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En la frontera de Salta y Bolivia, el origen de la explotación de residentes bolivianos

27 de noviembre de 2016 a las 12:00 a. m.
En la frontera de Salta y Bolivia, el origen de la explotación de residentes bolivianos
'' En el paso Salvador Mazza-Yacuiba refuerzan el auxilio a los bolivianos que son potenciales esclavos en talleres clandestinos. (TELAM.COM.AR)

Las posibilidades de ingreso a la Argentina se multiplican en un sinnúmero de pasos a lo largo de 32 kilómetros en los que el mayor problema geográfico son las quebradas, apenas hondonadas de pocos metros en un paisaje selvático, por donde pasan proyectos y aspiraciones de personas pero también los negocios de contrabandistas, tratantes y narcos.

Buenos Aires, (Telam) - Por Alba Silva. Mientras las cancillerías de Argentina y Bolivia avanzan en un protocolo de asistencia a las víctimas de trata y tráfico, en el paso Salvador Mazza-Yacuiba refuerzan el auxilio a los bolivianos que son potenciales esclavos en talleres clandestinos de la Argentina.

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Ubicado en el extremo norte salteño, ese paso internacional es utilizado por unas 200 personas por día (en temporada alta -diciembre a abril- la cifra trepa a 600), que hacen los trámites migratorios y que se suman al incesante cruce de los bagayeros -vecinos de ambas ciudades- con mercaderías de todo tipo. 

Pero en realidad las posibilidades de ingreso a la Argentina se multiplican en un sinnúmero de pasos a lo largo de una frontera seca de 32 kilómetros en los que el mayor problema geográfico son las quebradas, apenas hondonadas de pocos metros en un paisaje selvático, por donde pasan proyectos y aspiraciones de personas pero también los negocios de contrabandistas, tratantes y narcos que cada tanto saltan a los diarios. 

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La trata y tráfico de personas es un negocio internacional -considerado de lesa humanidad- que afecta a unos 137 estados en todo el mundo. 

En la Argentina existe desde 2008 una ley que pena este delito, a la que se suma un programa de rescate y atención a sus víctimas. 

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En el caso de los bolivianos, muchos de ellos y sobre todo los indocumentados corren el peligro de caer en manos de tratantes que les ofrecen trabajos con muy buenos salarios que en el destino -Buenos Aires, Rosario, Mendoza, por citar algunos- se transforman en durísimas condiciones en talleres textiles, huertas, ladrilleras y carpinterías, según está corroborado por las autoridades argentinas.

Paradójicamente, estos migrantes desconocen sus derechos y no se perciben a sí mismos como víctimas de reducción a la servidumbre porque, coincidieron varias de las fuentes consultadas, en la mayoría de los casos escapan de la falta absoluta de oportunidades y encuentran resignadamente, aún en este tipo de explotación, una manera de progreso social. 

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Una situación difícil

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En la localidad salteña de Salvador Mazza -conocida también como Pocitos- el cónsul de Bolivia, Omar Velásquez Baldiviezo, explicó durante una entrevista en su oficina sobre la ruta nacional Nº 34 que quienes ingresan al país ilegalmente lo hacen porque “muchas veces no tienen el documento de identidad de origen, y hasta nos encontramos con gente que carece de partida de nacimiento, como si no existiera”. 

Testigo directo de decenas de historias de lucha y supervivencia de compatriotas de todas las edades, el cónsul contó que la gente se larga desde sus poblados de origen sin más herramientas que sus propios cuerpos y sueños a buscar futuro en la lejana Buenos Aires o, a veces, a pocos kilómetros de la frontera. 

Como el caso de una ladrillera en Aguaray: en los primeros días de octubre último un hecho fortuito -la muerte de un compatriota- llevó al diplomático a un paraje en esa localidad, 20 kilómetros al sur de Salvador Mazza, donde unos 260 bolivianos que no tenían documentos, vivían y trabajaban en una ladrillera en condiciones de total precariedad. 

“Fuimos al lugar pero, cuando la gente nos vio llegar, tuvieron temor de que los sacáramos a la fuerza. Nada más alejado de la realidad, sólo queríamos hablar con ellos, interiorizarnos de las razones por las que habían dejado Bolivia y, sobre todo, por qué no tenían sus documentos personales en regla”. 

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El cónsul definió a la frontera seca como “imposible de controlar absolutamente”, porque “geográficamente es como una especie de U con pasos no autorizados, con caminos, quebradas y gente que tiene el patio en el otro país. Y esto da una situación que colabora para el contrabando y todo lo que usted conoce”, dijo, en referencia al narcotráfico. 

 

Sin documento

Isabel Soria, titular de la Fundación Volviendo a Casa integra desde el cambio de gobierno el Comité Ejecutivo para la Lucha contra la Trata y Explotación de Personas y Asistencia a las Víctimas, que depende de la Jefatura de Gabinete de la Nación. 

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Isabel Soria contó lo que sucede en Salta capital: llega una mujer posiblemente de ciudadanía boliviana a pedir ayuda tenemos que saber adónde llevarla, cómo contenerla, con qué números contar y qué hacer antes de judicializar porque esa etapa es la más dura, necesitamos tener contenida a la víctima o posible víctima antes de que sea interrogada y demás. 

Tiene que estar atendida por los médicos, como corresponde, sin pasar por el momento que le es negada la atención por no poseer DNI cuando lo primero que se les quita a las víctimas es el DNI o cédula de identidad en el caso de ciudadanos bolivianos. 

Al consultarle si existe conciencia social sobre el tema, la funcionaria dijo que la mayoría creen que eso solo pasa en las películas y no saben qué es la trata, por ejemplo el grupo de 260 personas en situación de trata que existen en una localidad de Salta, la sociedad dice que ellos están así por propia voluntad porque es lo que ellos se buscaron, y no conocen la realidad de esas personas. 

Hay muy poca empatía de parte de la sociedad, aun ronda el ‘algo habrán hecho’ en el inconciente colectivo de los ciudadanos ya que si una joven es captada para ser explotada sexualmente y era “fiestera” es justificado el delito. Aun nos falta mucho por hacer y concientizar, recién comenzamos. 

En la Argentina, hoy somos un caldo de cultivo para las redes de trata porque el país atraviesa una crisis económica y las falsas ofertas de trabajo van a ser más constantes y, por ende, van a caer más seguido las muchachas y muchachos en estas redes. 

El nivel de compromiso de las fuerzas federales -sea Gendarmería o Policía Federal- es muy alto, pero aún les falta mucha capacitación y sensibilización a las fuerzas provinciales.

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