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Falleció Mohamed Alí, el eterno guerrero que nunca se rindió

05 de junio de 2016 a las 12:00 a. m.
Falleció Mohamed Alí, el eterno  guerrero que nunca se rindió
'' Mohamed Alí y George Foreman en una histórica pelea. (NA)

 

No solo deslumbró al mundo con su boxeo no convencional para la época y sus salidas de tono para aumentar la venta de entrada a sus peleas sino que fue el hombre que se negó a ir a la guerra de Vietnam, “para no matar semejantes” y se convirtió en un pacifista y luchador por los derechos civiles. También trabajó para sus pares logrando una ley de protección.

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Phoenix, Estados Unidos, (AFP-NA) - El mundo echará de menos a Mohamed Alí, la voz más grande dentro y fuera del cuadrilátero, defensor de los derechos civiles y de la no violencia, el hombre que cambió el boxeo con leyes más justas, y que falleció la noche del viernes en un hospital de Phoenix (Arizona) a los 74 años.

Su muerte trascendió lo cotidiano, como sucede cuando fallece una leyenda. Desde presidentes, políticos, empresarios, activistas sociales y hasta el más humilde boxeador, todos rinden homenaje a The Greatest (El más grande), como él mismo se proclamó en su autosuficiencia juvenil, y que la historia confirmó por sus acciones.

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Poco a poco, las calles que abrazan el Scottsdale Healthcare Osborn Medical Center comenzaron a transformarse con la noticia de la muerte del triple campeón mundial de los pesos pesados. Como si fuera una noche donde sonaría la campana para iniciar un combate, los fans del Alí se acercaron para aplaudirlo y saludarlo.

No a Vietnam

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El mismo Alí que deslumbró al mundo con su boxeo no convencional para la época, sus bravuconerías y salidas de tono para aumentar la venta de entrada a sus peleas, fue el hombre que se negó a ir a la guerra de Vietnam, “para no matar semejantes”, dijo, y se convirtió en un pacifista y luchador por los derechos civiles.

Fue encarcelado, despojado de su título y se le prohibió el boxeo durante tres años y medio antes de volver a ser campeón del mundo en 1974, al lograr los títulos de la AMB y CMB, cuando ganó por KO (8º round) a George Foreman durante la “Batalla en la Selva” en Kinshasa, en la República Democrática del Congo, antigua Zaire.

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Más tarde perdería su título a los puntos ante Leon Spinks, lo recuperaría y diría adiós a los cuadriláteros con un nuevo tropiezo contra Trevor Berbick el 11 de diciembre de 1981. Pero eso no empañó ni un ápice su leyenda.

Hizo temblar el establishment con su forma de ser, a veces demasiado descarnada, y llevó el boxeo a otra dimensión, lo que marcó el comienzo de la era de peleas millonarias por televisión.

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Pero no le bastó con eso. Cuando los promotores inescrupulosos comenzaron a llevarse la mejor tajada del negocio, dejando a los boxeadores a veces en saldo negativo, Alí peleó en los tribunales y el Congreso estadounidense para sacar adelante en 1999 la “Ley de Reforma del Boxeo Mohamed Alí”, que protege los derechos y el bienestar de los boxeadores. 

Transformó a Estados Unidos

“Mohamed Alí transformó este país e impactó al mundo con su espíritu. Su legado será parte de nuestra historia por todo el tiempo”, agregó Bob Arum, que se inició en el negocio de la promoción precisamente con una pelea de Alí.

Sus acciones dentro y fuera del cuadrilátero dieron paso a las bolsas supermillonarias que hoy disfrutan muchos con menos talento y carácter.

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Floyd Mayweather, el púgil que más dinero ha ganado en la historia del boxeo, aseguró que sus grandes bolsas fueron posibles sólo porque “Alí nos abrió el camino”.

Nacido como Cassius Marcellus Clay el 17 de enero de 1942 en Louisville, Kentucky, cambió su nombre a Mohamed Alí en 1964, al calor del movimiento de los derechos civiles.

Su vida fue una novela. La novela de un niño pobre y tímido que se metió en el boxeo a los 12 años, cuando un malhechor le robó su bicicleta. Llorando fue a hacer la denuncia y Joe Martin, el policía que lo atendió, lo convenció que debía aprender a defenderse, y se convirtió en su primer entrenador en el gimnasio Columbia de Louisville.

 

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Alí pasó sus últimos años devastado por la enfermedad de Parkinson, pero nunca se retiró de la vida pública, ni tiró la toalla blanca al centro del ring en señal de rendición. En lugar de ello, inició una cruzada contra la enfermedad, una más en la lista de las batallas de su vida extraordinaria.

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