La hacendada temía morir envenenada y en la familia todos desconfiaban
Las empleadas encargadas del cuidado de Zulma Estallo Sánchez coincidieron en la desconfianza de la millonaria hacendada en que la envenenen que siempre hacía volcar los vasos con líquidos y se hacía servir uno nuevo. Explícitamente, les decía que en cualquier momento le agregarían algo a su comida o a...

Las empleadas encargadas del cuidado de Zulma Estallo Sánchez coincidieron en la desconfianza de la millonaria hacendada en que la envenenen que siempre hacía volcar los vasos con líquidos y se hacía servir uno nuevo.
Explícitamente, les decía que en cualquier momento le agregarían algo a su comida o a su bebida para provocarle el deceso y cobrar en forma anticipada la herencia.
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Desconfiaba de los familiares que la habían tomado bajo su cuidado y que luego quedaron favorecido por el legado.
En estos días se está desarrollando el juicio generado por la denuncia de la hermana de la adulta mayor fallecida.
Leonor Estallo Sánchez denunció que a la hermana le habrían hecho firmar un testamento para favorecerse con un legado millonario en bienes inmobiliarios rurales y urbanos en varias ciudades y zonas agrícolas productivas de nuestro país.
La denuncia de Leonor ha generado que en estos días ocupen el banquillo de los acusados en un juicio oral la nuera; dos nietas y una profesional.
Los relatos son coincidentes en la permanente persecución a que atenten contra ella.
Pero no era la única desconfiada ya que una de las sobrinas nietas también cumplía el ritual de vaciar un recipiente y colocar nuevo líquido antes de ingerir una infusión.
En varias oportunidades vació la pava y colocó agua directamente del grifo antes de prepararse un mate.
Nadie tomaba de un vaso que le hubieran servido fuera del alcance de sus ojos y lo volvían hacer llenar delante de ellas antes de ingerirlos.
Así lo revelaron los testigos que comparecieron en el juicio oral en las audiencias de debate al contar como se vivía en esa propiedad donde residía la mujer con un legado de 500 hectáreas de campo en Urquiza; 2.500 hectáreas en La Pampa y departamentos y casas en Pergamino; Mar del Plata; Caba; Mendoza y otras ciudades argentinas.
El temor a sufrir un atentado de sus propios familiares estaba instalado en el ambiente y todas desconfiaban de sus propias sombras. La adulta mayor estaba aislada y en el aire se respiraba una sensación que esperaban la muerte para beneficiarse económicamente y no depender de sus decisiones.
Es lo que surge de las declaraciones de testigos, principalmente las mujeres encargadas de su cuidado; quienes presenciaron discusiones; escenas gestuales y verbales conmovedoras y reproches en los que se cuestionaban los posibles envenenamientos.














