La diversidad: entre los derechos y el prejuicio, la tarea de evolucionar
Argentina se ha convertido en el país de las posturas antagónicas y esto se expresa tanto en el hacer de la política como en el comportamiento de la propia sociedad frente a determinadas situaciones de la vida de relación.
En el mismo país en que la máxima autoridad, el presidente, encabeza el acto en el que se entrega a una persona trans el documento número 9.000 con datos rectificados según su identidad autopercibida, una pareja de homosexuales es agredida a golpes en un local de comidas rápidas en plena Capital Federal. Dos caras de una moneda que muestra por un lado la voluntad de legitimar y restituir derechos mediante actos de reparación que dan cumplimiento a lo establecido en la Ley de Identidad de Género. Y por el otro, la intolerancia que aún se expresa en la base misma de la sociedad, segregando y discriminando por la preferencia sexual de las personas.
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Es parte de esta misma realidad el hecho de que a pesar de estar previsto en la normativa vigente, en muchos lugares- incluido Pergamino- no se aprueba el cupo laboral trans, cuando esto significaría posibilitar que personas con distintas identidades de género accedieran a puestos de trabajo y muchas de ellas salieran de las calles donde ejercen incluso la prostitución porque las puertas del mercado laboral se cierran abriendo paso solo a la discriminación que irrumpe de manera irremediable.
Pasa lo mismo con el sistema de salud. Por un lado, Pergamino aparece en el mapa diseñado por la Provincia de Buenos Aires donde funcionan espacios de atención amigables con el colectivo Lgtbi. Y por otro, son varios los efectores del sistema que aún siguen observando la realidad de esta población con una mirada prejuiciosa de connotación muy negativa.
Algo similar sucede en los espacios educativos que mientras discuten si se aplica o no la ley de educación sexual integral poco espacio dejan no solo para albergar la realidad de la infancia trans sino para pensar y plantear la diversidad como la regla de convivencia y no como la excepción.
Se habilita el lenguaje inclusivo, pero se cierran las puertas de una inclusión genuina de los que piensan, sienten o se identifican de manera diversa.
Pareciera que la acción de la política que transformó en una cuestión de Estado un acto en la Casa Rosada la reparación de un derecho, no alcanzara a hacerse carne en una amplia porción de la sociedad que sigue viendo a la diversidad como algo ajeno, sin comprender el complejo universo que rodea a las personas que definen su identidad de género por fuera de los márgenes establecidos por una comunidad que se empecina en sostener el statu quo.
A la luz de los blancos y negros que muestra la sociedad en relación a la diversidad, pareciera que la política y la gente estuvieran divorciadas en su sentir. Más allá de que hay quienes aseguran que detrás del acto en el que Isha Escribano recibió su documento de identidad se jugó una carta de marcado contenido político y de revancha hacia un sector del periodismo históricamente enfrentado a esa fuerza política- no hay que desconocer que Isha Escribano pertenece a una familia vinculada al Diario La Nación- lo que representó la entrega de ese DNI fue un acto de reparación de un valor inmenso que debería ser leído como mensaje para evitar la discriminación y el juicio de valor sobre determinadas cuestiones que hacen a la vida personal e íntima de las personas, pero también al colectivo social porque definen un momento histórico de reivindicación que invita a la pluralidad y al respeto a la diversidad en cualquiera de sus expresiones.
Lo que marca el termómetro de la calle indica otra cosa. Muestra que aún se está lejos. Y esto se traduce en muchos escenarios de la vida social. Prejuicios, violencia se imponen como manifestaciones de concepciones primitivas que quedan obsoletas a la luz de las nuevas realidades.
Los blancos y negros, la estrecha mirada hacia los grises, los contrastes que tienen severas consecuencias para la evolución de la sociedad, señalan que queda aún un largo camino por transitar. Que así como las 9 mil personas que han podido acceder a un documento que les reconoce y legitima su identidad de género, hay infinidad de personas pertenecientes al colectivo Lgtbi que resultan invisibles para la sociedad, que viven ignorados o lo que es peor expuestos a una mirada que no acompaña el imperativo de la hora que convoca a dejar atrás la postura binaria para abrirse a la pluralidad y a la diversidad. Algo que nos engrandece como sociedad por el solo hecho de respetar al otro en su individualidad y en sus deseos. También en sus derechos que no son distintos que los que asisten al resto de los argentinos acostumbrados a vivir en un país tan controversial para el abordaje de ciertas discusiones que deberían ya estar sencillamente saldadas.













