Hablemos en serio sobre inseguridad
En Pergamino la seguridad no da tregua; robos y hurtos en viviendas y comercios, arrebatos de carteras, entraderas, drogas que circulan y motochorros que se multiplican, chicos que no pueden ir solos ni a hacer un mandado porque les roban zapatillas, mochilas y celulares. Y aun cuando debemos celebrar la inexistencia de delitos mayores como los crímenes narco o los secuestros, tan comunes en otros distritos de mayor porte, no queremos conformarnos con vivir con el delito, de la manera que se manifieste, a la vuelta de la esquina.
La realidad es que no es un fenómeno nuevo ni focalizado, se viene desarrollando y agravando desde hace años y abarca a los barrios y el Centro de la ciudad. Lo cual no hace más sencilla la tarea sino más compleja, la geografía más amplia y más difícil de controlar.
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Cuando asumió el intendente Javier Martínez afirmó, con impecable criterio, que en Pergamino una veintena de familias son las responsables de la mayoría de los delitos. Y la realidad parece darle la razón: los mismos apellidos en la versión de padres, hijos y nietos, aparecen reproducidos indefinidamente en muchos hechos de delito en nuestra ciudad. Y esto habla a las claras tanto de un fracaso policial cuando los deja hacer, como judicial cuando los va dejando libres, sin castigo ni rehabilitación, ante cada paso. Puede decirse entonces que el mayor problema con que cuenta nuestra ciudad es la reincidencia. Así como en otros distritos padecen la instalación de bandas narco que matan a mansalva, o otros con Policía corrompida que es parte de la matriz delictiva.
Conversando con vecinos de distintos barrios todos terminan coincidiendo en que en cada zona hay dueños, jefes, vecinos a los que les temen porque les conocen frondoso prontuario y al estar libres los consideran una suerte de intocables y lo mismo vale para sus hijos que se multiplican en la misma profesión y en algunos casos ya son los nietos los que se iniciaron en el camino: robos, escruches, arrebatos, venta de estupefacientes, grescas continuas con heridos por ocupación del territorio. Y del mismo modo, cuando están adentro, el resto de los habitantes de la zona pasa una temporada de calma. Por este temor que infunden, estos no tantos delincuentes cuentan con el favor del silencio del resto de los vecinos del sector por temor a represalias, las que no son extrañas, sino todo lo contrario. Si un vecino sale de testigo de un hecho delictual, no es raro que le baleen el domicilio o que ataquen a alguno de sus familiares. Y esto sucede porque se está protegiendo más al delincuente que al honesto.
Entre la Policía y la Justicia hay una suerte de pases de factura permanentes, respecto de quién es el responsable de la impunidad que reina entre los delincuentes más conocidos de cada sector. La Policía dice que los detiene y la Justicia los deja en libertad enseguida y la Justicia afirma que hay casos en que la Policía tiene acuerdos con los cacos y solo aprehende a los que no han arreglado con alguien de la fuerza, cuando no le echa la culpa al Código Penal. En medio estas verdades está el por qué de la reincidencia.
Y en medio también están las víctimas, que somos los vecinos y tenemos el derecho y el deber de peticionar ante las autoridades por más seguridad. Y precisamente un ordenador natural de esta situación es la Municipalidad que hace su aporte desde el sistema de seguridad 108 Alerta Pergamino y cuenta con 20 unidades móviles de Patrullas urbanas que vigilan la ciudad a partir de un esquema de cuadrículas y el soporte telefónico gratuito a través del cual los ciudadanos denuncian situaciones sospechosas. Este es el aporte que hace la Comuna a la prevención del delito, además de una buena cantidad de combustible para el patrullaje. También y para el mismo fin Pergamino cuenta con 170 cámaras de seguridad instaladas para monitorear los puntos calientes de la ciudad. Las cámaras se utilizan para controlar el movimiento y advertir situaciones de peligro e inseguridad, desde accidentes de tránsito hasta merodeo. Una vez observada la situación de riesgo, los operadores dan aviso a la Patrulla Urbana, ambulancias, bomberos, policías, según el caso. Una de las principales utilidades está unida a la asistencia brindada a la Justicia, ya que por el municipio suministra las imágenes obtenidas de las cámaras de monitoreo ante el requerimiento de autoridades policiales y de las fiscalías. Las grabaciones quedan guardadas por el término de siete días, eliminándose automáticamente una vez vencido ese plazo. Estos son los datos oficiales que ofrece el 108 respecto a su accionar. En los hechos, no funciona todo tan aceitado como se enuncia. Al menos no hemos conocido desde la prensa, a excepción de dos casos de picadas de coches en 2015, que algún crimen o robo se haya resuelto por la imagen de alguna de las 170 cámaras ubicadas en puntos estratégicos. Será por eso que lo delincuentes obran como si no estuvieran.
Podemos asegurar que las llamadas se graban y las imágenes están disponibles como se plantea, lo que no vemos son resultados objetivos, porque se dice que con este sistema y las nuevas tecnologías se han evitado más hechos delictivos. No tenemos por qué dudar de que así sea, al fin, no existe cosa tal como las estadísticas de los delitos que no se produjeron. Sí las hay de los que efectivamente ocurrieron y las cifras van en franco aumento, incluso sin contabilizar la enormidad de casos que no se denuncian.
Por este motivo, aun con lo que se haya evitado gracias a estas intervenciones, no podemos hablar de una tarea preventiva efectiva en tanto cada día hay más robos, atracos callejeros y escruches a comercios y viviendas. Siempre por oleadas, cabe señalar, lo que da cuenta de esta lógica de entrada y salida de los calabozos de los mismos delincuentes de siempre, como bien reconoce Martínez. Esta semana, sin ir más lejos, se registró un pico, con cuatro comercios violentados durante la noche, varios robos en casas de familias y los ya naturalizados arrebatos en la vía pública. En las paradas de colectivos, un día sí y el otro también, los motochorros se ceban con las mujeres que esperan el transporte. A plena luz del día y sin que nadie atine a reaccionar alrededor por temor a un golpe o un tajo de arma blanca, que es con lo que generalmente se bajan de la moto para amedrentar. En los barrios las trifulcas producto de robos y venganzas están a la orden del día y sería interesante que en la Municipalidad se cruzaran datos con los de Policía y Hospital para comprobar el estado en que se encuentra el problema.
En síntesis, lo que vivimos muestra que ni la Justicia, ni la Policía ni la Municipalidad han logrado acorralar el delito en Pergamino. Que todo sigue siendo un puñado de buenas intenciones, con gran voluntad de encontrar una vía resolutiva pero sin acierto al camino.
En Pergamino además sabemos que se comercializan drogas, hemos informado en varias ocasiones respecto de operativos policiales donde se han secuestrado estupefacientes (marihuana y cocaína) provenientes de Rosario y Buenos Aires principalmente. Ahora la novedad es que también arriban drogas sintéticas, que circulan en reductos de clase media-alta y que el fin de semana pasado pretendieron comercializarse en una fiesta electrónica, intención que fue desactivada por la oportuna intervención del Juzgado Federal de San Nicolás. Es decir, que si bien no es el narcotráfico competencia ni del Municipio ni de la Policía ni Justicia provinciales, de no ser por esta investigación que ya venía en curso, quienes nos protegen quedaban al margen de una situación delictiva que, seguramente, no es la primera ni última vez que se produce.
Desde estas páginas hemos planteado en más de una ocasión que, aunque no era para contentarse, en comparación con otros distritos la cosa no estaba tan mal en Pergamino. Sin embargo, el tenor y la asiduidad de los hechos ya pasan de castaño a oscuro.
Entendemos que es una tarea más que compleja combatir la inseguridad pero también advertimos que la menor complejidad antes mencionada amerita que el trabajo que se realiza sea más efectivo. Podrán decir las autoridades locales -políticas y policiales- que justamente por ese motivo los recursos para seguridad de la Provincia, que son escasos, se destinan a jurisdicciones más complicadas. Es verdad. Pero en tanto el delito sea como hasta ahora, vernáculo, 100 por ciento original de Pergamino, tendríamos que poder con él. Hasta aquí no llegan bandas de otras ciudades, son nuestros propios delincuentes, los de siempre, los que desde el vecino hasta comisario conocen. Entre los puntos a favor está también la no propagación de Paco en nuestro medio, una droga letal nacida del residuo de la cocaína que no solo lleva a delinquir sino que además su presencia es señal de que a los pocos metros hay una cocina. Y donde hay cocina hay dealers, sus jefes los narcos y sicarios que cuidan el territorio. En Pergamino no hay Paco y, por ende, no hay cocinas de estupefacientes, lo que no deja de ser una buena noticia.
La inseguridad es un evidente flagelo que tenemos, a veces empujado por la droga, otras por la impasibilidad policial y judicial. Y la realidad es que nada nos gustaría más que ver un acuerdo de las autoridades políticas, judiciales y policiales para combatir seriamente y en conjunto el delito. Estudiar las reincidencias de aquellas familias que, como dijimos, son varias generaciones de los mismos delitos, prevenir con la mayor insistencia, patrullar con los móviles de la Policía y que los del 108 se aboquen a esta función, dejando el tránsito para los autos y agentes de Inspección.
De algún modo hay que lograr bajar los índices del delito. Si se logra evitar la reincidencia con condenas efectivas y se trabaja para que todo lo invertido en tecnología sea realmente útil a esta lucha habremos dado dos grandes pasos en este largo camino.















