se trata de la forma abreviada del inglés para la vigésimo primera Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático. Este larguísimo título fue creado en la cumbre celebrada en 1992 en Río de Janeiro, donde por primera vez se reunieron los países preocupados por el cambio climático. Allí se acordó una convención que entró en vigor en 1994 y que ha sido suscrita por 195 países. La clave del acuerdo está en la estabilización de los gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que evite la interferencia humana dañina en el sistema climático.
En plan de sinceramiento, todo lo que nos rodea: el teléfono o computadora, lo que comemos, la ropa, casi todo lo que vemos ha sido cultivado, construido, transportado con energía que viene de combustibles fósiles. Han sido de enorme utilidad para el desarrollo de la humanidad, permitieron la industrialización, el desarrollo, sacar a millones de la pobreza. Pero está bien documentado que el dióxido de carbono que se genera tiene un efecto invernadero; es decir, atrapa el calor en la superficie del planeta.
Según los científicos, es impredecible el impacto que tendrá en el clima el hecho de que la media de la temperatura de la Tierra supere 2 ºC la de los tiempos previos a la industrialización. Y estamos ya a medio camino de ese peligroso punto.
Así que el propósito de París es trabajar una manera de limitar las emisiones de esos gases, mientras se permite que los países puedan seguir creciendo y se les ofrezca ayuda a los menos desarrollados y más afectados por la subida de las temperaturas.
Es un tema muy complejo, pero de lograrse avances es probablemente el acuerdo de cooperación más ambicioso jamás planteado.
La diferencia que puede hacer la cumbre es potencialmente enorme. En los años 80, los científicos descubrieron el agujero en la capa de ozono y el acuerdo alcanzado en Montreal, Canadá, estableció la manera de atajar el problema. Rápidamente, el mundo dejó de usar los destructivos gases que causaron el problema y en la actualidad el agujero se está cerrando. El cambio climático requiere un método similar, pero a una escala mucho mayor. Un acuerdo ambicioso en París limitaría los gases de efecto invernadero y pondría al mundo en el camino hacia la reducción del impacto del cambio climático.
No se puede elegir entre combatir el terrorismo y luchar contra el calentamiento global, ha dicho el presidente de Francia, François Hollande, en la apertura de la cumbre del clima COP21 que ha arrancado en París. Estamos ante dos grandes retos que tenemos que afrontar. Tenemos que dejar a nuestros hijos algo más que un mundo libre del terror; les debemos un planeta protegido de los desastres, un planeta viable y vivible, ha declarado el anfitrión de la cumbre de Naciones Unidas.
Tenemos que actuar ahora para evitar un cambio climático catastrófico, ha dicho por su parte el Príncipe Carlos, invitado de honor en la apertura de la cumbre de París. El heredero de la corona británica se ha referido al cambio climático como el factor que está agravando todas las crisis y todos los conflictos.
Será muy importante la postura de Estados Unidos frente a la problemática porque, hasta el momento, ha sido una nación refractaria y llegar a acuerdos definitivos en estos temas, por la cantidad de empresas que tienen y los capitales que hay en juego si cambian la reglas.
Pero la ambiciosa predisposición de una importante parte de los países participantes hace pensar que es posible lograr los objetivos marcados: reducir en las emisiones de gases de efecto invernadero en un 40 por ciento en 2030 y un 60 en 2040 con respecto a lo establecido en 1990, y limitar el incremento de la temperatura global en menos de 2º C.
De las decisiones de esta cumbre depende en buena parte el futuro planeta que les dejemos a las futuras generaciones.














