Homenaje oficial a la inmoralidad, pero los equivocados somos nosotros
Realmente no hubo ningún vacunado que no le correspondiera\", dijo el exministro de Salud de la Nación Ginés González García, al salir de un homenaje a su trayectoria -para el Gobierno, brillante-, realizado en Casa Rosada la semana pasada. Parece normal que nos tomen por estúpidos en este país que...

Realmente no hubo ningún vacunado que no le correspondiera", dijo el exministro de Salud de la Nación Ginés González García, al salir de un homenaje a su trayectoria -para el Gobierno, brillante-, realizado en Casa Rosada la semana pasada.
Parece normal que nos tomen por estúpidos en este país que nos tiene acostumbrados a la mentira flagrante y constante. Aun así, naturalizado como ya tenemos todos lo irregular,la insensibilidad duele. La falta de empatía también. "No hubo ningún vacunado que no le correspondiera". Se olvida Ginés, por ejemplo, que se vacunó a Eduardo Duhalde, a Hilda "Chiche" de Duhalde y a sus hijas, en su domicilio. O, por ejemplo, que los padres de la hoy todavía ministra, Carla Vizzotti, fueron vacunados el día anterior a que estallara el escándalo del vacunatorio VIP. Todo esto mientras otras personas de la misma edad y situación inmunológica no recibían sus vacunas y fallecían.
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Pero "no hubo ningún vacunado que no le correspondiera", continúa diciendo hoy el exministro, como si pudiéramos olvidarnos de la canallada de la vacuna a Horacio Verbitsky quien, aun cuando tenía la edad para ser vacunado, no estaba en ninguna lista de personal esencial que le permitiera acceder a ella en ese momento. Tampoco podemos olvidarnos del cinismo de Carlos Zannini cuando le dijo a Verbitsky que no solo no debía arrepentirse sino que, si hubiera sido por él, se hubiera sacado una foto orgulloso de ese momento. Recordemos que fraguó su condición de personal esencial de la salud para ser vacunado. González García, Vizzotti, Zannini y Verbitsky son apenas un puñado de individuos que superan toda inmoralidad imaginable. Pero que son ratificados y reconocidos. Y ahora, también homenajeados.
El pueblo no se olvida que, mientras el señor presidente de la Nación nos acusaba y nos gritaba enajenado diciendo que la "Argentina de los vivos" se había acabado, ese mismo presidente asistía a una fiesta en Olivos. Mientras tanto, afuera, la otra gente fallecía. Fallecía sola porque el dedo del presidente nos prohibía acompañarlos. Nos prohibía asistirlos en la muerte. Nos obligaba a dejarlos solos mientras él levantaba su copa en una reunión amoral. La falta fue resarcida sólo de manera pecuniaria; la deuda moral jamás podrá ser saldada. Menos cuando jamás reconocieron haber cometido un error, ni pidieron perdón alguno. Elemental en toda persona de bien y con sentimientos genuinos.
Hay que decirlo una y otra vez. Faltaban vacunas por una gestión lamentable, negligente, quizás criminal. Por una politización del tema que revistió de épica y de epopeya el traer unas pocas vacunas rusas de dudosa eficacia y de escaso nivel de testeo (recordemos las trasmisiones en vivo de Víctor Hugo de los despegues y aterrizajes de los aviones que venían de Rusia), en desmedro de vacunas mejores de otras fuentes y más baratas incluso (donadas en algún caso y demagógicamente rechazadas por nuestras autoridades). Cómo olvidar que se acusó a los países productores de esas otras vacunas de cosas tan inverosímiles como solicitar glaciares, montañas o la misma Antártida como garantía para proveerlas. Y que la tropa militante repitió ese speech hasta el cansancio. Y que el presidente (con datos aportados por su gente) mintió sobre la situación en otros países, lo cual era desenmascarado y desmentido por cada embajador de cada país afectado.
Pero parece que el exministro González García se olvidó de esa falta criminal de vacunas por privilegiar un proyecto que pretendía instalar a Argentina como puerta de entrada de Rusia a América del Sur. "Nuestro proyecto", en palabras de Cecilia Nicolini. Todo fue un gran relato; una mentira. "Nuestro proyecto" -el proyecto ruso, de Nicolini, de Alberto Fernández y del kirchnerismo-, se impuso por sobre la necesidad de vacunas y por sobre la muerte de los ciudadanos argentinos. Hoy necesitan imponer un manto de confidencialidad sobre el tema ante el pedido de la Auditoría General de la Nación para que no estalle un nuevo escándalo.
"No hubo ningún vacunado que no le correspondiera" dijo el homenajeado por su servicio a la salud pública. Alguien que fue echado de su cargo por la existencia de esos vacunatorios VIP sobre los que, aún hoy, dice: "No hubo vacunatorios VIP. De ninguna manera, eso no fue así. Eso fue un hallazgo periodístico que significó mucho más que un problema con la Justicia sino un problema mediático".
"Es público y notorio que he debido tomar una decisión ante un hecho reprochable. Lo sucedido en el Ministerio de Salud fue un hecho que, aunque excepcional, no puede avalarse", explicaba Alberto Fernández el 21 de febrero de 2021, luego de despedir al ministro de Salud, Ginés González García, 24 horas después que estallara el escándalo del robo de vacunas y su aplicación a amigos del poder. En ese momento el país sufría alrededor de 2 millones de contagios y 51 mil muertes por la pandemia de Covid-19. La sociedad estaba alarmada por la escasez de vacunas ante un plan de vacunación deficiente y el desgaste máximo de los trabajadores de sanidad, que fueron postergados, poniendo en riesgo sus vidas por cada vacuna inoculada fuera del circuito de prioridades por ellos mismos establecido, precisamente por una nefasta gestión en la compra de las dosis.
Pero el homenajeado por el Gobierno por su gestión en salud pública sigue sosteniendo que no fue así. ¿Será que los equivocados somos todos los demás?
"Lo importante es que a la Argentina le fue menos mal de lo que le podía haber ido", dijo, para rematar, en el colmo de la falta total de empatía y sentido común. No solo viven desconectados de la realidad de todos los argentinos; también viven desconectados de nuestras emociones. Ellos nos quieren hacer creer que los equivocados somos nosotros. Paradójico como suena, esta vez, están en lo cierto. Los equivocados somos nosotros, que los seguimos votando.
Hemos dicho antes en esta página que Argentina es un país que lastima. Que hace doler cada día. Que no da respiro. Que nos asfixia con su incesante e insensata insensibilidad. Que nos atropella día a día con la irracionalidad y la más absoluta falta de empatía y de visión de país tanto de sus gobernantes como de sus aspirantes a gobernarlo. Pero es dable agregar un aspecto a este planteo: los equivocados, como siempre, somos nosotros.














