Francisco interviene para frenar una avanzada conservadora
Cualquier lector atento habrá tomado nota que, en diversos editoriales dedicados a Su Santidad, hemos advertido que por su ímpetu y terrenalidad (interpretada como una real cercanía al sentir de la gente), Francisco debe lidiar una divisoria dentro de la Iglesia de Roma.
Las diferencias no están en el dogma en sí mismo (Francisco ya ha demostrado que hay cuestiones de la sociedad con las que no transige) sino, fundamentalmente, en el modo en que sacerdotes, obispos y cardenales deben acercarse a los fieles.
Las mas leidas de Opinión
Salir de la intolerancia, la trampa de este vertiginoso Siglo XXI
Estar educados para el nuevo mundo de las finanzas
Matemática, a marzo
El plan es durar y que le explote al que sigue
La ciencia y la tecnología en un país en crisis
Si tuviéramos que hacer una interpretación sintética de lo que pretende el Papa de su clero, podríamos decir que una Iglesia coherente y misericordiosa. Y si hacemos un repaso de los dos milenios de existencia, veremos que en estos dos aspectos es donde más ha hecho agua la institución.
Ahora, en ocasión de realizarse el segundo sínodo (reunión de obispos, que hacen las veces de pastores regionales) con la temática de la familia, el Santo Padre plantea reformas que rozan, de algún modo, a los más dogmáticos, a los obispos más rígidos, que no incorporan a su universo las mil y una nuevas formas de familias que hay hoy en la sociedad: uniparentales, ensambladas, separadas.
Las rispideces desatadas por estos asuntos han hecho tanto ruido en el sínodo de Roma, que han quedado a la luz pública, cuando normalmente se discutían dentro de las paredes del Vaticano.
Como no es sencillo encontrar consensos en temas tan difíciles de abordar dentro del catolicismo, Francisco debió intervenir y hablar en el encuentro de obispos con un objetivo: poner en claro cuáles son los temas a resolver, dejando entrever su postura reformista.
Hay 270 padres sinodiales, como se los llama, y entre ellos muchos son conservadores. De entrada, al informe introductorio del cardenal Peter Erdo, el Papa hizo varios agregados y aclaraciones sobre cuál es la base sobre la que se debe trabajar. Parece que el cardenal, de tendencia conservadora, había retrocedido en su escrito a las instancias previas a las tibias aperturas del último encuentro en la delicada cuestión de los divorciados vueltos a casar y en otros temas.
Concretamente, Francisco aclaró que la planteada por Erdo no es la postura sobre la que el sínodo debía deliberar. Y explicó que los únicos documentos oficiales son sus discursos de apertura y de clausura, el informe final y el Instrumentum Laboris, el documento en el que se integró lo anterior, sumando aportes de los episcopados. En síntesis, le quitó validez al documento del cardenal Erdo y los conservadores quedaron enojados.
Francisco no está solo en esta cruzada; el cardenal alemán Reinhard Marx, punta de lanza de los progresistas, reaccionó públicamente en contra del informe de Erdo, al decir que representaba el status quo anterior al sínodo de 2014, como si las discusiones del año pasado nunca hubieran existido y hubiera que comenzar todo de nuevo.
La situación tomó estado público, no por uno sino por la voz de varios cardenales y de ahí, la inesperada intervención del Papa para explicar las reglas de juego, que sigue abierto. Ante una pregunta de si la cuestión de los divorciados vueltos a casar era un tema cerrado, como parecía luego del informe de Erdo, el arzobispo Claudio Maria Celli, presidente del Pontificio Consejo de Comunicaciones Sociales, contestó que no. La discusión sigue abierta y la intervención del Papa lo ha reiterado, dijo.
Francisco aclaró que la indisolubilidad del matrimonio no fue puesta en duda en el sínodo anterior ni ahora, eso es doctrina del catolicismo, de lo que se trata es de tener una iglesia más inclusiva y, como dijimos, más misericordiosa.
Pareció responderles a los pequeños grupos que en los últimos meses, a través de libros, cartas, peticiones, firmas y declaraciones a los medios, lanzaron un grito de alerta para advertir que se está poniendo en riesgo la doctrina tradicional sobre el matrimonio. Lo que busca Francisco, en cambio, es una transformación de actitud pastoral, que no excluya, sino que integre.
Consciente de que el gran tema mediático de discusión es el de la comunión a los divorciados vueltos a casar -hoy no pueden comulgar, salvo que vivan como hermana y hermano, sin tener relaciones-, el Papa luego pidió no reducir el sínodo a esta cuestión. Subrayó así que el encuentro de obispos toca muchísimos otros argumentos de vital importancia para la familia.
Entre ellos, la revolución cultural de la época que vivimos; la cuestión del lenguaje de la Iglesia, que para muchos debe adaptarse a los tiempos -y ser concreto, simple y positivo-, o la importancia del acompañamiento de las familias.
El padre canadiense Thomas Rosica, que resumió los temas tocados por los padres sinodales de habla inglesa, también agregó que se habló de las convivencias antes de los matrimonios y de los homosexuales.
Al respecto, Rosica destacó que un obispo dijo que con ellos no había que usar un lenguaje piadoso sino demostrarles respeto. También se habló de violencia doméstica, de los matrimonios interreligiosos, de que la eucaristía no es un premio para los puros, de las dificultades de las familias debido a la crisis económica y la desocupación, y del drama de las migraciones por guerras y conflictos, entre otras cuestiones.
Algunos padres sinodales se habían quejado de la nueva metodología -para algunos, favorecería a los progresistas- ante el cardenal Lorenzo Baldisseri, secretario general del sínodo, que se vio obligado a explicar nuevamente cómo funcionará en esta segunda etapa la asamblea. Y Baldisseri fue respaldado públicamente por Francisco.
Este debate sobre reformas en la Iglesia para lograr sin olvidar una adaptación a los nuevos tiempos bajo la mirada del cristianismo de Cristo, los obispos se lo deben hace ya varios años. Y con Francisco parece haber llegado la hora de comenzar a mirar la realidad con certeza y sin disimulos.
















