Falleció Pablo Luján Acosta, un emprendedor nato, dirigente capaz y hombre de familia

Había nacido en Río Cuarto, pero la vida lo trajo a estas latitudes hace casi 50 años, donde a poco de andar se convirtió en un pergaminense más.
Con 73 años, falleció el lunes Pablo Luján Acosta. Nacido en Río Cuarto el 30 de junio de 1947, fue uno de los tantos pergaminense por adopción que dejó en estas tierras mucho más que en aquellas que le dieron la vida. En su caso, además de trabajo en la construcción y una encomiable tarea dirigencial, queda aquí parte de su herencia de sangre, constituida por cinco hijos y 11 nietos.
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Se estableció en Pergamino en 1972, luego de haberse casado con Amalia Denner. Por su trabajo en la empresa Poxipol había conocido Pergamino; lo habían mandado para estudiar el mercado local y advirtió tal potencial que se prometió a sí mismo que volvería a vivir aquí.
Cumplió. Vino y fue un actor esencial en la comunidad, tanto por ser artífice de muchos proyectos de fuerte impacto para Pergamino como por su activa participación en la vida comunitaria.
Incursionó en el rubro de la construcción al independizarse y dejar Poxipol. Trajo a Pergamino la distribución de una empresa americana relacionada con el asfalto y especialmente la impermeabilización. Fue haciendo esta tarea, tan necesaria en estas latitudes tan húmedas, que los pergaminenses supieron de él. A la impermeabilización le siguieron alfombras y empapelados y luego la aislación térmica con poliuretano.
Semejante pujanza no tardó en llamar la atención en el empresariado local, que lo convocaría a la actividad gremial en la Cámara de Comercio e Industria, donde ocupó distintos puestos en la directiva. Entre ellos, la representación institucional de la entidad. Fue así que representando a la Cámara, integró el Centro Regional Universitario y la Fundación del Instituto Maiztegui. En el Centro fue secretario y estuvo en las cimientes de la Unnoba, literalmente, porque estuvo a su cargo la proyección y construcción de la sede universitaria de calle Monteagudo. También se ocupó de adaptar el edificio Maíz del Inta para dar clases. Luego el rector organizador Luis Lima lo designó intendente de la Unnoba, cargo que ocupó por 10 años.
La comunidad pergaminense también recordará su activa labor en el Rotary Pergamino Cruce, como presidente y por sus gestiones para los intercambios internacionales de jóvenes.
En ocasión de trazar su Perfil Pergaminense para LA OPINION, recordaba una situación que marcó su vida con una entrañable relación con la beata María Crescencia: “Siendo presidente de la comisión de padres de familia del Colegio Nuestra Señora del Huerto fui convocado por la madre superiora para reacondicionar el ataúd cuando los restos de Crescencia estaban aún en el Cementerio. Fue una tarea muy delicada y respetuosa. Nunca me voy a olvidar el aroma a violetas que sentí en esa ocasión. Tiempo después tuve el honor de estar entre las personas que llevaron el ataúd hasta la tumba construida en la Capilla del Huerto. Fue algo inolvidable”.
La ciudad y especialmente las comunidades donde puso cuerpo y alma resiente la partida de un indispensable, es decir una persona que marcó la diferencia e hizo al rumbo que nos trajo a este presente.












