En plena crisis, la CGT actúa de incorregible
A casi un mes de la última protesta, y luego de conocerse el dato de la inflación de septiembre de 6,5 por ciento, desde la CGT advirtieron que preparan un nuevo paro nacional pero de 36 horas, si es que el Gobierno no modifica la política económica.
Hay dos cuestiones en lo que hace a este anuncio cegetista; en primer lugar que la inflación de septiembre es un verdadero bochorno y poco falta para considerarlo como el inicio de una híper. Pero todos lo sabemos, no es un dato tapado que haya que tomar medidas de fuerza para visibilizar. Por el contrario, la cuestión se ventila diariamente en los medios, la gente se muestra enojada y el humor social está ya suficientemente caldeado. Y si fuera posible salir de este meollo, el Gobierno sería el primero en poner un pie afuera. Por la gente pero también por la propia salubridad de la gestión. No hace falta que venga la CGT a marcar con un paro que no estamos bien. Y si es en pos de los trabajadores que lo hace, nada más lejos de favorecer es parar la actividad en momentos en que lo que más se necesita es producir y facturar; si a lo poco que se vende por mes, a un comercio se le saca día y medio de trabajo (porque el flujo de gente no es el mismo cuando hay paro), poco más y se lo está empujando al abismo.
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El último paro que realizó la CGT, el 25 de septiembre último, fue el cuarto durante la gestión de Mauricio Macri. En esa oportunidad no hubo movilización, aunque sí marcharon organizaciones de izquierda, sociales y la CTA. Ahora bien, en este escenario ¿cuál es el objetivo de la CGT de hacer un paro casi encima del ya realizado pero de 36 horas?
No van a visibilizar más la protesta porque hasta el más distraído de los ciudadanos sabe que el sector obrero está descontento, que los salarios se han ido aumentando a la baja y que un paro más y de la extensión del que planean no hará más que ahorcar un poco más a las Pymes que están luchando por llegar a fin de mes, restándole dos días de trabajo, de producción o de ventas. En este sentido el momento no puede ser peor.
Las políticas de este Gobierno nos están llevando a una debacle social. Lo único que queda por delante es un paro de 36 horas, aunque todavía no está definida la fecha, aseguró Héctor Daer. Y agregó el macrismo perdió toda sensibilidad social, lo único que queda por delante es un paro nacional. ¿Es lo único que queda por delante? ¿No es posible ser más proactivos? Por ejemplo revisando la composición de las leyes sociales, viendo la forma de que un empleado no cueste al empleador dos sueldos, de modo que se puedan sostener y en lo posible incrementar los puestos.
En la actual coyuntura, muchos serían los sectores que pueden esgrimir razones para promover un paro, cada quien enarbolando su propia bandera: así como los asalariados se ven perjudicados por la inflación, lo mismo les pasa a los empresarios que producen cada vez a mayor costo y no tienen ventas, entonces podrían parar. Los diarios podríamos parar porque no hay ley que proteja nuestro trabajo que es literalmente robado por otros portales informativos a cero costo; los comerciantes que también sufren la deslealtad comercial en Internet. Ni hablar la industria, que debe lidiar con la importación legal (pero hecha con mano de obra esclava) y la ilegal. Es decir, todos en este país tenemos motivos de queja, pero no paramos. Es más: muy posiblemente, los afiliados que están representados por los dirigentes que recurren con tanta frecuencia a la huelga no quieran parar, porque sencillamente no es conveniente, para nadie. Ni tampoco cumple un objetivo social. Habrá que preguntarse entonces para qué sirve un paro. Sabemos que es una acción de choque en la que trabajadores de un sector productivo detienen sus acciones laborales, y se recurre a ello tanto para lograr una solución puntual a una necesidad urgente como para buscar una mejor posición ante un eventual proceso de negociación. Es, ante todo, una muestra de fuerza. Y aquí está la cuestión. Fuerza, posicionamiento y hasta los apoyos para 2019 es lo que se juegan las centrales sindicales por estas horas. Lo demás es todo discurso vacío. O peligrosamente lleno de palabras que se acercan más a un deseo de final dramático que de final feliz.
La amenaza constante de debacle social de los Moyano, Daer, Acuña y compañía es preocupante. Hay una responsabilidad de quienes pretendan encender la mecha, porque sabemos por experiencia lo que sufrimos en el pasado con estos estallidos.
No deja de ser un problema que aunque el paro anterior se sintió fuerte, sobre todo en Buenos Aires, en el Gobierno no tienen previsto convocar a la CGT. Y esta ausencia de diálogo es la que termina por impulsar más medidas. El Gobierno no puede ser un autista en este tema, aunque crea que hablar con el sindicalismo sea inútil (la dirigencia gremial dice por su parte que el macrismo es sordo). El diálogo es lo único que evita que los conflictos crezcan y escalen. Dante Sica el ministro de Producción y Trabajo, afirmaba ayer que está trabajando con los gremios, pero estos lo desmienten y dicen que el diálogo está cortado.
La inflación de este año es altísima y no se ve desde hace 27 años en la Argentina. Los sectores trabajadores, así como los sectores medios vienen perdiendo el poder adquisitivo. Ergo, estamos atravesando una crisis muy importante de la que debemos salir de una manera adulta, creativa y sin violencia. Pero en lugar de ello, la CGT saca pecho y dice que va a parar el país por 36 horas que anuncia la CGT.
Gestos de este tipo son los que le han valido a nuestro gremialismo el mote incorregibles, echando más nafta al fuego en un momento difícil y altamente sensible para todos los sectores y para las empresas, generando pérdidas millonarias a un país que está contando las monedas en medio de una crisis. Y con el único objetivo de posicionarse los dirigentes, porque como decíamos al principio, el problema está reconocido y si el Gobierno supiera cómo salir de él, ya lo hubiese hecho. Y si el sindicalismo sabe, que en lugar de parar proponga formalmente un camino, el dichoso cambio de rumbo que están exigiendo.











