La baja de aportes patronales, ¿salida o espejismo?
Hay cuestiones que en la Argentina se fueron tornando endémicas cuando, tras haber sido adquiridas en tiempos ya inmemoriales pero siempre caracterizados por impericia y retrocesos económicos.
Una de esas cuestiones es una extendida economía informal, donde conviven algunos vivillos que logran hacer diferencia eludiendo impuestos (algunas grandes fortunas comenzaron así y luego se fueron blanqueando cuando ya había mucha espalda pero nunca en su totalidad, porque la maña se arraiga), como hemos visto tantas veces; pero también los sufridos trabajadores informales, que desde la labor en negro tienen que vivir sin cobertura para salud propia y de su familia, ni para accidentes, sin aportes jubilatorios y sin seguro de desempleo. Los informales son la escala más baja del sistema laboral, precisamente porque están afuera, tienen salarios más bajos que los de un trabajador en blanco, muchas veces sin aguinaldo como obliga la ley.
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No estamos frente a un colectivo menor, porque casi el 33 por ciento de los asalariados del sector privado están en la informalidad. Se trata de 5 millones de personas. No es poco.
Si a esta cifra le agregamos los cuentapropistas y el servicio doméstico trepamos al 40 por ciento. En el número final también habría que considerar a los muchos que, debiendo categorizarse como responsables ante el IVA, dibujan su facturación para pagar un mísero (en comparación con lo que debieran aportar) monotributo que los mantiene dentro de la ley.
Uno de cada cuatro trabajadores no tiene obra social y no hace aportes jubilatorios. Lo que en realidad, termina impactando en el Estado, porque esos empleados en negro hacen cola en los hospitales para atenderse y más temprano que tarde se termina generando algún tipo de ayuda o jubilación sin aportes, porque el problema existe y nadie controló que no se llegara a esta situación. Obviamente este gasto lo enfrenta invariablemente el Estado, ¿quién si no?
Frente a esta problemática, cada administración buscó una salida, la que en vistas a que el conflicto no está resuelto podemos afirmar sin temor a equivocarnos, ha sido un fracaso.
Y en ese fracaso, se incluye la propuesta de Domingo Cavallo en los años del menemismo, que planteó que la baja de aportes patronales sería un camino generador de trabajo. El resultado fue que se desfinanciaron las cajas jubilatorias y no se creó un solo empleo por imperio de esta medida.
Precisamente por eso preocupa que el Gobierno plantea varias décadas después la misma receta. Dicen: El sistema tributario y de protección social imperante no ha logrado generar empleo de calidad, ni aun en períodos de crecimiento económico. Esto se ha reflejado en altos niveles de informalidad laboral y en una reducida creación de empleo registrado. Y uno de los principales problemas que enfrentan las empresas a la hora de contratar trabajadores es el elevado costo laboral que implican las cargas sociales.
Por eso han decidido generar una baja de los aportes patronales, un blanqueo y la condonación de deudas previsionales. ¿En esta oportunidad estas medidas serán suficientes o se correrá la misma suerte de los 90? Está de por medio la praxis, la cultura de los argentinos, que atenta contra el éxito de este tipo de medidas. Por ejemplo: podemos esperar que una reducción en el IVA se traduzca en precios más baratos al consumidor final. No; sucederá lo que ya sabemos: comerciantes que se lo comerán, sin modificar sus precios un ápice, y otros que ya operaban en negro, sin incluirlo en sus precios como modo de competencia desleal en el rubro, seguirán en la suya. Pues lo mismo se replicaría con otros tributos, no lográndose llegar al punto en que la medida, en esencia proactiva, arrojara los resultados buscados.
No se ha registrado que en la Argentina haya una línea directa entre el recorte de los aportes y la regularización del empleo en negro sino probabilidades que, necesariamente, deben venir de la mano de una reactivación. Porque es claro que una industria que no tiene mayor venta o un servicio al que le suceda lo mismo, acuda a tomar empleados nuevos porque le salga más barato que antes. Sencillamente porque si hay recesión no habrá más sino menos empleo.
Esta reforma, en cambio, puede tener efecto entre las empresas chicas, aquella de cuatro o cinco empleados y donde la ilegalidad laboral es muy alta. Y una medida como esta puede ayudar a que esa Pyme se sostenga y hasta crezca en lugar de terminar bajando la persiana.
No obstante, habrá que exhibir mucho los beneficios de blanquear a los empleados que se tiene, para lo que ayudará el perdón de las deudas de aportes, por ejemplo. Tratando de alejar el miedo al riesgo de perder lo que se tiene. Porque blanquear la actividad propia y de los empleados y en seguida empezar a pagar impuestos tiene que tener una justificación para hacerlo, de lo contrario tendrá que hacerse a través de controles del Estado, persiguiendo la economía informal, lo que nunca se ha hecho bien en nuestro país.
Es que no será fácil que se genere confianza de un día para otro en un país donde las medidas han ido y venido al ritmo de los cambios políticos.
Los economistas más avezados, conocedores de esta situación, prefieren ir a resolverles la situación a los trabajadores que se encuentran fuera del sistema, antes de pasar todo el tiempo seduciendo a un empresario Pyme que, al fin, suele tener temores fundados.
La realidad es que uno de los sectores a los que siempre se recurre cuando se pretende crear empleo y en blanco es a la industria, buscando que supere el actual estado de estancamiento, ya que todavía no ha recuperado los niveles de 2015. Pero a números históricos, luego de una dorada década del 60 cuando la actividad manufacturera constituía la principal fuente de trabajo, todas las décadas siguientes fueron de baja tras baja de empleos.
La baja de la industria fue reemplazada en parte por el rubro de los servicios, pero no se genera desde este sector la misma cantidad de empleo, porque son actividades muy diversas las que estamos planteando.
Llegado a este punto, el blanqueo de la economía informal y sobre todo la creación de empleo están claramente relacionados al crecimiento con la aplicación de políticas inclusivas. La baja de aportes patronales, que castigará duramente las cajas jubilatorias, no parecería que por sí misma vaya a generar más empleo.















