Fortunato: “Jesús se ha hecho nuestro hermano por amor”

Por el padre Javier Fortunato.
Para la LA OPINION
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Jesús viene a traer al mundo el don de la paz: En la tierra, paz a los hombres que él ama (Lucas 2, 14), como anunciaron a coro los ángeles a los pastores. El don precioso de la Navidad es la paz, y Cristo es nuestra paz verdadera. Y Cristo llama a nuestros corazones para darnos la paz. La paz del alma. Abramos las puertas a Cristo.
Que esta Santa Navidad sea la alegre fiesta de recibir al Señor en el pesebre y en el corazón, no sea jamás una fiesta del consumismo comercial, de la apariencia o de los gastos superfluos.
Pensemos en el Pesebre: junto a Jesús encontramos a la Santísima Virgen María y a San José.
La Virgen Madre nos enseña a comprender el momento favorable en que Jesús pasa por nuestra vida y pide una respuesta rápida y generosa.
Y Jesús pasa. En efecto, el misterio del nacimiento de Jesús en Belén, que se produjo históricamente hace ya más de dos mil años, se produce como evento espiritual, en el hoy de la Liturgia. El Verbo, que encontró morada en el seno virginal de María, en la celebración de la Navidad viene a llamar nuevamente al corazón de cada cristiano. Pasa y llama. Cada uno de nosotros está llamado a responder, como María, con un sí personal y sincero, poniéndose plenamente a disposición de Dios y de su misericordia, de su amor.
La presencia de José
Junto a María está la silenciosa presencia de San José, tal como es representada en todo pesebre. San José vive su vocación como custodio de María, de Jesús con la atención constante a Dios, abierto a sus signos, disponible a su proyecto, y no tanto al propio es custodio porque sabe escuchar a Dios, se deja guiar por su voluntad, y precisamente por eso es más sensible aún a las personas que se le han confiado, sabe cómo leer con realismo los acontecimientos, está atento a lo que le rodea, y sabe tomar las decisiones más sensatas.
En el misterio de la Navidad, el ejemplo de María y de José es para todos nosotros una invitación a recibir con total apertura del alma a Jesús, que por amor se ha hecho nuestro hermano.
Esta es la verdadera Navidad: la fiesta de la pobreza de Dios que se despojó de sí mismo tomando la naturaleza de esclavo (Filipenses 2,6).
Dios se esconde a los inteligentes y los sabios y se revela a los pequeños, a los simples y a los pobres (Mateo 11,25); se nos muestra invitándonos a la esperanza.
Personalmente con un corazón agradecido les deseo a todos muy feliz Navidad, que el Señor de la historia consolide nuestros vínculos y nos permita ser artífices de la solidaridad y la fraternidad.


















