Exitos en la macroeconomía y problemas en el bolsillo
Atravesamos una etapa de contrastes económicos y políticos, más porque en toda transición, la realidad tiene muchas miradas y muchas aristas. Sintéticamente, puede decirse que hay dos visiones: están los que se quedan con la mirada de que antes se estaba mejor, como señala Bormioli en la entrevista que se presenta en las páginas 20 y 21, y los que ven que transitamos el duro camino de la curación de un mal que nos tuvo anestesiados, viendo este trance como el feo remedio que nos hará estar más saludables. Entre este blanco y negro, hay miradas expectantes que, en silencio, fluctúan entre una percepción pesimista y otra optimista de este paciente llamado realidad, según cada paso (o decisión) que va tomando el médico que, en esta analogía, vendría a ser el presidente Macri.
El Gobierno en estos primeros meses, junto al ajuste y devaluación por la salida del cepo cambiario y el sinceramiento de tarifas, puso la mirada en la macroeconomía, dejando la cuestión doméstica para después de los primeros cien días. En el macrismo hay un profundo convencimiento de que solo ingresando al mundo financiero en forma plena (pagando en primer lugar a los houldouts) la Argentina recibirá créditos a tasa baja e inversiones para un crecimiento sustentable.
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Cuando se votó mayoritariamente el cambio, y ganó Macri, era claro cuál sería camino a seguir, cuál sería el tratamiento médico que se aplicaría. Porque ya había, en la visión de Cambiemos, un diagnóstico y una prognosis como plataforma electoral. Ya entonces se criticaban abiertamente el cepo y los pesados subsidios a los servicios públicos. De modo que a nadie puede sorprender las decisiones que ha tomado el nuevo gobierno. La discusión que se ha instalado en la sociedad y que primero se produjo en el mismo seno del frente gubernamental fue si se generaba una salida gradual del antiguo modelo kirchnerista o si se aplicaba una acción de shock. Finalmente se optó por esta última alternativa que, en definitiva, es lo que ha llevado a que el ajuste se sienta de modo muy visible en los sectores medios y los de bajos recursos. El motivo era claro: si no lo hacía de este modo, la carga política de las medidas recaerían en el Gobierno unilateralmente y no en la herencia K. Seamos sinceros: si el año que viene se seguían ajustando tarifas, ¿a quién iba a culpar inexorablemente el ciudadano? Lógicamente al Gobierno, ya para entonces la realidad no sería adjudicable a quienes dejaron de tomar decisiones en diciembre de 2015. En cambio ahora, con el paciente todavía en caliente, el paquete de remedios es pasible de ser interpretado como el antídoto contra un enfermo que entró comatoso en el shock room del hospital.
Mientras los efectos de esta decisión dividen a la ciudadanía, el resultado de las decisiones en la macroeconomía que aplicó Macri están dando los resultados esperados, ya que la Argentina cosechó un fuerte respaldo internacional luego de los avances para poner punto final al prolongado conflicto con los fondos buitres, la salida del default y regresar a los mercados de capitales.
El Grupo de los 20 (G-20), el Fondo Monetario Internacional y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde) le dieron la bienvenida al acuerdo alcanzado por el Gobierno con los holdouts y al retorno del país a los mercados, ponderaron las reformas económicas y brindaron pronósticos optimistas para la economía. El G-20 incluyó la mención a la Argentina en un párrafo sobre la estabilidad y la solidez del sistema monetario internacional y los esfuerzos para facilitar procesos de reestructuración de deuda más ordenados, oportunos y predecibles.
Hay a partir de esto, una fuerte apuesta al crédito y la inversión para reactivar la economía y para culminar el pago adeudado, la colocación de los bonos prevista para el lunes y martes, con la cual el Gobierno planea recaudar 15.000 millones de dólares.
Desde este ángulo macroeconómico, todo parece estar resultando tal cual estimaba el equipo de Macri. El dato duro de la implementación de estas nuevas políticas es el retraso en que se ha incurrido para la aplicación de medidas que hagan al bolsillo del hombre común, que enfrenta una situación de devaluación y ajuste muy fuerte, sin que se hayan llevado adelante las paritarias. De modo que debe afrontar el sinceramiento de tarifas y la inflación que se aceleró por esta causa, es decir un muy mayor costo de vida, con salarios de mitad del año pasado.
Sabemos que la inflación es perversa en términos de salarios fijos y, más temprano que tarde, hará su trabajo si no se la controla en breve. Pero haber avanzado con los aumentos después que llegaran los aumentos post paritarias hubiera promovido una mayor paz social, un mejor ánimo y, al fin, un menor descrédito político.
Lo hecho, hecho está y con efectos inesperados por el Gobierno (que seguramente sí anticipaba el malhumor social), como la repentina unidad de las tres CGT, que harán una marcha de protesta para el 1º de mayo que, seguramente, será populosa. No sólo porque los gremios convocan y movilizan sino porque además hay una queja de los trabajadores preocupados por que los salarios están cortos, la inflación golpea cada vez más y a los despidos del Estado se han sumado los privados, todo lo que genera un estado de alerta en los sectores sindicalizados.
Desde el punto de vista de la gente y también desde el análisis político, no hubo una óptima coordinación de los tiempos. Es decir, este remedio podría haber sido un poco menos amargo de haberse inoculado con un mejor timing.
La que viene sosteniendo el mayor apoyo al Gobierno es la clase media, las encuestas de opinión muestran que, aun haciendo gran esfuerzo, es el sector que más expectativas tiene respecto de que este cambio les termine por ser beneficioso. De allí que la suerte del macrismo en las legislativas del año que viene está claramente atada al humor de los sectores medios de la sociedad argentina. La apuesta del oficialismo es que en el segundo semestre de este año se vean los resultados de la restricción monetaria y la contención del gasto público en la baja de inflación, junto a una recesión que ya se siente.
Ahora el oficialismo está volcando sus esfuerzos a los sectores más vulnerables, de una manera más visible y contundente. Porque si bien los ajustes llegaron acompañados de tarifas sociales, los sectores populares estaban hasta diciembre contenidos por una ingeniería de planes y subsidios, algunos punteriles, que se fueron esfumando a falta de caja entre los K, por lo que el macrismo recurrió en las últimas horas a un paquete de medidas dirigidas a grupos de menos recursos, como para acercarse y contener un eventual estallido social, encolumnado detrás del reavivado fuego kirchnerista. Se trata del envío de un proyecto de ley al Congreso para reintegrar el IVA de la canasta básica a los más necesitados y extender la Asignación Universal por Hijo a los monotributistas de las escalas más bajas para comenzar un proceso de universalización. Son paliativos y ellos lo saben, pero creen que el impacto de esa reactivación será lento y que tendrá que convivir con algunos meses de inflación y estancamiento y la ayuda es necesaria. Sobre todo teniendo en cuenta que en los últimos meses según un informe de la UCA hay casi dos millones de nuevos pobres.
Además, ayer en la Casa Rosada se hablaba también de la convocatoria al Consejo del Salario para acordar un aumento del 30 por ciento del salario mínimo vital y móvil, que hoy es de 6.060 pesos. Pasaría a unos 7.600 pesos. También podría otorgar un plus de 500 pesos por única vez a jubilados con el haber mínimo y para los beneficiarios de la asignación por hijo, como se dispuso en diciembre último. No se descarta, además, la actualización de otros beneficios, pensiones o planes sociales. Incluso algunos que están orientados a capacitar laboralmente a jóvenes.
Estas semanas que venimos atravesando es cuando más se han sentido las luces y sombras de esta etapa de transición en la que estamos, entre expectativas, protestas y decisiones macroeconómicas de las que se esperan resultados en el mediano plazo.
Las transiciones son, esencialmente, el tránsito de un punto a otro. El Gobierno ha de tener en claro cuál es ese punto al que quiere llegar, pero la mayoría de los ciudadanos no, aunque algunos lo puedan adivinar. Lo importante a considerar por parte de las autoridades es que no todos estamos en las mismas condiciones para andar ese camino ni partimos del mismo punto. Por lo que algunos necesitarán bastones, ayuda, asistencia, como se lo quiera llamar. En términos políticos, algo de la receta K le viene muy bien al macrismo en estos momentos.

















