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Honrar el compromiso asumido con hechos, la gran tarea de los dirigentes

Las elecciones de este año, que son las que permitieron la conformación actual de las cámaras legislativas, transcurrieron en un escenario colmado de slogans y pautas del marketing que no dejaron demasiado lugar para las propuestas. Finalizado el proceso y con los legisladores electos ya en ejercicio de sus funciones,...

18 de diciembre de 2021 a las 12:00 a. m.
Honrar el compromiso asumido con hechos, la gran tarea de los dirigentes

Las elecciones de este año, que son las que permitieron la conformación actual de las cámaras legislativas, transcurrieron en un escenario colmado de slogans y pautas del marketing que no dejaron demasiado lugar para las propuestas. Finalizado el proceso y con los legisladores electos ya en ejercicio de sus funciones, en todos los niveles se impone la necesidad de trabajar en el establecimiento de prioridades para avanzar en la construcción de los consensos que permitan dar respuesta a las necesidades de un país afectado por una crisis profunda y sumido en una grieta que no encuentra posibilidades ciertas de cerrarse debido a la actitud mezquina de una dirigencia que hace tiempo se ha divorciado de lo verdaderamente necesario por correr detrás de los intereses personales y "la rosca" que pareciera el deporte preferido de los políticos.

En el contexto de un país que está obligado a resolver entre otras cuestiones urgentes la herramienta presupuestaria y el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, y en el concierto de una discusión política que cada día se aleja un poco más del ejercicio de la búsqueda de acuerdos, toda la conversación pública queda subsumida en un diálogo en el que nadie aspira al entendimiento. Se impone la voz personal, la chicana fácil, la separación. Y la agenda deja de lado detrás de discusiones eternas y especulaciones recurrentes, la resolución de otros aspectos que resultan vitales para la vida de los ciudadanos.

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Nadie habla de la inseguridad, salvo cuando algunos hechos toman la agenda pública y vuelven a traer a la mesa la discusión sobre el nivel de entrenamiento del personal de seguridad, la sofisticación del delito y la barbarie en que parecen transformarse las calles a manos de los delincuentes. Cada vez con más frecuencia no hace falta detenerse en lo que muestran los medios nacionales de comunicación para confirmar que el delito recrudece y gana en virulencia ante la indefensión de los propios vecinos que a pocas cuadras del centro de la ciudad se sienten a merced de quienes están agazapados, dispuestos a arrebatar no solo bienes sino la tranquilidad en la que estábamos acostumbrados a vivir.

Aunque todos hablan de la inflación, porque la experimentan en la economía de todos los días, poco se dice y menos se hace de cómo encaminar el manejo de las cuentas públicas para revertir un problema que castiga a la clase media y profundiza la pobreza.

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Precisamente la pobreza es el tema que debiera ocupar la agenda legislativa y ejecutiva. Sin embargo, unos y otros solo reproducen estadísticas y resultados de estudios que indagan en una problemática que debería ser motivo de acción colectiva porque quizás como ninguna otra cuestión, sobre esta recaiga la máxima hipoteca del futuro.

De la mano de la pobreza hay una agenda que exige la necesidad de incluir la educación, el acceso al mundo del trabajo, la realidad de la salud y tantas otras cuestiones en las que se juega el bienestar de la gente. 

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Lamentablemente estos temas solo se abordan tangencialmente y con discursos de circunstancia, proclamando más que resolviendo.

El inicio de una nueva etapa, con la incorporación a la política de dirigentes que desde cada una de las bancas han prometido honrar un compromiso asumido con la ciudadanía, quizás sea el comienzo de un nuevo diálogo. Ojalá esta reflexión no quede solo en términos de utopía y por fin los temas que le interesan a la gente, ganen terreno en el debate, se nutran del intercambio de las ideas y generen las condiciones propicias que Argentina parece haber perdido hace tiempo, de cerrar la grieta, de hallar puntos de intersección entre los intereses de unos y otros para anteponer el interés de aquellos que aceptaron representar cuando se postularon para ocupar un cargo. 

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Sabiendo que sin lugar a dudas es necesario resolver las urgencias, la realidad del país y la premura de hallar formas de resolver lo que de tanto dejar transcurrir, ya se ha vuelto estructural y corroe la posibilidad cierta del crecimiento.

Lejos ya de las consignas preelectorales, es tiempo de poner manos a la obra. Desde cada banca, con la particularidad de cada ideología, aceptando los matices de la democracia, debe quedar atrás el atropello para delinear verdaderas políticas públicas que le permitan a la Argentina recuperar ese lugar de potencia y de iniciar un círculo virtuoso que incluya a los que han quedado afuera del sistema, que dote de calidad a todos los procesos de la política y les otorgue transparencia. Solo dejando atrás los personalismos, poniendo en el lugar en que debe estar las aspiraciones personales y la discusión por los liderazgos, el país recuperará la oportunidad de salir de una nueva crisis, repetida y causada por la recurrente desidia de quienes, ostentando el poder, se distancian de las necesidades de la gente. El pasado 10 de diciembre se puso en marcha un nuevo ciclo, uno más de una democracia crecida y consolidada. Ojalá sea la gran oportunidad de corregir rumbos y poner al país en una senda que solo lo lleve al desarrollo merecido y esperado por una sociedad tan descreída como agobiada. Devolver con hechos al pueblo esa confianza, es quizás la principal tarea de esta hora de la democracia.

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