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Evo en el Medioevo

20 de diciembre de 2016 a las 12:00 a. m.

El presidente de Bolivia, Evo Morales, anunció el domingo su candidatura para los comicios de 2019, a pesar de haberse pronunciado el pueblo –mediante un referéndum- por la negativa a la reforma constitucional que lo habilitaría a un cuarto mandato. 

De todos modos, dijo que buscará ser habilitado alguna de las cuatro vías legales que tiene en carpeta su espacio, el Movimiento Al Socialismo.

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Y para ponernos en tema, vale recordar que Morales, que está en el poder desde 2006 y que en 2020 terminará su tercer mandato, había anunciado en febrero último que respetaría el resultado del referéndum sobre una posible nueva gestión. Esta votación la perdió y entonces no habría cuarto mandato, algo que por otra parte las leyes bolivianas no prevén.  Después de mostrarse razonable cuando perdió la consulta popular, ahora dice que su decisión dependerá de las bases de su partido y de los sindicatos que respaldan su proyecto político.

Y como es más que obvio, sus partidarios optaron por pedirle que se vuelva a presentar, ¿qué se esperaba que dijeran si son sus adherentes? “Muchos de ustedes ya me hicieron creer. Me han dicho que la vida de Evo no es de Evo; la vida de Evo es del pueblo. Estoy obligado a someterme a ustedes para seguir trabajando por nuestra querida Bolivia”, afirmó el gobernante en un acto. 

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Durante el congreso del partido se aprobaron cuatro opciones para sortear el actual bloqueo constitucional que le impide a Morales presentarse para una nueva reelección.

Y ahí comenzaron las alquimias legales para poder volver a presentarse: una reforma parcial de la Constitución a través de una iniciativa ciudadana; una nueva reforma constitucional que, además de autorizar la prórroga del mandato, incluirá en el texto el reconocimiento de los bonos en favor de niños y ancianos (especie de “tome y daca”); que el presidente renuncie antes de las elecciones de 2019, adelantando el término de su actual mandato; o recurrir a una interpretación “amplia” de la Constitución, con la finalidad de que la población “tenga el derecho de tener al gobernante que quiere elegir”. Como se verá, artilugios de la más baja calaña para alterar un orden natural que ya fue votado y revalidado por el pueblo.

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¡Cómo cuesta comprender, sobre todo en América Latina, que una constitución es una herramienta de desarrollo de los pueblos en la medida que se cumpla, porque se favorece y fortalece la democracia! Un sistema que aunque perfectible es el mejor que se conoce, entre otras cosas por promover la alternancia en el poder con todo lo que ello implica, tanto para el acceso de todos a los espacios de decisión como para evitar vicios, deformaciones y negociados, además de propiciar la renovación de ideas y formas.

Evo Morales puede haber hecho una buena gestión, al menos los números macro así lo indican. Pero la democracia no se trata de eternizar a los buenos sino de lograr que los procesos no dependan de figuras que sean únicas, cuasi mágicas, mesiánicas, sino procesos que se sostengan por su eficiencia. Los dirigentes pueden ser buenos, regulares o malos, pero necesariamente deben ser prescindibles y reemplazables. De lo contrario generamos sociedades patriarcales, medievales y atrasadas, que dependen de una sola persona para que un país funcione. Y personas que se retroalimentan del poder de una manera enfermiza hasta llegar a creerse que son los únicos capaces, especie de elegidos de Dios para la tarea, como los monarcas del Medioevo. Dentro de la misma línea ideológica, si es que el pueblo apuesta a ello, ¿no hay otras personas además de Evo Morales para presentarse a las elecciones y pujar políticamente? ¿O el temor no es a que cambie el rumbo del país sino a dejar el poder y el manejo de la cosa pública? 

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Es de tener en cuenta que si el referéndum le fue negativo a Evo es porque hay una percepción social mayoritaria de que es necesario hacer cambios, no necesariamente en lo político-económico (al menos no fue eso lo que se consultó) pero sí de figuras. 

No es saludable ni beneficioso -salvo para los protagonistas- que un mismo grupo, detrás de un mismo dirigente, se mantenga 20 años en el poder, porque es sabido, los argentinos tenemos vasta experiencia en este asunto, que el poder corrompe y que vulnerar las leyes para mantener a un mismo sector en el gobierno termina degradando la democracia.

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Pensar que en el Siglo XXI los pueblos aún dependen de líderes para su supervivencia es claramente un retroceso enorme en la capacidad de las naciones de transformar a la política en una herramienta que ayude a crecer el país en todo caso, y no a generar una dependencia que termina pareciéndose más a una democradura (mezcla de democracia y dictadura) que a un sistema republicano.

Y es para lamentar este viraje a ha tomado Evo Morales, un dirigente que llegó para igualar una sociedad muy castigada por las divisiones entre blancos y indígenas. Años de enfrentamientos y de conflictos. Por eso su llegada al poder fue la reivindicación de una gran parte de la sociedad boliviana padeciente. Sin embargo ahora, tras tres mandatos consecutivos pretende forzar el texto constitucional para quedarse en el poder, esgrimiéndose como el único dirigente iluminado capaz de llevar Bolivia adelante. 

Por eso es una lástima que lo que comenzó representando una esperanza para la mayoría del pueblo boliviano y que quizá cumplió en esta etapa esas expectativas, ahora muestre que su apego al poder es más importante que la democracia misma. Eternizarse en el poder nunca es una respuesta para sostener los cambios que se produjeron en el país y que se deben mantener en función de los deseos de las mayorías y no de la gracia de un dirigente.

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