La compleja situación económica y la falta de unidad
Hasta mediados de la década del 70 Argentina fue el país que tenía el mayor nivel de industrialización y de integración social de América Latina. En aquellos años, el 8 % de la población era pobre y la desocupación no llegaba al 3 %. Hoy, casi medio siglo después, más...

Hasta mediados de la década del 70 Argentina fue el país que tenía el mayor nivel de industrialización y de integración social de América Latina. En aquellos años, el 8 % de la población era pobre y la desocupación no llegaba al 3 %. Hoy, casi medio siglo después, más de la mitad de las familias obtiene ingresos que no cubren la canasta familiar y padece serias carencias en materia de vivienda, servicios, educación, empleo y salud. Todo eso, con un escenario de tensiones políticas que vuelve a colocar a la economía en una difícil encrucijada.
Es justo reconocer que la pandemia de Covid 19 alteró los planes económicos en todos los países del mundo, no solo en Argentina. Y hay que decir también que la guerra en Europa del Este complicó aún más la salida de la crisis sanitaria, tanto a nivel global como local. Sin embargo, algunos factores internos agravaron el cuadro general de situación: faltó pericia para resolver con acierto los dilemas que planteaba la marcha de la macroeconomía y sobraron tensiones dentro del propio gobierno nacional a la hora de ponerse de acuerdo sobre cuál era el camino que más convenía seguir en medio de tanta tormenta. Ese aumento de tensiones lo único que logró fue aumentar la incertidumbre.
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En toda situación compleja como la actual siempre se presentan alternativas de salida pero, a medida que se agrava el cuadro, llega el momento en el que los únicos caminos que queden para transitar serán igualmente malos. Por ejemplo: es evidente que el Banco Central tiene enormes dificultades para recomponer sus reservas, ya que las pocas que tenía debieron ser destinadas a sostener la compra de energía y, para colmo, las liquidaciones por exportaciones del campo disminuyeron en los primeros días de este mes. ¿Podría, además, presentarse una situación de paralización de la producción de algunos sectores que carecen de insumos por las restricciones a las importaciones? Todo es posible. Por lo pronto, el Banco Central reaccionó con una resolución para flexibilizar el acceso al mercado de divisas a importadores de insumos para el agro y para terminales automotrices. ¿Es eso suficiente? El tiempo lo dirá.
La semana pasada desde Tucumán, en el acto oficial por el 206° aniversario de la Declaración de la Independencia, el presidente de la Nación, Alberto Fernández, hizo un fuerte llamado a la unidad. "Es un valor que debemos preservar", dijo y agregó: "no hay futuro político si la unidad no se edifica". No se equivoca. Es más, sería un grave error que el conjunto de la sociedad no comprenda el mensaje. No se trata ya de sumar alguna que otra magra calificación para la actual gestión, sino de entender que a la gran mayoría de la población no le conviene que se siga agregando leña al fuego: desde hace más de una década, solo cuatro de cada diez trabajadores tienen un trabajo digno; el 60% de la población activa tiene un empleo precario, un trabajo de indigencia o está desocupado. A esto hay que agregar el sismo en las finanzas de los últimos días, con un dólar financiero que perforó la barrera de los 300 pesos, tomando así una mayor distancia del oficial. Y aunque desde el Ministerio de Economía se asegure que no habrá devaluación del peso, a medida que se complica el manejo de algunas variables lo más probable es que, como se dijo, se tenga que optar por una intervención con menos anestesia. Y la devaluación, como saben todas las generaciones de argentinos que ya pasaron por esa traumática experiencia, siempre se traduce en una pérdida de poder adquisitivo de los salarios (que ya vienen bastante golpeados).
Para encontrar soluciones a los problemas estructurales de la economía argentina habrá que usar el ingenio. No habrá salidas sencillas para poder revertir la escasez de divisas que vuelve a poner en jaque a la economía del país. Los desajustes que impiden el crecimiento con desarrollo y equidad distributiva solo podrán ser abordados con chances de éxito si se logra, al menos por una vez en la historia, un gran acuerdo nacional que permita superar las tensiones sectoriales.









