Guillermo Irizar aprobó otro desafío: los 100K de “Conociendo a la Pachamama”

El ultramaratonista de nuestra ciudad fue uno de los 14 participantes que completaron la competencia de los 70 que largaron. Con 20 horas y 24 minutos ocupó el puesto 11 de la general. Con esta actuación alcanzó los 9 puntos necesarios para inscribirse en el Ultra Trail du Mont Blanc, pero deberá aguardar el sorteo de las 2.300 plazas disponibles.
DE LA REDACCION. El domingo 11 de este mes el pergaminense Guillermo Irizar completó los 102 kilómetros (distancia real) de la octava edición del ultramaratón Conociendo a la Pachamama en Tilcara, Jujuy, y sus alrededores. Fue uno de los 14 participantes que completó el recorrido, lo que resalta la labor concretada por este pergaminense, que ocupó el puesto 11, pero como siempre resalta, en este tipo de competencias lo importante es llegar, el tiempo y la posición son anecdóticos.
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Irizar compartió con LA OPINION sus vivencias en esta nueva aventura. Los de las tres distancias más largas (también había pruebas de 78, 55, 21 y 10 kilómetros) arrancamos a las 6:00 con un frío descomunal, no acorde a la época del año, por lo que salimos todos despacio para entrar bien en calor los músculos y no lesionarnos. Al salir de la plaza de Tilcara bordeamos y cruzamos el Río Grande para llegar a Juella y ascender a un cerro a 2.900 metros sobre el nivel del mar donde pudimos observar el hermoso e increíble Cerro Amarillo; una vez ahí la vista invitaba a quedarse unos minutos y disfrutar de semejante belleza que tiene el norte argentino, lleno de colores, contó sobre el inicio de la aventura.
La altura y sus efectos
Al bajar del cerro nos dirigimos al puesto de control Angosto del Perchel a 2.650 metros de altura y ahí empezamos a subir, a través de diferentes quebradas, al segundo punto más alto de la carrera, Ovejería Vieja, a unos 3.500 metros, al llegar a esta cima la altura se hizo notar y empezó a faltar el aire, recién iban 30 kilómetros, iba a ser por lejos la carrera más difícil de mi vida, por el frío y por la altura, a la cual no estoy para nada acostumbrado, se sinceró.
En ese punto de la competencia se unió a un matrimonio de la ciudad de Neuquén con el que compartió gran parte de la carrera: Con ellos empezamos la bajada hasta la plaza de Tilcara pasando por la Garganta del Diablo, un lugar espectacular al que había ido a conocer en los días previos a la carrera. Luego de pasar por la plaza e hidratarme y comer algo, empezamos el ascenso hacia el punto más alto de la carrera, Capilla del Abra de Punta Corral, fueron 15 kilómetros de constante ascenso y con un viento en contra que sumado a la altura que íbamos ganando fue haciendo estragos internamente en mi cuerpo, fue el momento más duro, me empezó a faltar el aire, trotaba y caminaba 500 metros y tenía que frenar porque me dolía la cabeza y me ahogaba, la mochila me pesaba y sentía que los bastones me estaban sacando ampollas en las manos. Por suerte me crucé a un pibe de Esperanza, que me dio un par de consejos y me alentó para seguir y no aflojar, ingerí un par de caramelos de coca, tomé unos cuantos sorbos de agua y pude tomar aire y empezar a subir con más intensidad.
A las 18:00, luego de 12 horas de competencia Guillermo se encontraba en el punto más alto de la carrera, en el kilómetro 57. Les pregunté a los chicos del puesto de control cómo venía con los cortes por tiempo y me dijeron que muy bien, así que empecé a trotar y llegué a la parte más linda, empezaba la bajada hasta Maimará, tenía que bajar haciendo acarreo por unas constantes curvas, unos 10 kilómetros, desde los 3.890 metros hasta los 2.400, las nubes estaban abajo mío, fue un momento único en el que me tomé un rato para observar y filmar un pequeño video para mostrarles a mis amigos porque de lo contrario no me iban a creer, estaba arriba de las nubes, ¡qué locura!, recuerda sobre ese tramo de la competencia.
Mi respuesta fue yo sigo
Las horas pasaron y empezó a oscurecer y la temperatura a descender. En la ciudad hacía cinco grados bajo cero, imagínense arriba, unos 10 grados abajo seguro, me coloqué la linterna frontal en la cabeza, un polar que tenía en la mochila y empecé a descender entre las nubes, qué frío que hace cuando las atraviesas, y me agarró la noche a las 19:45. Bajé con mucho cuidado, porque un error o un mal cálculo y no estaría repasando esta experiencia, era todo precipicio alrededor, una verdadera locura pero con mucha adrenalina, de la cual disfruto mucho y es lo que me invita a participar de estas duras pruebas de montaña, manifestó.
Luego de una hora y 15 minutos logré llegar abajo y empecé a volver hacia la plaza, eran las 23:00 y ya había realizado 78 kilómetros, en este lugar gente de la organización me preguntó tres veces si quería seguir porque muchos habían desistido de seguir debido al frío y al mal de altura, mi respuesta fue tres veces la misma, yo sigo, más seguro que nunca. Así que emprendí la última parte de la carrera sabiendo que lo peor ya había pasado y que había que dar un poco más. Luego de una hora de subidas hasta la ciudad de Huichaira y pasar por el penúltimo puesto de control empecé a regresar hacia la plaza, a esa altura ya me encontraba totalmente solo, era yo, las estrellas, el frío, la montaña y mis piernas que me decían ¡bastaaaaa! Luego de 20 horas y 24 minutos logré llegar a la meta, eran las 2:24 y me invadía una sensación de felicidad única. Había logrado algo que nunca pensé que iba a conseguir. Me informaron que había arribado en el puesto 11 de la general, luego me enteré de que de los 70 que largamos solo 14 completamos la distancia, el resto fue descalificado por los cortes de tiempo, abandono o decidieron clasificar en la carrera de 78 kilómetros y no hacer la última parte, contó.
Mont Blanc, el sueño
Guillermo Irizar persigue un sueño: completar los 168 kilómetros del Ultra Trail du Mont Blanc, que se desarrolla en Francia. Con esta carrera, más los 120 kilómetros del Patagonia Run realizados en abril en San Martín de Los Andes con Emilio Lavezzari y los 100K del año pasado en el mismo lugar, tengo los nueve puntos necesarios para anotarme a la Utmb. Poder competir en esta carrera sería un sueño hecho realidad, así que el 13 de enero, a las 5:00, cuando se realice el sorteo, sabré si entré o no, ya que hay 2.300 lugares y suelen anotarse entre 5.000 y 6.000 personas, le explicó a LA OPINION.
En el cierre Guille agradeció a mis viejos, si no fuese por ellos no tendría la determinación y las ganas que tengo para realizar estas carreras, a mi hermano Mati que siempre me banca, al Uru, Emi, Hochi y Tuky por todos los entrenamientos compartidos y a mi novia Lea que tanto me banca en esta pasión que tengo, a todos mis amigos por los mensajes y aliento que me dan siempre, que me invitan a seguir y a ir por más y como siempre les digo: ¡querer es poder!














