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Ganar elecciones no es lo mismo que gobernar

Parece una obviedad, pero en la vorágine de todos los días, nos olvidamos que para guiar los destinos de un municipio, una provincia o la nación, la persona que llega a esa instancia además de imponerse en las urnas debe tener gran capacidad para negociar, controlar las emociones, estar predispuesto...

25 de agosto de 2023 a las 12:00 a. m.
Ganar elecciones no es lo mismo que gobernar

Parece una obviedad, pero en la vorágine de todos los días, nos olvidamos que para guiar los destinos de un municipio, una provincia o la nación, la persona que llega a esa instancia además de imponerse en las urnas debe tener gran capacidad para negociar, controlar las emociones, estar predispuesto a tejer alianzas y mostrar resultados concretos.

Todos desearíamos que un buen gobernante sea una persona honesta, responsable, justa y capaz de tomar decisiones a favor del interés general, aún en las situaciones más difíciles. Además, que sepa ver lo que traerá el futuro para poder conducir a la ciudadanía hacia la prosperidad en un contexto de paz social. Pero sabemos que eso sólo existe en el terreno de lo imaginario, porque en el mundo real o, para ser más precisos, para navegar en las turbulentas aguas del poder político real las ideologías y los principios son herramientas muy valiosas y necesarias, pero aun cuando las condiciones sociales y económicas sean relativamente favorables será necesario tener a mano una buena dosis de pragmatismo.

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No es arbitrario que uno de los libros de cabecera del poder político siga siendo El Príncipe, de Nicolás Maquiavelo, pese a que la obra fue escrita en 1513. Basta repasar brevemente los títulos de algunos de los capítulos que forman parte de ese texto, para entender que el arte de gobernar no es para cualquiera. "Sobre las cosas por las cuales los hombres y sobre todo los príncipes son encumbrados o reprobados", "Sobre el despilfarro y la mesura", "Sobre el modo en que un príncipe debe mantener su palabra", "Sobre la necesidad de no ser despreciado ni odiado" y "Sobre el modo de escapar de los aduladores", son algunas de las reflexiones del florentino en torno a cómo obtener y preservar el gobierno de una ciudad-estado. El mundo ha cambiado mucho, es cierto. La ciudad medieval de Florencia no se parece en nada a los grandes centros urbanos de este siglo XXI. Tampoco las formas de vestir o de relacionarse de las personas de aquella época medieval son las mismas que se observan hoy en este planeta globalizado. Pero hay algo que ha permanecido de modo casi inalterable: la condición humana.

Se podrá decir también, como plantea el historiador israelí Yuval Noah Harari, que el Homo sapiens se convirtió en la especie que más lejos llegó en el planeta por su capacidad de creer en ficciones compartidas que le han permitido cooperar y organizarse en grandes grupos. Y habrá que reconocer también que esa necesidad de organizarse para sobrevivir necesitó de líderes con capacidades para influir en las grandes decisiones y orientar a las sociedades. En la compleja coyuntura que atraviesa hoy la economía nacional, en un año cargado de competencias electorales, se necesitan dirigentes predispuestos a encontrar consensos básicos para reducir la inflación y empezar a ordenar las variables macroeconómicas.

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Como hemos señalado en varias oportunidades, la dirigencia en general y la política en particular deben tomar nota de los riesgos que encierra la confrontación extrema y permanente en un momento con muchas turbulencias. El país tiene por delante enormes desafíos y quienes aspiran a ocupar la Casa Rosada, los gobiernos provinciales y municipales deberán demostrar que son capaces de conducir a buen puerto al conjunto de la sociedad, respetando las instituciones. Imponerse en las urnas es un paso importante en el proceso democrático, pero ganar no siempre es sinónimo de éxito y por eso se suele recordar la frase de Pirro, rey de Epiro, quien logró una victoria sobre los romanos, pero después de perder en la batalla a la mayoría de sus hombres. Cuenta la historia que, al contemplar lo sucedido, Pirro exclamó: "Otra victoria como ésta y volveré solo a casa".

Las principales fuerzas políticas lograron, en su momento, ser eficientes para generar expectativas en buena parte del electorado y en hacer que muchos depositen su confianza en las urnas. Es de esperar que quienes se impongan en los próximos comicios tengan en claro que ganar elecciones es un punto de partida y que, a partir de ese momento, la verdadera tarea recién comienza. Obtener el respaldo de las mayorías no es poca cosa, pero gobernar implica adoptar decisiones, diseñar y aplicar políticas públicas y hacer frente a todos los obstáculos que aparecerán en el largo camino de la gestión.

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