Graciela Nemi, una mujer de fe y con profundo compromiso social
Fue concejal y realizó una intensa labor pastoral junto a su esposo, el pastor Teixidó. Tiene su propio espacio político, "Valores para mi país", y está a cargo de la dirección de Ceremonial y Protocolo del Concejo Deliberante. Siente vocación por lo público, en el convencimiento que la participación y el trabajo son las herramientas para transformar la realidad.

Graciela Nemi tiene 66 años. Nació en Pergamino el 18 de enero de 1956 y vivió su infancia en el Centro, en calle Rivadavia y 3 de Febrero. Sus padres fueron María Teresa Amué y Eduardo Nemi, ella ama de casa y luego empleada de comercio y él, mecánico. Tiene un hermano menor, Eduardo, que está casado con Marisa y tienen una hija llamada Valeria.
Comenzó su escolaridad en el Colegio Normal y terminó en la Escuela Nº 16 y aunque le hubiera gustado seguir estudiando, a los 14 años tuvo que salir a trabajar: "Ingresé en Filus y luego en Calzados Carlos". En la entrevista no habla demasiado de su infancia y hay vivencias que se guarda para sí. Todo lo que cuenta revela la personalidad sensible de una mujer que tempranamente conoció algunas dificultades y supo sortearlas con coraje. De la mano de esas experiencias y de una fe que la acompaña desde siempre, no solo forjó su carácter sino su compromiso ético con el sentir de los demás.
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A los 19 años se casó con Samuel Teixidó, pastor evangélico y agrónomo. Ambos son evangelistas y se conocieron en la iglesia en la que se congregaban. "Samuel era oriundo de Rojas, pero desde chico vivió en la provincia de Córdoba. Al llegar a Pergamino para terminar la carrera de agrónomo en la Escuela Agrotécnica, la vida nos cruzó. Nuestras familias se conocían, ellos se acercaron a la iglesia a la que asistíamos y un día de reunión nos conocimos. Estuvimos tres años de novios y llevamos 46 de casados".
"Como él era agrónomo, ya casados, nos fuimos a vivir a la Estación Experimental del Inta. Yo trabajaba en Calzados Carlos; me iba a la mañana en el micro que trasladaba a los empleados y regresaba a la noche con el señor que tomaba el estado del clima. Cuando nació mi hija renuncié a la zapatería y como el comedor de Inta estaba cerrado, tomamos la concesión y comencé a cocinar para los empleados de la Experimental".
Allí vivieron unos años hasta que se mudaron al Centro. "Con mi esposo siempre fuimos muy apegados al trabajo, tuvimos una vida de esfuerzo y esa es la base de todo lo que hemos construido", reflexiona.
Tienen tres hijos: María de los Angeles (44), que es medica clínica en Venado Tuerto y vive en Hughes; está casada con Néstor que trabaja en el frigorífico de esa localidad. Ellos tienen dos hijos: Marcos y David. Ana Inés (42) es psiquiatra, vive en Rosario, está casada con Jorge que es abogado y tienen a Ciro. Y Pablo (36) es locutor nacional, vive en Pergamino; está casado con Georgina y tienen a Mateo y Gabriel. "Conformamos una hermosa familia", señala reconociendo que encuentra en los suyos ese núcleo afectivo vital.
La iglesia
Graciela es evangelista y concibe esa fe como "algo más que una religión": "Es tener a Dios como modo de vida, es entregarle todo tu ser para que él haga su obra. Es como entregarle la lleve para que él vaya adelante como guía. No es tener a Dios en los momentos de necesidad sino saber que él camina con nosotros".
Esa convicción es algo más que una definición, es una vivencia que encuentra testimonio en el modo en que ella y su familia han sabido afrontar ciertas circunstancias felices o adversas. "Dios está siempre con nosotros y nos ha ayudado mucho", resalta y menciona que en el año 1995, a causa de una estafa que sufrieron, perdieron ocho autos nuevos de una agencia que tenían y su casa. "Nos tuvimos que ir a vivir a un lugar que nos prestaron y comenzar de cero. Y lo hicimos creyendo, sabiendo que todo pasa para bien".
"Ojo, no somos místicos. Vivimos con los pies en la tierra y la cabeza en el cielo, pero creemos que hay un Dios que todo lo ve y juzga justamente y El es el que da la provisión y el sostén", aclara.
Sortear la adversidad, juntos
Desde hace algunos años su esposo atraviesa algunas situaciones de salud que condicionan su autonomía y lo obligan a convivir con el dolor. El cuidado incondicional, la compañía de la familia y esa certeza de que todo en la vida tiene un propósito del cual cosechar aprendizajes, les permite sobrellevar esa situación con la calma que solo da el amor incondicional. Han compartido la actividad pastoral y una vida rica en experiencias. Algunas de ellas Graciela las acerca a la charla. Comenta que ya no tienen congregación porque "Samuel oficia como una especie de obispo a nivel nacional, es vicepresidente de la institución y se dedica a atender a la familia pastoral". "Es una tarea que lo gratifica", destaca Graciela, que lo acompaña y le sirve de sostén en lo cotidiano.
También recuerda las épocas en que sí tuvieron congregación. "Tuvimos templo en la Peatonal, fue algo hermoso, una experiencia de mucho contacto con la gente", menciona. Y señala que personalmente siempre sintió inclinación por el trabajo social. "Me gusta poder gestionar para resolver los problemas de la gente y siempre trabajé socialmente. Desde la propia iglesia trabajé mucho en las cuestiones de violencia de género, una problemática que me conmueve y me compromete", agrega.
Una experiencia en España
Relata que se quedó sin empleo teniendo 35 años y que le resultaba difícil insertarse en el mercado laboral. Con sus hijos estudiando afuera, con su madre comenzaron a elaborar empanadas para vender y terminaron preparando comidas para fiestas. "Cuando dejamos ese emprendimiento vendí las máquinas y me fui a España, a cocinar en un restaurante. Habíamos estado por nuestra labor pastoral y me fue fácil insertarme. Estuve en Barcelona y en un pueblo en cercanías de Valencia. También hice trabajo pastoral durante mi estadía asistiendo a víctimas de la violencia de género, una problemática que en España se suele tapar con dinero. Fue una experiencia hermosa, me hubiera quedado allí, pero eso requería de una decisión de familia que finalmente no tomamos, así que pasados unos meses regresé y con lo que gané pudimos seguir sosteniendo el estudio de los chicos", cuenta.
Compromiso puesto en acción
Los ejemplos de su trabajo social son innumerables. Hay uno que destaca: "Cuando en 1989 un tornado afectó Pergamino, nos congregábamos en Alsina y Rivadavia y teníamos un anexo de la capilla en las 80 Viviendas; desde ese espacio trabajábamos mucho con la Escuela Nº18. El tornado se llevó la mitad del techo y cuando eso ocurrió fue la primera vez que empecé a trabajar fuera de la iglesia. Fue increíble el trabajo que realizamos con jóvenes de distintas banderas, no había diferencias ni políticas ni de religión en esa tarea solidaria que emprendimos".
"Tiempo después en el barrio Atepam con mi esposo abrimos un hogar de día que durante ocho años asistió a 130 niños de entre 45 días a 14 años. Conformamos un grupo de voluntarias que éramos mamás, ahí tampoco había banderías ni religión, nos unían las cosas que teníamos en común. Como nunca dejé que nos usaran políticamente, eso me trajo algunos inconvenientes, y cuando no pudimos sostener más esa obra, la cerramos".
La política
Siente una profunda vocación por la política y anhela poder legislar y ser protagonista en la convicción de que "las realidades se transforman desde adentro, involucrándose en la resolución de los problemas".
En 2008 "Cachi" Gutiérrez le ofreció al Consejo de Pastores formar parte de la Integración Cívica Pergaminense y Graciela se sumó a participar y asumió el desafío. "Fui en el sexto lugar de la lista de concejales, pero en ese momento no tuve oportunidad de entrar", señala.
Entonces comenzó a trabajar en la Subsecretaría de Seguridad, donde con Valeria Schutz llevó adelante una tarea comprometida con la cuestión de género. Cuando se produjo el fallecimiento de Luis Sued, asumió en su lugar como concejal hasta cumplir su mandato. "Fue algo que viví con sentimientos muy encontrados porque Luis era un amigo de toda la vida. Mi asunción tuvo la alegría de lo que representaba para mí la oportunidad de ser concejal y la tristeza de haber perdido a un ser tan valioso y querido. Fueron tres años de trabajo intenso y comprometido".
En el Concejo Deliberante
Finalizado su mandato volvió a trabajar en el Departamento Ejecutivo hasta que Lucio Tezón y Gabriela Taruselli piden su pase al Concejo Deliberante, ámbito en el que se desempeña en la actualidad como directora de Ceremonial y Protocolo. "Mi tarea consiste en organizar eventos, mantener contacto con las distintas instituciones, manejar la agenda de uso del salón y preparar el ceremonial para la presidencia del Concejo. Me gusta mucho lo que hago, me preparé para esto haciendo un curso de Ceremonial y Protocolo en la UBA que me dio muchas herramientas", refiere, aunque se define como "autodidacta".
El presente y sus proyectos
Cuando no está trabajando le gusta la vida de familia, comparte tiempo con sus nietos y disfruta de verlos desarrollarse. "Tengo una vida muy activa, me gusta cocinar, tengo amigas a las que adoro, pero no soy de salir mucho", sostiene y vuelve sobre las dificultades de salud de su esposo cuando describe algunas de las rutinas de la vida cotidiana. "Da mucha impotencia el dolor de la persona que uno ama. Y uno no puede más que acompañar", reflexiona y afirma con emoción que Samuel "es el ser más bueno que Dios haya podido poner en su camino".
En el terreno de los proyectos la política ocupa un lugar en la vida de Graciela que desde hace unos años tiene su propio espacio "Valores para mi país". Está convencida de que la participación y el trabajo son las únicas llaves para transformar la realidad.
Aspira a poder estudiar abogacía, su asignatura pendiente, y sabe que lo conseguiría si se lo propone porque le sobra tenacidad cuando se plantea una meta.
Resiliente y fiel a sus valores, siente que quien la sostiene es Dios. "No estoy hablando de religión, estoy hablando de esa fuerza que da impulso para seguir y proyectar", afirma.
Pergamino, su lugar
Sobre la final la charla gira en torno a las cuestiones de Pergamino. Es una mujer que ha trabajado y trabaja mucho por esta ciudad que, aunque fue la que la vio nacer confiesa que "aprendió a querer con los años".
"Durante mucho tiempo me quise ir de Pergamino, porque le atribuía a la ciudad, una infancia difícil, el tener que luchar y perder muchas veces. Con el tiempo comprendí que eso no tenía que ver con el lugar, que son experiencias que te hacen crecer. Entonces descubrí que aquí podía desplegar mis inquietudes, asumir mi compromiso social. En la villa, tomando de un jarro lo que la gente te sirve para compartir o sentada a una mesa servida con todos los cubiertos, haciendo lo que amo, supe que este era mi lugar en el mundo", concluye, en una reflexión que muestra la madurez surgida de múltiples, intensas y vivas experiencias de las que se nutrió para ser quien es.
















