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Francisco deslumbró a Raúl Castro

12 de mayo de 2015 a las 12:00 a. m.

Los líderes mundiales no suelen ser tan elogiosos con sus pares, apenas algunos buenos comentarios y ya. Sin embargo el presidente cubano Raúl Castro se deshizo en elogios hacia el Papa Francisco. Un Santo Padre distinto a los hasta ahora conocidos, incluso el muy querido Juan Pablo II, que a pesar de su bonhomía, también cosechó críticas por su conservadurismo.  Muy abierto en su pensamiento y sin tapujos en su actuar, está tratando de traer a la Iglesia Católica al Siglo XXI, ocupándose de temas trascendentes para la humanidad, que la afectan desde hace tiempo sin que el Vaticano tomara posición al respecto, y sobre todo busca acercar a la juventud al cristianismo romano.

Y entre esas problemáticas escabrosas en el plano político está Cuba, un país aislado por Estados Unidos, la nación más poderosa del mundo, por lo que siempre se ha tomado posiciones tibias para, como dice el refrán, quedar bien con Dios y con el diablo. Todos se condolían de un pueblo que padecía los rigores del bloqueo pero pocos se inmiscuían en las negociaciones para ayudar, temerosos de ganarse algún desplante yanqui. 

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Ahora, tras una hábil y comprometida negociación del Papa, ambos países han retomado relaciones.

No es poco lo logrado en este caso, quizá por eso el presidente de Cuba, Raúl Castro no ocultó su entusiasmo por conocer al Papa Francisco. Después de un significativo encuentro a solas de casi una hora, confesó que hasta podría convertirse al catolicismo.

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“Salí impresionado por su sabiduría, por su modestia y todas las virtudes que sabemos que tiene. Yo leo todos los días los discursos del Papa y si sigue hablando así, volveré a rezar y volveré a la Iglesia Católica, y no es broma”, reveló el mismo Castro al hablar ante la prensa. “El es jesuita y yo también fui a una escuela jesuita, y hay un sacerdote famoso en América latina, Frei Betto, más joven que yo, a quien le dije: ‘Frei Betto, yo oí más misas que tú’. Y cuando el Papa vaya a Cuba, en septiembre, yo iré a todas las misas con satisfacción”, dijo además.

Advirtió lo que está a la vista: “Soy comunista, y como saben en el pasado uno no podía ser miembro del Partido Comunista si era católico, pero hoy ya no es así, hemos dado pasos adelante”, también explicó el hermano menor de Fidel, de 83 años, que lució más que entusiasmado después de su encuentro “muy agradable” con Francisco. 

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Una vez más, el Papa argentino ha demostrado tener dotes de líder espiritual como pocos y  el arrojo suficiente como para meterse en temas que muchos otros líderes mundiales dieron por imposibles.

La visita, la segunda de un Castro después de la que había hecho Fidel en 1996 durante el pontificado de Juan Pablo II, fue de carácter estrictamente privado y fue el preludio del viaje que Francisco hará a la isla caribeña en septiembre próximo, antes de visitar Estados Unidos.

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Durante la reunión de Raúl Casto y Francisco, “muy familiar y cordial”, según dijo el padre Federico Lombardi, vocero de la Santa Sede, se habló especialmente del viaje que el Papa hará a Cuba en septiembre. Será el tercer viaje de un pontífice a la isla comunista, después de los que hicieron Juan Pablo II, en 1998 (cuando llamó a “Cuba a abrirse al mundo y el mundo a Cuba”), y Benedicto XVI, Papa emérito, en marzo de 2012.

Esa etapa fue agregada después del rol de mediación crucial que tuvo el Papa para el restablecimiento de relaciones entre Cuba y Estados Unidos después de más de medio siglo. Ese histórico deshielo fue sorpresivamente anunciado el 17 de diciembre en forma simultánea por Castro y su par estadounidense, Barack Obama. En esa ocasión, ambos elogiaron el rol del Sumo Pontífice porque si bien las condiciones geopolíticas son hoy muy distintas que hace 50 años, nadie había querido mediar en este conflicto por temor a quedar desairado.
Francisco se lanzó de lleno y logró el inesperado reencuentro de dos países vecinos separados por la política interna y la internacional, con demostraciones de fuerza constante durante los años de la Guerra Fría, que llevaron a situaciones infrahumanas, como en Guantánamo, entre personas que hasta años antes habían tenido estrecha relación.

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Tras el intercambio de obsequios entre Castro y Francisco, como siempre, el Papa acompañó hasta la puerta a su huésped ilustre y se despidió diciéndole “Rece por mí”. Entonces Castro, que ya estaba por subirse a su auto oficial, volvió hacia atrás para decirle: “Y usted rece por mí”. “Ya lo hago”, le aseguró con una sonrisa el Papa, que se quedó allí hasta que el auto con banderitas cubanas desapareció de su vista.

La novedad no es que el Papa pise tierras cubanas porque, como dijimos, es la tercera visita de un Santo Padre a la isla. Lo importante es que previamente se logró un descongelamiento de las relaciones con Estados Unidos, en momentos en que Cuba está económicamente acorralada y que a los norteamericanos también habrá de beneficiarlos retomar relaciones con un territorio que está prácticamente sobre sus costas.

Francisco se lleva el mejor papel en este acercamiento, más allá de lo que su viaje a Cuba, seguramente exitoso, pueda depararle. Con su acción diplomática ya ha quedado en la historia de ambas naciones.

Ese es el espíritu y la finalidad de la diplomacia, esa es la diplomacia bien entendida y mejor ejercida.

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