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Francisco y la comunión a los divorciados

07 de agosto de 2015 a las 12:00 a. m.

El Papa Francisco ha puesto nuevamente a prueba los rigorismos con los que muchos miembros del clero de la Iglesia católica han logrado el alejamiento de los fieles. Y anunció en forma clara y contundente que los divorciados y vueltos a casar “no están excomulgados, como algunos piensan: ellos forman parte siempre de la Iglesia. La Iglesia no tiene las puertas cerradas a nadie”.

Lo dijo en la audiencia colectiva Nº 100 de su Pontificado; volvió a insistir en la centralidad de la misericordia de Dios, que lo perdona todo y envió un claro mensaje en vista del sínodo de obispos de octubre próximo.

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Dijo, con la mira puesta en los sectores conservadores de la Iglesia, que lo que piensa sobre los divorciados vueltos a casar no es una sorpresa. Desde el principio de su pontificado, en efecto, Francisco insiste en la necesidad de una Iglesia que no salga a condenar sino a acompañar y a curar a los heridos de hoy, entre los que sin duda están quienes han fracasado en su matrimonio. En esa Iglesia de la que habla el Papa debe primar, más allá de los rigorismos, la misericordia de Dios que perdona y salva a todos, sin exclusión.

Lo que el Papa hace es una incorporación de los signos de los tiempos a la doctrina; difícilmente puedan aplicarse sin adaptaciones las condiciones que imponía el catolicismo de los tiempos del Imperio Romano, cuando San Pablo instauró muchas de las leyes que se prologaron a través de los siglos pero que en realidad venían a dar respuestas a problemáticas de aquella época. 

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Como cualquier ciudadano del mundo, Francisco advierte un cambio de época. Entiende que del mismo modo que la corrupción de algunos sacerdotes no buenos, también el problema del clericalismo ha dejado muchos heridos. 

Pero ante todo, lo que hace es una interpretación justa de la misericordia divina, anunciada por el propio Jesús. “Si el Señor no se cansa de perdonar, nosotros no tenemos otra elección que esa. Primero de todo, curar los heridos. La Iglesia es mamá. Debe ir en este camino de la misericordia, encontrar una misericordia para todos”, dijo el Sumo Pontífice. 

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A través de la parábola del hijo pródigo, Jesús fue muy claro acerca de cuál debe ser el proceder de esta Iglesia que es madre y de sus referentes, los sacerdotes: cuando el joven volvió a casa, después de haber despilfarrado la herencia y obrado inadecuadamente, el papá no le dijo “¿quién sos?, ¿qué hiciste con el dinero?”. No, hizo una fiesta. Quizás luego, cuando el hijo quiso hablar, habló y mediaron disculpas y perdones. Pero lo primero que hizo el padre fue ir al encuentro del hijo que erró en su decisión. Esta es la visión de la misericordia que tuvo Cristo y que luego, al introducirse dogmas y leyes (necesarios por cierto en toda institución), se fue desdibujando. Y es lógico lo que sucedió: aquello que fue procedente en una época puede no serlo en otra. La sabiduría radica en saber adaptarse sin perder la esencia. Esta es la magnificencia de Francisco y su característica más distintiva es la terrenalidad con que analiza la realidad, de la que también emanan sus postulados y decisiones. Y en esta cuestión de las uniones post divorcio, suele tener referencia en su antecesor en el Arzobispado de Buenos Aires, el cardenal Antonio Quarracino, que decía que la mitad de los matrimonios eran nulos porque se casan sin madurez, sin darse cuenta de que es por toda la vida. “Quizás se casan por motivos sociales”, reconoció el ahora Papa, por lo que considera que estas situaciones, muy habituales en una o dos generaciones anteriores, deben ser consideradas en la pastoral matrimonial. 

Por aquellos errores de base en los matrimonios o por factores posteriores, Francisco entiende que la familia de hoy está en crisis y por ello se le debe prestar mayor atención. En este plan, convocó a un sínodo extraordinario sobre la familia en dos etapas: la primera, en octubre del año pasado; la segunda, en octubre de este año.

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En la audiencia del pasado miércoles, retomó las reflexiones sobre la familia que viene haciendo desde el sínodo del año 2014. Se refirió especialmente a la situación de los que tras la ruptura de su vínculo matrimonial han establecido una nueva convivencia y a la atención pastoral que merecen. “La Iglesia sabe bien que tal situación contradice el sacramento cristiano, pero con corazón de madre busca el bien y la salvación de todos, sin excluir a nadie”, dijo. Francisco destacó que si se mira la nueva unión desde los hijos pequeños, se ve “la urgencia de una acogida real hacia las personas que viven tal situación”.

Si bien los divorciados no están excomulgados de la Iglesia, en palabras del Papa, “padecen un grado de ostracismo similar a estarlo”: por ejemplo, no pueden ser padrinos de bautismo, no pueden leer la lectura en la misa, no pueden dar la comunión, no pueden enseñar catequesis, entre otras cuestiones. De modo que, en los hechos, están fuera de la Iglesia o serían como una clase diferencial de católico. 

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Con una mirada pragmática, es fácil entender que, además de no ejercer la misericordia divina, con esta actitud también la Iglesia está excluyendo fieles a futuro porque un padre que no puede ejercer plenamente su credo, en cierto modo también encuentra restricciones para el acceso de sus hijos a la fe. 

Sin emitir ningún documento (aún) al respecto, lo que hace Francisco es reconocer y avalar lo que en su discrecionalidad muchos sacerdotes hacen, con un criterio realista. Al fin y al cabo, el Vaticano está a miles de kilómetros para hacer una consulta y evaluación de cada caso mientras que el párroco es quien mejor conoce a su feligrés y puede distinguir qué hacer en cada caso. Puede darse que un divorciado sea propuesto como padrino de un niño, justamente por ser es una persona fiel, creyente y honesta, solo que no tuvo suerte en el matrimonio. De acuerdo con la doctrina no podría serlo y en cambio sí se le permite a cualquier corrupto porque mantiene su casamiento de origen. Por eso, sin generalizar una nueva normativa, en los hechos los sacerdotes siguen pautas valorativas a la hora de, tomando como ejemplo el caso del bautismo, aceptar un padrinazgo.

El tema de los divorciados vueltos a casar, como muchas otras situaciones que civilmente se han generalizado, divide aguas en la Iglesia y particularmente a los obispos. Durante la audiencia Francisco admitió que “no hay recetas sencillas”, ya que sabe de la resistencia de algunos sectores a aceptar cambios. Será muy importante en este sentido lo que suceda en la segunda parte del sínodo en octubre próximo. De allí saldrá seguramente un documento con pautas generales pero con las homilías y audiencias de Francisco es fácil entender cuál es su posición. Con este tema, tras la convocatoria de octubre, quedará en evidencia cuán resistido o aceptado es en los altos estamentos clericales.

Los asuntos a tratar son tan comunes como ríspidos para una institución compleja y anquilosada como la Iglesia: matrimonios mixtos o interreligiosos, la incidencia de la pobreza y de la violencia en las familias, alquiler de vientres, debilitamiento de la fe en el sacramento del matrimonio y en la confesión, los divorciados vueltos a casar por civil, las uniones entre personas del mismo sexo, la difusión de las parejas de hecho y el crecimiento de la familia monoparental.

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Todos temas que traerán polémicas internas en la Iglesia y que el Papa deberá manejar con enorme sutileza para lograr sus objetivos, el de una Iglesia Católica para todos los creyentes, hayan podido o no durante su vida cumplir todos los sacramentos.

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