La crisis sigue pero el campo tiene la llave
El dólar subía ayer sin freno hasta que el Banco Central salió a realizar una nueva subasta y ofreció 300 millones cuando la divisa ya tocaba los 31,57 pesos en el mercado mayorista y los 32,14 en el minorista. Al fin, tras colocar 100 millones de dólares a 31,21 pesos, logró bajar la cotización a 31,31, todavía 37 centavos más que el día anterior pero en el mercado de las grandes empresas. En cambio esa baja aún no se reflejaba en los bancos, donde el dólar subía entre 50 centavos y un peso. A su vez, el blue tocó los 34 pesos.
El lunes, el Banco Central había vendido 210 millones de dólares para contener la divisa, pero al día siguiente vuelve a dispararse. Porque no se logra recuperar la confianza en el país ni en el Gobierno. Hasta el viernes la estrategia del Banco Central era no intervenir salvo que se disparara la cotización para no perder reservas, porque no deja de ser un problema muy serio vivir liquidando reservas para aquietar la divisa. Pero la suba en el arranque de esta semana convenció a la entidad que conduce Luis Caputo a ofrecer para calmar un poco a los mercados. En fin que estamos en una situación financiera muy difícil.
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Cierto es que si la suba del dólar no impactara tanto en el mercado interno, haciendo escalar la inflación en espiral (una característica argentina que no se reproduce en otros países de la región) no nos preocuparía tanto, y podríamos ver el único lado positivo que tiene esta enorme devaluación: licua deudas internas.
Y en este marco es el campo el que, una vez más, nos acercará algo de salvación, ya que en una balanza comercial profundamente desequilibrada, nueve de cada 10 dólares que ingresan al país los pone el agro. Así de simple.
La verdad es que necesitamos desesperadamente de esos dólares del campo, que ahora son prácticamente los únicos que ingresan a nuestro país. Obviamente que es importante que se liquiden los granos con un menor nivel de especulación, por la dramática situación que pasamos. Recordamos en mayo de este año la arenga de Elisa Carrió, quien a viva voz, en la televisión, salía a reclamarle al sector: Nosotros acompañamos al campo en los momentos difíciles, bajamos las retenciones, la sociedad acompañó ahora les digo a ellos: No retengan la soja, empiecen a liquidar para que ingresen divisas. ¡Hagan patria!. Lamentablemente cada vez necesitamos más de los dólares de la producción primaria, cada vez somos más dependientes del campo, mientras no logremos como hemos planteado en otras oportunidades- un desarrollo sustentable de nuestra agroindustria. Huelga decir que, como están las cosas, los meses por venir no estarán precisamente caracterizados por un crecimiento del sector industrial. Tampoco se incrementará el PBI, como se pensaba, a través de las inversiones público privadas en infraestructura, al estar la mayoría de las empresas del ramo bajo el influjo judicial de los cuadernos K. Solo nos queda el campo como fuente de recursos genuinos para el barco no naufrague.
Por eso, más que nunca, hay que acompañar al campo, con todas las medidas que sean posibles, aunque sea de modo temporal. Y prender unas cuantas velas para que el clima acompañe las necesidades de siembra y cosecha. Entre otras medidas que puede tomar el Gobierno, como principal socio en el éxito del agro, es que por el momento no detenga la baja paulatina de retenciones que se viene haciendo, y seguir el esquema gradual de reducción del 0,5 por ciento mensual a las retenciones a la soja que comenzó a aplicarse el 1º de enero y que se extenderá hasta diciembre de 2019. Porque además en el país no hay un mecanismo financiero viable que esté interesado en el agro, lo cual representa un problema muy serio para un país que prácticamente vive de la producción primaria.
Las dificultades que atravesamos este año, que marcó la diferencia con respecto a años anteriores, se dan en primer lugar por las consecuencias de la sequía que dejó unas 20 millones de toneladas menos para comercializar. Y en segundo lugar las fuertes lluvias que se vienen presentando desde principios de abril que retrasaron la cosecha, la entrega, la logística y generaron condiciones de merma de calidad. En fin que deberemos prender más velas al clima, porque son muchas cosas que dependen de esta cuestión. Es más, este año según todos los cálculos tendremos una cosecha mucho más importante, precisamente, porque no tendremos el drama de la sequía.
El campo se queja porque considera que en nuestro país se lo ve como un sector altamente rentable, pero pareciera que el sector no es el que genera la riqueza suficiente para la Argentina. Y la verdad es que estamos en un cuello de botella muy difícil y no es quizás el momento para estos cuestionamientos. Además que por ahora, alcance o no, la generación de la riqueza y la posibilidad de crecimiento de la Argentina está basada en el agro.
En el caso de Pergamino, centro de un corredor claramente agropecuario, sabemos lo que el campo es capaz de ofrecer bien administrado. Y la verdad es que ahora les están bajando retenciones pero paralelamente han padecido la suba de impuestos y cargas provinciales y no reciben como contrapartida el acompañamiento necesario para un sector que, en definitiva, nos está sacando las papas del fuego en medio de una corrida financiera que venimos sosteniendo hace meses con las reservas del Banco Central.













