José Colombo, un hombre comprometido con la vida de su comunidad: Pinzón
José Colombo tiene 79 años, vive en Pinzón y tiene una trayectoria conocida no solo por su actividad como productor agropecuario sino por su participación en distintos ámbitos de la comunidad. Vive en el mismo lugar en el que nació y lo cuenta con orgullo. Allí está la historia de...

José Colombo tiene 79 años, vive en Pinzón y tiene una trayectoria conocida no solo por su actividad como productor agropecuario sino por su participación en distintos ámbitos de la comunidad. Vive en el mismo lugar en el que nació y lo cuenta con orgullo. Allí está la historia de su infancia, la elección que hizo de dedicarse a trabajar la tierra que antes habían trabajado su abuelo y su padre. Dueño de una raíz forjada en la inmigración, honra esos orígenes que son testimonio de esfuerzo, constancia y dedicación como claves para forjar el porvenir.
"Pertenezco a una familia de inmigrantes. Mi abuelo fue Angel Colombo, que llegó de la zona de Lombardía y se radicó en esta zona desde 1908. Con mi abuela, que era de Pavia, tuvieron 10 hijos y cada uno después tuvo un pedacito de campo de la herencia que él dejó porque era un hombre muy dinámico y emprendedor", cuenta en el inicio de la charla en la que traza su "Perfil Pergaminense".
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Hijo de José Colombo y Elena Binasco, creció en el campo y recuerda su infancia con mucha alegría.
"Fui hijo único y todos los recuerdos que tengo de mi niñez son hermosos. Había una pureza muy grande. Mi mamá todos los días a las 10:00 de la mañana comenzaba a preparar el almuerzo y en la mesa de la cocina, cuando yo tenía 4 ó 5 años, me enseñaba a trazar los primeros palotes. Así fui aprendiendo las letras y los números y para cuando tenía 6 años sabía leer y escribir y ensayar algunas cuentas", menciona.
Ese tiempo tan nutritivo con su madre rindió sus frutos y cuando fue tiempo de comenzar la escuela primaria, aquellas horas que había vivido como un juego le dieron la posibilidad de ingresar directamente a segundo grado en la Escuela N°22. "Me tomaron exámenes con los contenidos de primero inferior, primero superior e incluso segundo, y me permitieron ingresar a segundo grado directamente", destaca, recordando aquella época: "Para ir al colegio me mudé a Pergamino, a casa de unos familiares de su madre que vivían en Monteagudo y Echevarría".
En ese establecimiento cursó hasta tercer grado; cuarto, quinto y parte de sexto los hizo en Pinzón. "Por entonces ya tenía más edad y me valía de la bicicleta o del caballo para llegar del campo hasta el pueblo para cursar".
Cuando llegó el momento rindió el examen de ingreso para el secundario y se estableció nuevamente en Pergamino, en la casa de sus tíos Reverter, y cursó en el Colegio Nacional. "Los recuerdos de mi adolescencia están vinculados a mis compañeros del colegio y también a los amigos del pueblo, al que siempre volvía para jugar al fútbol".
"En aquella época el Club de Pinzón no competía en ninguna liga, pero se organizaban torneos internos, jugábamos con equipos de otras localidades y el deporte se vivía con mucho entusiasmo", relata.
Al egresar del Colegio Nacional se fue a estudiar Bioquímica a la Universidad Nacional de Rosario. Sus primeros pasos como estudiante universitario se dieron en el contexto de una huelga estudiantil histórica. "Perdimos casi dos años y eso coincidió con un momento en el que mi padre comenzó a tener algunos problemas de salud que le dificultaban poder trabajar el campo. Así que tomé la decisión de no seguir estudiando y le dije a mi padre que si comprábamos un 'tractorcito'-el campo en aquel tiempo se trabajaba con caballos- me quedaba trabajando en Pinzón", cuenta. Y prosigue: "Recuerdo que me dijo 'No hijo, te vas a pasar toda la vida moviendo tierra', pero yo tenía de la decisión tomada. Así que compramos nuestro primer tractor y desde ese día y durante toda la vida hasta que me jubilé, fui un chacarero".
Cuando habla de su trabajo lo hace con la pasión que sienten aquellos que saben lo que representa trabajar la tierra. "He visto y todavía veo la transformación del sector agropecuario que ha sido increíble".
"Ahora no trabajo, tengo el campo alquilado, pero siempre estoy atento a los cambios porque me interesan mucho", agrega.
La música, una pasión
A la par de la primaria y de la secundaria José estudió música y ama tocar el piano. Tuvo la fortuna de poder hacerlo en conjuntos y orquestas que forman parte de la historia musical de la ciudad y que marcaron una impronta. "A los 18 años en Pergamino empecé a tocar en un conjunto folklórico 'Cantares de Pampa y Cerro'. Estuve ocho años con Rolando Guzmán. Era un conjunto importante, estábamos en la Dirección de Cultura de la Provincia de Buenos Aires así que nos enviaban a distintas ciudades a tocar. Tenía cinco parejas de danzas y un conjunto de voces. La música de las danzas la hacíamos nosotros en vivo".
Más tarde ingresó a la orquesta de Normando Nóbili. "Cambié de género y siempre con el piano me dediqué al tango. Estuve en la orquesta hasta 1980, y guardo hermosos recuerdos, porque había muchos bailes en aquel tiempo, así que andábamos por todos lados".
Ya después de esa experiencia las que vinieron fueron "más informales" y de la mano de buenos amigos que lo convocaban para sumarse a algún proyecto musical.
El amor de su vida
José tuvo la dicha de casarse a los 25 años con Noemí María Altamirano, una mujer a la que define como "el amor de su vida" y a quien conoció en el pueblo.
"Estuvimos 52 años casados, más seis de novios, así que pasamos toda nuestra vida juntos. El año pasado en mayo, Noemí falleció, así que con ella se me fue la mitad de mi vida. Me quedaron mis hijos", señala con la voz invadida de esa emoción que causan los dolores profundos, esos con los que se aprende a vivir rescatando lo mucho que quedó de ese vínculo.
"Fue una mujer extraordinaria, muy compañera", afirma. Y cuenta que tuvieron dos hijos: María Gabriela, casada con Hugo Michetti; y Ariel José, que está en pareja. Ambos son docentes y muy buenas personas, unos hijos maravillosos".
"Soy abuelo de Alberto, mi nieto de 26 años, a quien le faltan solo unas materias para recibirse de ingeniero químico. Tengo una hermosa familia", resalta.
El teatro, un legado
Afirma que con su esposa siempre compartieron la pasión por las artes y comenta que ella sabía mucho de teatro. De su mano incursionó en esta actividad que se transformó en una verdadera pasión a la que le dedica tiempo hasta el presente. "Su vocación era el teatro y tenía un don especial para eso. Sabía todo del teatro, de vestimenta, iluminación; todos los años en el mes de febrero se dedicaba a recorrer las salas de Buenos Aires, veía obras y hablaba mucho con los artistas. Eso no solo contribuía a su formación sino que la nutría de ideas que tomaba para las obras que desarrollábamos en el grupo de teatro de Pinzón", refiere. Y se detiene sobre la historia del teatro en su pueblo para mencionar: "La historia del teatro en Pinzón tiene 100 años. En 1922 se fundó el Club y una de las personas de la comisión, Juan P. Mártire, que era amante del teatro, comenzó a hacer obras. El nos dirigió a nosotros; mi esposa empezó en 1957 y yo en 1962. Cuando este hombre estaba en su lecho de muerte, a mediados de la década de 1970, lo fuimos a visitar y le tomó la mano a mi señora y le dijo que su deseo era que 'no se apagara la llama del teatro en el pueblo'. Esas palabras fueron para nosotros un legado. Tomamos la posta y seguimos adelante con el grupo de teatro que hoy lleva el nombre de su fundador. Mi esposa comenzó a dirigir y después me hice corajudo yo también y me puse a la par de ella. Dos días antes de que empezara la pandemia repartimos el último libreto, ya que íbamos a hacer 'Filomena Marturano'. Pero quedamos detenidos, y recién ahora la actividad está comenzando de nuevo".
"Hace casi 50 años que estamos en relación con el grupo 'Juan P. Mártire'. El teatro ha acompañado nuestra vida", destaca.
En paralelo el centro de jubilados del pueblo consiguió que el Pami les autorice unos talleres y se conformó un grupo de teatro que acaba de debutar con la comedia "Después de la boda". "Me convocaron y me entusiasmó mucho la propuesta, el centro de jubilados patrocina esta actividad, pero no participan jubilados sino que la mayoría de los actores son jóvenes que están dando sus primeros pasos en el teatro".
Le gusta ese encuentro intergeneracional y lo señala. Toda la experiencia recogida a través de los años encuentra un cauce donde expresarse. Y al mismo tiempo de los jóvenes aprende y se nutre. "Con el otro grupo, con el histórico del pueblo, vamos a hacer una obra en Habemus Teatro el 4 de noviembre", comenta, entusiasmado.
Estos proyectos tienen la particularidad de ser los primeros que lleva adelante sin la compañía de su esposa. Cuando habla de eso, la emoción vuelve a invadir el tono de su voz. Pero enseguida la mirada se le ilumina: "Es lo mejor que puedo hacer por ella. Y cuando pienso en el teatro, en las obras, es como que ella está viva. Siento que me marca el camino, es otro legado".
Se conocían tanto, sabían tan bien cómo pensaba y sentía el otro, que a José le resulta fácil imaginar qué vestuario Noemí hubiera elegido, qué impronta le hubiera puesto a una escena o cómo hubiera vestido el escenario. "Nosotros conversábamos mucho en la cama a la mañana cuando nos despertábamos. Y hoy me despierto y es como si ella estuviera ahí preparando las obras. Hicimos juntos más de 20. Algunas con mucho trabajo, como cuando hicimos la vida de María Crescencia, una obra que tuvo mucha colaboración de las hermanas del Huerto y que pudimos llevar a San Nicolás, convocados por el obispo. Otra obra importante fue 'El grito de Alcorta', tan emblemática para los agricultores".
Participar de su comunidad
Jubilado, José se mantiene activo y disfruta de ser parte de la vida de su comunidad. Fue delegado municipal de su pueblo; presidente y secretario del Club de Pinzón; secretario de la cooperadora de la escuela; y aún participa de la comisión en la Cooperativa Eléctrica de la localidad. También fue presidente de Agricultores Federados Argentinos durante siete años y secretario de esa entidad.
Asegura que siempre entendió la participación comunitaria como un servicio: "Uno se desenvuelve en la sociedad y allí se nutre y recibe muchas cosas de los habitantes, de un profesional, de un trabajador, de una ama de casa; y uno debe tratar de devolver lo que recibe, de alguna forma, desinteresadamente".
Un buen camino
Sobre el final de la entrevista, cuando la charla transcurre entre los proyectos y el balance, la pregunta lo interroga sobre aquella decisión de haber dejado su carrera universitaria para volver al campo. Y convencido, como lo están aquellos que deciden con el corazón, responde: "Agradezco a Dios que me haya conducido por ese rumbo. Fui muy feliz. Si volviera a nacer, sin dudas haría lo mismo, tal vez podría hacerlo mejor, pero tomaría nuevamente ese camino".

















