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Inflación: La batalla contra un mal archiconocido

En nuestro país la inflación es un mal crónico. En un intento por explicar el fenómeno de manera sencilla, algunos economistas la comparan con la fiebre: es una señal que avisa de la existencia de una o varias cosas que no están funcionando bien. La clave, entonces, está en realizar...

14 de octubre de 2023 a las 12:00 a. m.
Inflación: La batalla contra un mal archiconocido

En nuestro país la inflación es un mal crónico. En un intento por explicar el fenómeno de manera sencilla, algunos economistas la comparan con la fiebre: es una señal que avisa de la existencia de una o varias cosas que no están funcionando bien. La clave, entonces, está en realizar un diagnóstico serio y que la sociedad llegue a acuerdos básicos sobre las posibles soluciones, teniendo en cuenta que, en este momento, las condiciones clínico patológicas del paciente no son precisamente las más favorables.

Lo que no se debe hacer en un contexto difícil es alarmar al paciente y al entorno familiar que debe tomar decisiones en un momento complejo. Dicho de otra manera, en la batalla contra ese mal crónico que es la inflación, además de adoptar medidas para estabilizar la macroeconomía, es fundamental que se genere confianza en todos los involucrados en el proceso que, se supone, se pone en marcha para bien de todos. Teniendo en cuenta los antecedentes en materia de devaluaciones que tiene la economía nacional, es contraproducente -por decirlo de una manera elegante- que se aliente una corrida bancaria o cambiaria. Desde el siglo pasado hasta el presente, los períodos con inflación en el país no fueron una excepción, sino la regla. No es un dato menor. Existe una memoria colectiva que, de alguna manera, fue formando una piel más sensible en los diversos actores de la economía. Por eso, ya sea que el diagnóstico haga hincapié en la cuestión monetaria o ponga el foco en la cuestión distributiva, tanto o más importante será generar una base de confianza para que los remedios que se propongan no pierdan su eficacia a la hora de ordenar los parámetros que toda economía necesita para que los distintos sectores productivos puedan tener un horizonte más previsible. En los últimos días algunos economistas volvieron a destacar la necesidad de aplicar medidas más contundentes para detener la inercia inflacionaria que experimenta la economía argentina. ¿Qué se entiende, en este caso, por inercia? Se podría definir como el escenario que se genera por el comportamiento de actores económicos que, ante la incertidumbre que genera la suba constante de precios, proyectan la inflación del pasado hacia el corto y mediano plazo. En otras palabras, es producto de la necesidad por aferrarse a un mínimo de previsibilidad en un escenario de gran inestabilidad. Eso es lo que ha pasado una y otra vez en la Argentina, desde el siglo pasado hasta el presente, con ciclos que demuestran que por estas latitudes la inflación es la regla y la estabilidad de precios es la excepción. Según un informe de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios, en los últimos 100 años, la tasa de inflación promedio del país fue del 105% anual. La suba sostenida de precios afectó tanto a dictaduras como a gobiernos elegidos en las urnas. No resulta para nada exagerado afirmar que desde el siglo pasado hasta este presente el control de la inflación ha sido y sigue siendo uno de los mayores desafíos de la historia económica argentina. Al parecer, lo más difícil no es poner en marcha un programa que controle la suba de precios, sino lograr primero una amplia base de consenso político que sirva para resolver los problemas estructurales que aquejan a la economía. Lamentablemente, resulta difícil lograr que los dirigentes de las principales fuerzas políticas se pongan de acuerdo en unos lineamientos básicos para frenar la inflación. Y eso es muy peligroso en un momento en el que la dinámica inflacionaria es muy elevada, porque todos los sectores parecen empeñados en querer ir por delante de los demás en una carrera en la que solo ganan unos pocos.

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Es muy difícil avanzar en la lucha contra la inflación si se alienta la desconfianza. El año pasado el Banco Interamericano de Desarrollo publicó un documento titulado "El papel de la confianza en la elusiva búsqueda del crecimiento económico". Allí, los economistas Carlos Scartascini y Joanna Valle, advierten que la confianza es el eje de cualquier sistema económico eficiente, ya que "facilita las transacciones entre individuos, empresas y gobiernos; impulsa la inversión y la innovación; permite la formulación de políticas eficaces; y genera un mayor crecimiento". Está demostrado: los países que lograron contener la inflación, primero comprendieron la importancia de limar asperezas para llegar a acuerdos mínimos y respetar las reglas de juego.

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