La causa del pediatra del Garrahan: una interpelación a pensar en los chicos
Pocas veces resultan tan aberrantes los hechos delictivos como cuando tienen como víctimas a niños siempre indefensos. En los últimos días la detención de un pediatra del Hospital Garrahan acusado de integrar una red internacional dedicada a la producción y distribución de pornografía infantil erizó la piel por el impacto de la noticia y lo impredecible de sus consecuencias en la vida de muchos bebés, niños y preadolescentes que a lo largo de los años fueron atendidos por este profesional. El hecho causó estupor y un repudio social generalizado. Se trata de un pediatra, jefe del servicio de Inmunología y Reumatología de uno de los principales hospitales pediátricos del país y su trayectoria profesional cuenta con reconocimiento internacional. Tal como lo relató la crónica periodística, la detención se produjo en el estacionamiento del Hospital y en el material secuestrado se muestran fotografías tomadas en el propio consultorio de esa institución, según lo señalan las instancias de una causa que ahora ingresó en secreto de sumario. Cada uno de los detalles que se conocieron del caso, además de incrementar el rechazo de la sociedad por lo que representa el abuso a los niños, el hecho puso bajo la lupa cuestiones inherentes al funcionamiento judicial que esta semana fueron señaladas por la propia comunidad del Hospital Garrahan. La investigación tuvo origen en Estados Unidos y Brasil y las actuaciones en Argentina comenzaron a tramitarse en noviembre del año pasado. Al pediatra se lo investiga desde entonces. ¿Cómo fue que la institución médica para la cual trabaja no fue notificada en ese momento de tamaña sospecha? Desde el establecimiento sanitario afirman que desconocían incluso la existencia de una causa. La presunción de inocencia que acompaña desde el inicio los procesos judiciales, no cabe como argumento ante un delito de semejante naturaleza. ¿Nadie reparó en el daño que esta persona podía seguir generando en más niños al permitirle continuar con su tarea? ¿Por qué la Fiscalía interviniente no informó a las autoridades del Hospital las instancias de la causa judicial para que pudieran haberse tomado los recaudos del caso con la reserva correspondiente?
Vale señalar que lo actuado por el Hospital apenas conocida la noticia fue lo que corresponde hacer, lo mismo que la sociedad científica a la que pertenece el profesional.
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El caso también pone bajo observación lo que el Código Penal argentino establece como pena para este tipo de delitos. A pesar de haberse reformulado en el artículo destinado a esta cuestión, la pena establecida sigue siendo baja en relación al daño. Si se atiende el hecho de que los principales especialistas del país en el campo de la psiquiatría afirman que estos sujetos no revierten sus conductas, sino que por el contrario, el nivel de perversión con el que actúan los lleva a reincidir en la compulsión, merecería un tratamiento distinto en materia sancionatoria.
En un contexto en el que en materia legislativa la reforma del Código Penal está en debate y en tiempos en que los abusos que tienen como blanco a los niños parecen ser la moneda corriente, a manos de depravados que valiéndose de los avances de la tecnología y sofisticadas herramientas informáticas vulneran cualquier tipo de derecho incurriendo en conductas que lesionan la integridad de los más chicos, la cuestión debiera ponerse en un lugar central del debate. Unos pocos años de cárcel resultan inadmisibles para tamaña perversión, en caso de confirmarse los hechos que están bajo análisis.
No es casual que Argentina ostente el triste privilegio de ser uno de los países de la región con más alto tráfico de pornografía infantil. ¿Ocupa la agenda de prioridades de los legisladores trabajar sobre este tema?
¿Tiene que pasar algo tan atroz como que un médico viole la intimidad de los niños y la exponga en una red de pornografía infantil para que reparemos sobre esto y pensemos cuán desfinanciadas están las áreas que trabajan con la niñez?
Mientras la investigación judicial sigue su curso, con el pediatra separado preventivamente de su cargo y con un descargo público efectuado por profesionales el Hospital Garrahan, el tema además del rechazo, ha planteado un abanico de interrogantes que aún no encuentran respuestas e interpelan respecto de qué lugar ocupan los chicos y sus derechos en una agenda que siempre aparece cargada de cuestiones banales y urgentes, sin reparar que el daño que causa un pedófilo resulta irreparable en la historia de cualquier niño.












