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Francisco en la Cuba castrista

22 de septiembre de 2015 a las 12:00 a. m.

el Papa Francisco fue a Cuba, donde fue recibido con honores, no solo por las autoridades sino por la gran mayoría del pueblo de la isla, en una visita que ya es catalogada como histórica.

Pero antes de ver su agenda, su caluroso saludo con Raúl Castro y su encuentro con Cristina Kirchner, vamos a reflejar lo más significativo: su discurso político en la multitudinaria misa en la Plaza de la Revolución, la más importante de  La Habana.

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Francisco condenó claramente a las ideologías, en lo que fue interpretado como una velada crítica al régimen comunista que gobierna allí desde hace más de medio siglo. Y llamó a servir, luchar y defender a las personas de carne y hueso más sufrientes, frágiles y desprotegidas, dejando de lado todo tipo de elitismo y “los deseos de omnipotencia”. Fue durante una homilía pronunciada en un altar al lado de la silueta gigante del Che Guevara, en la que no hizo referencia a la disidencia cubana.

Incluso citó a la Madre Teresa en su frase: “Quien no vive para servir no sirve para vivir”, sentenció el Papa. La imagen de la monja se veía en una imagen se destacaba, junto a la de Francisco, en una pancarta al costado del altar.

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“La importancia de un pueblo, de una nación, la importancia de una persona siempre se basa en cómo sirve a la fragilidad de sus hermanos. En eso encontramos uno de los frutos de una verdadera humanidad”, afirmó el Papa, que después de la misa tuvo una reunión con Fidel Castro.

Pero las alusiones fueron claras, no queda duda de la postura de Francisco respecto de los gobernantes eternizados en el poder.

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También fustigó con palabras sutiles (o no tanto) el clientelismo político cuando dijo que el servicio al otro con intereses propios no es el que debe hacerse. Porque si se ayuda sólo a los que piensan como uno se está trabajando en la exclusión del otro. 

En primera fila el presidente cubano, Raúl Castro, vestido de guayabera blanca, y la presidenta argentina, Cristina Kirchner, que se protegía con un amplio sombrero y abanico también toda de blanco escuchaban a Francisco con actitud devota y respetuosa. No parecían sentirse incómodos antes los dichos. No es difícil imaginar que iguales palabras de Jorge Bergoglio en la Catedral Metropolitana hubiesen sido tomadas por la mandataria a título personal y no de buen grado.

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Y dijo una frase para tener muy en cuenta: “Quien quiera ser grande que sirva a los demás, no que se sirva de los demás”. Sus palabras aludieron elípticamente a la sociedad cubana, donde pese a los ideales igualitarios aún hay grandes desigualdades entre ricos y pobres y también donde los importantes son los que pertenecen al Partido Comunista, del cual los católicos en el pasado estaban excluidos.

Durante la misa, a la que el Vaticano estima que asistieron 200.000 personas, el Papa también dijo que no se puede permitir otro fracaso más en el diálogo de paz entre las Farc y el gobierno colombiano, proceso que se desarrolla desde 2012 en La Habana.

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Pero más allá de este multitudinario acto de fe, en lo cotidiano el clima en Cuba dista mucho de ser tan favorable a los católicos. No toda la realidad se pudo “ocultar bajo la alfombra” ante la llegada del Papa: poco antes de que comenzara la misa, fue detenido un grupito de cuatro disidentes que intentaron acercarse a Francisco. Uno de ellos, al grito de “¡Abajo Fidel!”, logró que el Papa lo bendijera apoyándole una mano en la cabeza. Segundos más tarde, agentes de seguridad lo alejaron brutalmente del lugar.

No podemos saber si en el encuentro privado que Francisco tuvo más tarde con Raúl Castro en el Palacio de la Revolución, donde fue recibido con alfombra roja, se tocó el más delicado tema de Cuba: sus presos políticos. Un asunto espinoso que incluso complica el avance de las relaciones que el Papa tan bien fomentó con los Estados Unidos, su próximo destino de visita.

Luego, antes de un encuentro con sacerdotes, obispos y seminaristas en la catedral de La Habana, fuera de agenda, Francisco hizo una breve visita a la Iglesia Reina, cuartel general de los jesuitas. Entonces, por las calles de La Habana vieja, estalló el júbilo y el fervor que no se había visto en la misa. “Francisco, amigo, el pueblo está contigo”, gritaba la gente agolpada detrás de las vallas.

Y, como se esperaba, finalmente el Papa Francisco y el comandante Fidel Castro tuvieron un primer e histórico encuentro de entre 30 y 40 minutos, durante el cual reinó un clima “muy familiar, informal y fraterno”, según contó a la prensa Federico Lombardi, vocero de la Santa Sede. Participaron la mujer del comandante, sus hijos y nietos, no más de 10 personas. Una imagen que difundió la familia Castro muestra a Fidel muy delgado, con su legendaria barba y vestido con un clásico buzo deportivo.

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Fidel siempre estuvo interesado en la religión, prácticamente la prohibió al proclamar la victoria de la Revolución y una república socialista y atea hace 56 años. Claro que su interés no se vincula con el credo y la fe sino con los aspectos filosóficos y sociológicos del catolicismo, de modo que pudieron conversar muy ampliamente sobre temáticas comunes aunque con visiones muy distintas.

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