Hechos y personajes de la historia de Douglas

En el marco del centenario de Douglas Haig, se recuerda el penal que Vicente Cinalli le atajó al Chorlo Carlotto, a Juan Pupo Di Santo, uno de los más habilidosos futbolistas de la década del 30, al zaguero Domingo Marcolongo y al clásico centrohalf de antaño Juan Digilio, quien logró los títulos con el rojinegro en 1962, 1964 y 1966.
Por Carlos Luján del Valle. Para LA OPINION.
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El penal atajado a Carlotto
En sus recordadas memorias dedicadas al deporte de Pergamino, el periodista de LA OPINION, Ricardo Piraccini, se ocupó con envidiable maestría de trasladar al papel uno de los tantos hechos protagonizados por deportistas pergaminenses en la tercera década del siglo pasado: “La tarde que le atajaron un penal al “Chorlo” Carlotto”.
“El domingo 26 de abril de 1931, en la cancha de Douglas Haig, el arquero de Tráfico´s, Vicente Cinalli, le atajó un tiro penal al “Chorlo” Carlotto, Eso era una hazaña para cualquier arquero y en cualquier cancha. El tan potente tiro de Carlotto, desde los 12 pasos, nunca había sido detenido por guardavalla alguno, por temerario que fuera. Pero esa tarde, cuando el árbitro del encuentro, que era Arturo Carlotto, marcó la pena máxima, todo el mundo daba por descontado el gol de Douglas Haig. Pero ocurrió lo inaudito, Vicente Cinalli lo desvió al córner.
Fue una gloria, una hazaña para el arquero; y fue un remordimiento para el “Chorlo”. ¡Nunca le habían atajado un penal! Y ese descontento le duró toda la vida a Carlotto. Cuando el 28 de abril de 1981 (50 años después), se efectuó una comida en el Club Tráfico´s para rememorar el episodio; entre un grupo de amigos, volvieron a recordarse los detalles de aquel tiro de aquella atajada, y el “Chorlo” no podía creer que ello hubiera ocurrido realmente. Y el “Chorlo” aún herido en su amor propio de cañonero incontenible, buscaba una y mil maneras para hallar explicación a lo inexplicable.
Amigos, ambos, César y Vicente, recordaron esa noche el histórico penal. Pero Carlotto no podía convencerse de que un tiro suyo, desde los 12 pasos, hubiera podido ser detenido por alguien. Por más que ese alguien fuera nada menos que el gran arquero, y su amigo, Vicente Cinalli” (R.P)
“Pupo” Di Santo
En sus 100 años de historia, Douglas Haig almacenando en sus equipos nombres que trascendieron por diversos motivos. Así fue como en la memoria y balance de tantos avatares futbolísticos, sobresalen por virtudes propias nombres como el de Juan Di Santo, alguien a quien la afición douglista lo mencionaba comúnmente por su apodo: “Pupo”. Fue quizá en la década del 30, uno de los jugadores más habilidosos de la época. Gambeteador por instinto solía hacer malabares con el esférico. Cierta vez, en un partido de Primera División, cruzó todo el campo de juego con la pelota en los pies, dejando a su paso un tendal de adversarios desparramados en pos de quitarle el balón. No hubo manera de pararlo. Con su dribleo llegó hasta el banderín del córner, paró la pelota, se sentó sobre ella y con una mano incitaba a los equipistas contrarios gritándoles: “Vengan, vengan a buscarla”.
Y no fue la única de sus anécdotas las que seguramente eran parte de su divertimento con el juego. Una tarde llegó hasta la línea del arco, puso el pie encima del balón, esperando la reacción del arquero revolcado en el área, y cundo este se levantó mandó la pelota al gol. Sus compañeros excitados, no lo podían creer.
Domingo Marcolongo y Juan Digilio
Ambos se encontraron en el ocaso del primero y la aparición en el primer equipo douglista de Digilio. Marcolongo era una atracción en las canchas por su figura, áspera, típico zaguero de entonces donde la técnica era muchas veces superada por la reciura de los defensores. Marcolongo era el arquetipo de esa sensación de hombre expeditivo y seguro en su accionar. Durante los partidos era un constante masticador de chicle, siempre despeinado, pero increíblemente noble en sus cruces ante los delanteros rivales. Supo integrar un trío memorable con Mauricio Rivarosa en el arco y Gaudencio Fanjul, completando la zaga.
Juan Digilio fue el clásico centrohalf de antaño. Inteligente en la mitad de la cancha, solía imponer su criterio y templanza para consagrarse ante la hinchada rojinegra como un notable caudillo. Fue campeón con Douglas Haig en 1962, 1964 y 1966 junto a Rivarosa, Bruno, Sánchez Espinosa, García, “Tete” Raimundo en su Douglas Haig campeón para llegar a compartir en su época de veterano, conjuntos al lado de Ojeda Barrangú, Mendoza y Tosar, entre otros.












