La Argentina ya no es más el país más carnívoro del mundo
Por primera vez en su historia como Nación, la Argentina (uno de los países más carnívoros del mundo) consumió este año más cerdo y pollo que vacuno.
Son cambios que más que culturales hay que anotarnos en los problemas de bolsillo, el precio de la carne ha logrado lo que ninguna campaña publicitaria hubiese logrado jamás: que los argentinos aprendieran que hay otros alimentos además del vacuno.
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En 2015 el consumo de carne vacuna por habitante se ubicó en 60,7 kilos anuales, lo que representó la segunda mayor marca de los últimos seis años, de acuerdo con la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina.
Pero los tiempos cambian y los argentinos que llevamos largo tiempo como los mayores devoradores de carne vacuna del planeta, este año el consumo cayó a 55 kilos anuales por habitante y los uruguayos pasaron al frente.
Del otro lado del Río de la Plata, según el último informe del Instituto Nacional de Carnes de Uruguay, se comen 57,6 kilos per cápita por año.
La última vez que Argentina había perdido el primer lugar ante Uruguay había sido en 2012. Desde entonces, y hasta este año, había vuelto a tomar la delantera.
De acuerdo con los números del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas, el consumo de carne de pollo se ubicó en 45,8 kilogramos por año y por habitante, similar al récord alcanzado en 2014, de 45,9 kilos; y por encima de los 40,5 de 2013 y los 42 de 2012.
En tanto, los números de la Asociación Argentina de Productores de Porcinos indican que el consumo de cerdo por habitante también aumentó a 11,5 kilos por habitante en el primer semestre, lo que marcó un nuevo récord histórico para el sector, superando los 11 kilos de 2014 y 2015. La cifra corresponde a carnes frescas, a los que se agregan otros tres kilos más en chacinados y fiambres.
La realidad es que el consumo de carne en la Argentina que hoy es tan visible, ha venido bajando con los años, hasta llegar a este momento. El repunte en el consumo de carnes alternativas a la vacuna resultó fundamental en el aumento de las cantidades promedio que ingiere cada ciudadano, y la razón es sin dudas la diferencia de costos en los productos.
Con sus distintos cortes y presentaciones, el cerdo no para de ganar terreno en la mesa de los argentinos. Y este año, por la disparada en los precios del pollo y la carne, alcanzó un nuevo récord. En los primeros cinco meses del año, en tanto, se comió en promedio un 16,6 por ciento más de cerdo que un año atrás. Los argentinos sirvieron esta carne a un ritmo de 12,6 kilos anuales por habitante. Para encontrar una marca mayor hay que remontarse a los registros históricos de hace siete décadas, hasta 1945, cuando se había llegado a 15,3 kilos.
La contracara de este auge es que, también entre enero y mayo, la ingesta de carne de vacuna cayó un 8,2 por ciento interanual al nivel más bajo de los últimos cinco años: 55 kilos anuales por persona.
El pollo, por su parte, comenzó su auge ya en 2015 y este año se mantuvo e incrementó en sus ventas, tanto al natural como procesado en diversos formatos como milanesas o albóndigas que ya vienen preparadas y vienen en formato congelados y son muy prácticos de usar. En el segundo semestre de este 2016 el pollo procesado cayó por su alto costo de comercalización, pero se incrementó la venta del pollo crudo.
También es parte del análisis que la Argentina reclama desde hace varias décadas una política coherente de vientres y de producción de carnes, que tenga claro los precios internos y las posibilidades de exportación de este producto donde podemos llegar a ser los mejores del mundo. Sin embargo, los distintos gobiernos han ignorado estas necesidades y a eso hay que sumarle los conflictos creados en la última década con la exportación y sus dificultades. De este modo se ha terminado por perjudicar un mercado como el de la carne donde tendríamos todas las posibilidades de un crecimiento sostenido.
En su momento Uruguay (en los últimos diez años) tuvo una excelente política de carnes que permitió ampliar sus exportaciones, pero a cambio de esos beneficios el Estado obligó al sector a mantener bajo el precio de los cortes populares que no sirven para exportar, pero son los que más consumen los ciudadanos.
En la Argentina, la realidad es que no hubo una política coherente para el sector, es más no hubo ninguna política y al fin la nueva configuración de los precios impulsó un efecto sustitución. Como la carne vacuna se encareció mucho la gente buscó opciones más baratas. Pero esta vez eso no favoreció al pollo, que también aumentó fuerte su consumo, sino al cerdo, que por un exceso de oferta tiene sus precios deprimidos.
Puesto en porcentuales los precios en mostrador del pollo crecieron 52,4 por ciento en el último año y un 44,4 los de la carne vacuna, contra solo un 20,8 del cerdo. Más explicación no hace falta para entender el porqué de cambios de hábitos alimenticios tan arraigados en los argentinos.














