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Inflación: el enemigo que nadie quiere combatir

17 de marzo de 2023 a las 12:00 a. m.

La inflación es un fenómeno monetario y no existe ninguna otra circunstancia que la cause. El populis mo intenta introducir la idea de una "multicausalidad" porque así justifica los "precios cuidados, precios justos, precios máximos, malos empresarios especuladores formadores de precios, poder económico concentrado" y otras falsas causales. De esta forma persiste la demagogia al engañar al pueblo colocándole dinero en el bolsillo emitido sin respaldo, planes sociales, subvenciones, mayor consumo y otras argucias para lograr el voto incondicional y la perpetuidad en el poder. 

El déficit fiscal que padecemos es producto de las pésimas administraciones sucesivas desde hace ocho décadas. Los gobiernos gastan más de lo que ingresa y este déficit, que no lo pueden manejar con inversiones, producción y crecimiento porque con los impuestos asfixiantes y pésimas políticas los impiden, lo sustituyen con emisión monetaria que desvaloriza el dinero y provoca inflación. Conocen este fenómeno macro económico y crean un sustituto más pernicioso, como mencionábamos en nuestro artículo editorial del domingo pasado.

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Carecemos de reservas internacionales, en especial de dólares; nuestro riesgo país asciende a 2.500; no tenemos países que nos den crédito internacional y, es más: aconsejan a sus empresarios no invertir en Argentina porque es de alto riesgo. Por ello la única "solución" es la emisión sin respaldo que produce inflación. Pero ahora sustituyen parcialmente la creación de dinero desvalorizado por otras maniobras monetarias: letras del Banco Central (Brca).

El Bcra emite letras que licita -antes entre particulares y bancos con la Lebac, Letras del Banco Central, y ahora entre bancos solamente, con Leliq, Letras de Liquidación- para absorber y retirar el dinero en exceso del circulante. El Gobierno monetiza el déficit fiscal pagando a sus acreedores con emisión, que ingresa a plaza en enormes cantidades y que se deposita en los bancos.

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Para no emitir, se crean letras que se licitan entre bancos pagadas con plazos fijos y demás inversiones inmovilizadas y así intentan bajar la inflación. Este procedimiento ha creado una nueva deuda pública, esta vez interna, con moneda local. Con Leliq y Lebac los bancos han acumulado acreencias cuantiosas contra el Estado. A fines de 2022 los bancos poseían 10,1 billones de pesos, 10 millones de millones que le refinancian al Estado mediante el pago de cuantiosos intereses, que son colocados y engrosan los plazos fijos e inversiones particulares, para seguir la ronda de más deuda y mayor inflación. 

Así tenemos que los bancos pagan intereses de más del 100 por ciento a los inversores cuyos dineros inmovilizados los prestan al Estado a intereses superiores aún. ¿Cómo mantiene el Gobierno esta masa creciente de dinero? Eximiéndola de impuestos. De vez en cuando, uno o varios legisladores proponen una ley castigando a los capitales financieros con impuestos en nombre de la Patria y de la justicia distributiva y el Gobierno instruye a sus propios congresistas para no tratar el proyecto o llanamente rechazarlo. Si se lograra la sanción de esa ley, de inmediato los capitales financieros huirían al dólar o euro y el Gobierno se quedaría sin financiamiento. Y si el Banco Central tuviera que pagar a los bancos las Leliq ingresarían billones con una súper-híper inflación.

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Aunque supieran cuáles son (y claro que lo saben), ni éste ni ningún otro gobierno populista aplicará las medidas necesarias para terminar con los graves problemas que nos afectan. No quieren adoptarlas porque van contra su propia esencia, contra su ADN. La inflación les permite disponer de grandes cantidades de dinero inflado y falso para ejercer su demagogia y así perdurar en el poder y gozar de los privilegios que todos conocemos.

Solo se habla de la deuda externa porque ésta, por su importancia, es inocultable. Pero no de la deuda interna que mediante las refinanciaciones obligadas por el Banco Central pueden extenderse en el tiempo. Pero esto impone una preocupación mayor. Si se quiere hacer perdurar hasta el próximo gobierno del 10 de diciembre de 2023, en el supuesto probable que no sea populista, éste tendrá que desarmar esta bomba de tiempo y la pregunta obligada es si podrá hacerlo. Es que estará obligado porque no puede coexistir esta enorme inflación con un gobierno serio decidido a terminar con este flagelo.

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Un futuro sin inflación y sin riesgo país nos colocará entre las naciones del primer mundo, en el que estuvimos hace 100 años y del que nunca debimos salir. Pero también se necesita un cambio de mentalidad y para ello la herramienta indispensable es la educación permanente y en todos los estratos sociales. El populismo no hará nada de esto. No está en su esencia.

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