La economía mundial, también víctima del coronavirus
A esta altura ya es posible afirmar que la expansión del coronavirus es claramente el mayor riesgo que hoy presenta el crecimiento económico mundial y la principal fuente de volatilidad para los mercados internacionales. También se trata de un blanco en movimiento dado que es casi imposible predecir cuál será exactamente el grado de divulgación del virus en los próximos meses. Esta incertidumbre también es una de las razones por las que hasta el momento tanto a los mercados como a los gobiernos del mundo les ha costado tanto calcular cuáles serán efectivamente los impactos económicos de este fenómeno.
En un primer momento, el impacto económico del Covid-19 parecía que iba a concentrarse en China, epicentro del virus y país con mayor número de personas afectadas. Considerando que China es en la actualidad la segunda economía mundial y el país que más contribuye al crecimiento global, ya desde sus inicios era posible esperar un impacto considerable en la economía internacional. Se estima que como resultado de las estrictas medidas de control impuestas por el gobierno chino (el país ha estado literalmente paralizado durante el último mes) la economía del gigante asiático sufrirá una desaceleración importante en el primer trimestre.
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Sin embargo, la situación ha cambiado en la última semana, cuando aparecieron nuevos focos de infección fuera de China, dejando en claro que el impacto del Covid-19 no estará limitado a la segunda economía del mundo, sino que también va a afectar a otros países en Asia, Europa y Oriente Medio. Entre los más afectados por esta nueva onda de expansión están Corea, Japón e Italia, todos países con representatividad y peso dentro de la economía mundial. Y se espera que el virus se expanda aun más, colocando en riesgo a las otras economías de Europa y a Estados Unidos, en donde se viene asistiendo a un número creciente de casos.
La reacción de los mercados ante esta nueva situación no se hizo esperar. Los principales índices bursátiles registraron caídas considerables durante la semana pasada, previendo la desaceleración de la economía global. El índice S&P 500 sufrió una caída del 11 por ciento en cinco días, el peor resultado semanal desde octubre de 2008, cuando se inició la crisis financiera internacional con la caída del Lehman Brothers. Previendo las disrupciones en las cadenas globales de valor, el Dow Jones Industrial cayó un 12 por ciento durante la semana pasada, a su nivel más bajo desde junio pasado. Esto llevó a que la Reserva Federal de los Estados Unidos anunciara una baja de la tasa de interés de emergencia dado que el virus y las medidas que se están tomando para contenerlo seguramente pesarán en la actividad económica, tanto en Estados Unidos como en el extranjero.
Hay tres letras que todos los analistas repiten estos días: la V, la U y la L. Cada una describe una potencial curva de evolución de la economía en tiempos de coronavirus.
La V augura una caída rápida seguida de un crecimiento igual de rápido. Las fábricas chinas están cerradas y los contenedores con productos no salen de los puertos. Las cadenas globales de suministro se han ralentizado, pero en cuanto el país se ponga en marcha todo volverá a ser como antes: las empresas que importen de China estarán ávidas de material y la demanda embalsada (la que no compraba porque no había oferta, no porque no quisiera) hará que la recuperación sea rápida. Esta es la hipótesis que más se repetía hasta principios de la semana pasada.
La U se parece a la V, pero es más lenta. La caída ya sabíamos que iba a ser rápida, así que la primera pata de la V la conocíamos, apunta Ernesto Dos Santos, economista español. Pero hay riesgo de que la recuperación no sea tan rápida. Si la subida nos cuesta un poco más, la curva se parecerá a una U. Esta es la hipótesis que empezaba a deslizarse a finales de la semana pasada.
La L es la más catastrófica de todas: una caída fulgurante seguida de una lentísima recuperación. Esta teoría apenas tiene peso de momento: algunas fábricas reabren en China y el número de infectados y fallecidos en Europa aún está lejos de las cifras del país asiático.
Yo creo que como mucho será una U. Dependerá de la evolución y reacción de los gobiernos, de si se ponen todos de acuerdo en los estímulos fiscales para ir más rápido, añade la profesora e investigadora económica Mariam Camarero, de la Universidad Jaume I.
Las principales fuentes inmediatas de preocupación son los efectos en el turismo y los precios de los productos básicos, especialmente el petróleo. Con la mayoría de los vuelos directos dentro y fuera de China ahora cancelados por semanas o incluso meses, las economías del sudeste y noreste de Asia sufrirán un golpe importante.
En gran parte de Asia, los viajeros chinos representan el 30-50 por ciento de los ingresos del turismo internacional.
Al mismo tiempo, el turismo en Europa ya está siendo afectado, producto de los nuevos focos de infección. Diversos eventos deportivos, lugares turísticos, museos y ferias internacionales han sido temporalmente cerrados o cancelados, sin previsión clara de cuándo reabrirán.
En el caso del petróleo, el precio del llamado oro negro ha sido una de las primeras víctimas económicas del Covid-19, cayendo al nivel más bajo en los últimos 12 meses y perforando la semana pasada el piso de 50 dólares por barril.
Otros productos básicos como el hierro y cobre seguramente sufrirán producto de la desaceleración del sector de la construcción en China y otros países de Asia.
En el caso de Argentina, más allá del precio del petróleo, el sector agrícola y en especial la soja será uno de los más afectados, producto de la desaceleración de la economía China.
El gigante asiático representa aproximadamente el 7,3 por ciento del total de las exportaciones argentinas. Un menor crecimiento en China implicará necesariamente un menor consumo de soja y carne, principales productos de exportación de nuestro país. Tan solo en enero las exportaciones de carne bovina a China cayeron a 34.415 toneladas, un 30 por ciento menos que en diciembre último. Por carácter transitivo, aun habiendo aumentado el porcentaje de las retenciones, el Estado percibirá muchos menos recursos vía recaudación impositiva- de lo esperado, lo que redundará en la imposibilidad de cubrir lo presupuestado.
Si bien es difícil prever cuál será el impacto exacto, ya es posible concluir que el Covid-19 tendrá un efecto más que significativo en el desempeño de la economía mundial a lo largo de este año.
Será necesario acompañar de cerca los acontecimientos en las próximas semanas así como las medidas de estímulo que los gobiernos del mundo adopten para evitar una mayor desaceleración.














