Festejos por los 103 años de la pascua del Cura Brochero

Hace 103 años, el 26 de enero de 1914, moría en Villa del Tránsito, Córdoba, san José Gabriel del Rosario Brochero, con 73 años de edad. Murió -escribió el padre Antonio Aznar SJ- leproso, cieguito, pobre, viviendo de caridad y con la sotana sola que vestía.
Miles de fieles se acercaron en los últimos días del Mes Brocheriano para orar frente a los restos del santo Cura Brochero canonizado el 16 de octubre de 2016, que se encuentran en la iglesia Nuestra Señora del Tránsito, en Villa Cura Brochero.
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Ayer por la mañana, el nuncio apostólico, monseñor Emil Paul Tscherrig, presidió una Eucaristía en el predio de La Providencia.
Vísperas
El miércoles pasado, vísperas de la celebración del aniversario de la muerte del Santo Cura Brochero, el arzobispo de Córdoba, monseñor Carlos José Ñáñez, celebró una misa que fue precedida por una procesión hacia la casa donde falleció el santo, acompañada por una reflexión sobre el 103º aniversario de su Pascua.
En su homilía, con motivo de la fiesta de la conversión del apóstol San Pablo que se celebró ese día, el prelado destacó las semejanzas entre San José Gabriel Brochero y el apóstol.
Ambos ponen por obra el mandato de Jesús: Vayan. Pablo va por todo el imperio y San José Gabriel va por todas las sierras, afirmó. Y recordó las palabras del Cura Brochero: Yo me felicitaría si Dios me saca de este planeta sentado confesando y predicando el Evangelio.
El arzobispo recordó que San José Gabriel atendió con predilección a los enfermos por lo que fue conociendo las necesidades de esas personas humildes y se comprometió con ellas.
Encuentro con Jesús
Ser cristiano no es sostener un conjunto de verdades, es ante todo un encuentro con Jesús, aseveró. Y añadió: Es tener diálogo con él y proponerse vivir conforme a lo que indica el encuentro con el Señor. Y también nuestro modo de ser en nuestra vida cotidiana, en nuestro hogar, en nuestro trabajo, pasar haciendo el bien.
La vida cristiana no es un secreto reservado al mundo, afirmó Mons. Ñáñez, quién destacó que lo importante es Jesús, hablar con Él, encontrarme con Él, abrir mi corazón, como Pablo. Preguntarle: ¿Quién eres Señor Jesús? ¿Qué tengo que hacer?. ¡Qué bueno tener ese trato!, exclamó.
Asimismo, invitó a contemplar las figuras del apóstol Pablo y del Santo Cura Brochero y darnos cuenta que tenemos un tesoro que compartir, que tenemos que llevarlo con los demás.













