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Enseñar con el ejemplo para prevenir el acoso escolar

06 de mayo de 2022 a las 12:00 a. m.

El acoso escolar es un problema complejo que debe abordarse con la colaboración de toda la comunidad educativa. El rol de los adultos, especialmente de los padres y de quienes forman parte del entorno más cercano del niño, es clave para enseñar con el ejemplo la importancia de la convivencia, el respeto y el buen trato hacia las otras personas.

La mayoría de las investigaciones que se hicieron en los últimos años sobre este fenómeno, también conocido con el término anglosajón bullyng, revelan que el agresor suele ser un niño que tiene dificultades para ponerse en la piel del otro y que, por lo general, demuestra poca tolerancia a la frustración. También se sabe que es habitual que la víctima de la agresión no cuente que está sufriendo el acoso y por eso el problema muchas veces se hace visible solo cuando se llega a una situación extrema, con preocupantes signos de violencia por parte del agresor.

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El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) define al acoso escolar como la agresión para ejercer poder sobre otra persona. Los expertos del organismo lo definen como una serie de amenazas hostiles, físicas o verbales que se repiten, "angustiando a la víctima y estableciendo un desequilibrio de poder entre ella y su acosador". Cada vez que surge alguna situación de este tipo en el ámbito educativo se tiende a pensar que se trata de un fenómeno cada vez más frecuente. Sin embargo, algunos especialistas observan que, en rigor, las conductas agresivas han estado presentes siempre tanto en la escuela como fuera de ella. Lo que es nuevo, en todo caso, es la percepción que hoy tiene el conjunto de la sociedad del fenómeno de la violencia en la etapa escolar. Dicho de otra manera, hoy existe una mayor preocupación frente a casos de agresiones físicas, insultos, burlas o exclusión comparados con lo que ocurría hace treinta o cuarenta años atrás.

En ese sentido Unicef plantea, además, que a medida que las dinámicas sociales han ido cambiando a lo largo del tiempo y debido al auge y uso de las tecnologías de la información y de la comunicación como Internet o los teléfonos móviles, los niños están cada vez más expuestos a nuevas formas de acoso escolar.

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La familia y la escuela, en ese orden de importancia, son los agentes socializadores más importantes que tiene una comunidad. De ahí la necesidad de que madres, padres, docentes y adultos que participen de la crianza de los niños sumen sus esfuerzos para mejorar las relaciones tanto dentro de la escuela como fuera de ella. Es importante poder pensar entre todos el lugar que ocupa cada uno y la función que cumple la escuela así como también el rol del entorno familiar en la prevención del problema.

La escuela necesita del apoyo de las familias y de otros actores sociales para poder actuar, creando espacios de comunicación basados en la confianza hacia el trabajo de los docentes. La clave está en buscar los mejores caminos de cooperación entre el grupo familiar y la institución escolar. Es fundamental que unos y otros sumen sus esfuerzos en pos de un mismo objetivo ya que, como se sabe, el aprendizaje de los alumnos no se reduce únicamente a lo que aprenden en las aulas sino también a los valores que enseña la familia.

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Cuando se sospecha que, efectivamente, hay una situación de acoso escolar lo mejor es intervenir y evaluar cada caso en particular y, si es necesario, adoptar medidas rápidas para detener las conductas de hostigamiento y, en ningún caso, dejar pasar el tiempo o continuar con las actividades como si nada hubiera pasado.

Suele suceder, en no pocos casos, que algunos adultos llegan a justificar la agresión de sus hijos hacia compañeros de escuela. Dicho de otro modo, algunos padres demuestran cierta incapacidad para reconocer las acciones incorrectas de sus hijos. Lo correcto es guiar a todos los niños, niñas y adolescentes hacia relaciones basadas en el respeto por el otro, respetando pautas básicas de convivencia que ayudan a crecer a todos por igual.

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La violencia entre pares en el ámbito escolar es un problema que no debe minimizarse y los docentes y la familia, con sus capacidades para promover normas, valores y creencias, cumplen un papel fundamental a la hora de ayudar a los más chicos para evitar y prevenir este tipo de conductas.

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